viernes, 19 de diciembre de 2014

TODOS TEMEMOS ENAMORARNOS

Sintiéndome igual de pequeña que cuando me fui, vuelvo al único lugar que me permite sentirme libre. Sigo siendo esa pequeña mota negra que desde algún horizonte perdido puedes observar, sigo siendo esa pequeña insegura que teme al amor, pero ante todo sigo siendo yo, esa que con estas palabras solo quiere sentirse liberada.

Hace muchos meses que mi corazón dejó de latir, justo en el momento en el que llegó el desamor y con él la desesperanza. Se supone que el corazón es un engranaje que necesita de ese bombeo continúo que para mí eras tú. La única forma de que mi engranaje funcione es pensándote y eso es lo que quiero conseguir escribiendo esto. Quiero que vuelva a latir, que pueda sentirme viva por unas pocas palabras.

Todos tenemos al amor, pero más aún al desamor, ese instante en el que pierdes todo lo que querías para convertirte en un despojo humano sin luz y sin sonrisa.

Y aquí estoy pensando en ti como nunca dejé de hacerlo, sintiéndote parte de mí, de mis días. Extrañando tu acento y tus miradas. Dando gracias por que a pesar del tiempo tu imagen no se difumina dejándome sin nada, afortunada por poder conservarte en una parte de lo que hoy soy y dichosa por haber conocido lo que es estar enamorada, te doy las gracias.

Amar es estar dispuesta a perder en algún momento, por eso me dejé llevar contigo, por eso me entregué con ganas, por que estaba dispuesta a perderlo todo, lo que era y lo que significaba en este estúpido mundo.

Eras el hielo que mi fuego consiguió derretir  pero tenías un corazón demasiado duro y nunca logré derretirlo por completo. Hoy lo sé, sé que nunca me quisiste, sé que nunca  me amaste como yo a ti, aunque sigo dándote las gracias por haberme dado la oportunidad de sentir lo que he sentido y de conocer esta sensación ahora incómoda pero en su momento maravillosa.

Esta es mi despedida, estoy cansada, cansada de esperarte, cansada de armar mis piezas solas, cansada de quererte y luchar contra el olvido.

Por todo y por eso hoy te digo;

Hasta siempre.


viernes, 20 de junio de 2014

Un regreso inesperado

Buenas tardes a todos; hace mucho que deje este blog, pero he seguido con mis letras, en la soledad de mi habitación y en la distancia os he seguido sintiendo.
Ahora es momento de volver, volver a lo que nunca debí dejar porque me hace sentir viva. Me gusta escribir tanto como tomar café y os aseguro que es mucho.

Bueno dejo de daros la vara con mi discurso de vuelta y os invito a leer este mini-relato, va por ustedes.

Estaba apoyada contra la ventana esperando que él volviese de trabajar. Miraba al horizonte esperanzada con ver su silueta entre la multitud.
El sonido de una llave me trajo de vuelta a la realidad, aquí estaba mi Dueño, mi hombre, ya podía dejar de sentirme sola.

-Buenas tardes gatita.

Era imposible hablar teniéndole delante así que solo emití un dulce ronroneo, él avanzo con paso seguro hasta llegar a mí, agarró mi barbilla y llevó mi boca a la suya.

-Bésame.- dijo mientras mordía uno de mis labios-

Así lo hice le besé, un beso apasionado, un beso de los que te quitan la sed. Al darme cuenta ya estábamos en nuestra habitación y tenía las manos y las piernas atadas.

-Eres mía.

Suya, pensé, de este hombre que  me vuelve loca, de este hombre que adoro y al que solo deseo complacer, suya siempre.
Jugó a darme placer durante horas, un placer que fue mutuo e invadió el espacio de deseo, tocó mi cuerpo, un cuerpo que conoce a la perfección. El cuerpo que le pertenece.
Me azoto los pechos, me puso una pinza en cada pezón con una pequeña cadena, y mientras me comía el coño tiraba de esa cadena, esa increíble sensación, esa mezcla de dolor me hizo olvidarlo todo.

-Córrete gatita, córrete para mí.
  

Así lo hice por y para él, porque todos mis orgasmos le pertenecen a él, a mi dueño.


viernes, 31 de enero de 2014