jueves, 22 de enero de 2015

Enciéndeme

Enciéndeme
Era una noche fría y oscura, me hallaba tumbada completamente desnuda sobre nuestra cama, mis manos y mis pies estaban atados en cruz. Sentía una extraña sensación de soledad, de impaciencia, de abandono. Necesitaba verle, necesitaba sentirle y sobre todo necesitaba su luz.

De pronto una silueta avanzaba a través del largo pasillo con una vela en sus manos, su silueta, Él.

Con cada uno de sus pasos, en mi interior iba creciendo un calor profundo y ardiente, a tan solo unos pasos de mí pude observar cómo le caía una gota de cera caliente por su mano, ni siquiera se inmuto. Su mirada estaba fija en mi cuerpo desnudo, se deleitaba en mis grandes pechos y supe que le podían las ganas de saborearlos.

Se acercó aún más y depositó la vela en una mesita al lado de la cama, volvió a observarme y sonrío pícaramente, probablemente estaba pensando en las miles de maldades que podría hacer con mi cuerpo dispuesto.

Me extrañé cuando de nuevo volvió a abandonar la instancia y me dejó de nuevo sola, ahora no sentía frío, sentía un ardor interno que incluso me estaba secando la boca. Giré la cabeza como pude para observar la vela, la cera caía y yo tragaba con cada gota que chorreaba por ella.

El deseo más profundo se adueñó de todo mi ser, Él lo sabía y estaba jugando conmigo. Cuando volvió a aparecer llevaba unas pinzas plateadas, las agarraba por unos hilos y las hacía tintinear. Incluso su sonido me parecía erótico.

Colocó cada una de ellas en mis pechos, la presión resultaba deliciosa y gemí a la vez que impulsé mi cadera para poder rozarle. Se alejó de nuevo mientras tiraba de los hilos que colgaban de las pinzas.
Era el momento de la vela, el momento que había estado esperando, la cogió y  empezó a verter su tormentoso calor por mi cuerpo, su humo se mezclaba con la oscuridad de la noche y era perfecto, todo era perfecto.

Atada y cubierta de cera vi como liberaba su erección y empezaba a masturbarse ante la escena, estaba disfrutando de mi placer y yo sólo deseaba el suyo, quería que se liberase sobre mi cuerpo, que llenase mi cuerpo de ÉL, de su olor, de su esencia.

Me encantaba observarle porque yo era suya pero Él también era mío.

Se liberó sobre mi monte de venus, arrodillado entre mis piernas atadas, no me había tocado, pero había sentido el mayor de los disfrutes, verle correrse por y para mí.

Primero retiro las pinzas de mis pechos y luego desató mis manos, las llevé  a mi entrepierna consciente de lo que allí encontraría, pasé un dedo y luego me  lo llevé a la boca para saborearlo, era ÉL y era delicioso.

Aún seguía con las piernas atadas mientras observaba sus pasos, se dirigió a mi tocador y cogió mi pintura de labios roja, volvió sobre mí y en la cara interior de cada uno de mis muslos escribió whore y slut, luego me escupió encima y se fue.

Tras un par de segundos volvió para desatarme y deposito un beso sobre mi húmedo coño, me llevó a la ducha y una vez limpia nos abrazamos a la oscuridad de la noche deseando que el mañana no nos quitase esta conexión.


Para Él.