miércoles, 30 de octubre de 2013

ESCLAVA DE TUS DESEOS. Capítulo 2

                                                                   II

Han pasado tres días desde la audición y aún no he recibido noticias, papá esta trabajando en el garaje, tiene montado un pequeño taller, es mecánico y se le dan muy bien los coches antiguos y caros.

Son las siete de la tarde y esta a punto de acabar otro día más, que decepción, ¿Por qué no he recibido noticias? ¿Quizás no soy demasiado buena para este centro? Tal vez sea eso, definitivamente es eso.
Llevo educando mi voz desde los 7 años, mi mamá me llevo a mi primera clase de canto y recuerdo que fue un día muy especial, ahora tengo veinte años y mi único sueño es cantar, quiero llegar al alma de las personas a través de mi voz.

De pronto suena el timbre de la casa y voy corriendo hacia la puerta, ¡Oh! pero si es.... él.

Alexander Linuel en la puerta de mi casa, tiene que ser un sueño, debo haberme quedado dormida recordando mi primera clase de canto, me pellizco disimuladamente en la pierna y no, no es un sueño, él esta aquí y me mira divertido.

-Hola.-logro decir al fin-
-Hola Vanessa.
-¿Qué hace usted aquí?
-He venido para darle la noticia en persona, ha sido usted admitida en el Artist Centre.
-¿E....Enserio? -digo con la boca abierta por la sorpresa
-Si señorita muy enserio.

Vaya sonrisa, parece sacado de un anuncio de blanqueador dental, mmm como me gustaría poder saborearlo.

-Pues.....gracias.
-No hay de qué -me dice guiñándome uno de esos preciosos ojos verdes-Estamos encantados de poder contar con una voz tan deliciosa como la suya.

De nuevo le doy las gracias no sabiendo que más decir y tras un silencio de quizás uno o dos minutos vuelvo a reaccionar.

-¿Quiere usted tomar algo Señor Alexander?
-Si me gustaría tomar algo pero tengo un acto del centro y me gustaría que vinieses conmigo, es una manera diferente de celebrar tu admisión ¿no crees?
-Pero ¿Ahora señor Alexander?
-Sí,ahora.

Me mira de nuevo divertido por mi expresión asustada.
-¿Vamos Vanessa?
-Bueno si insistes digo coqueteando .Pero de repente pienso en como voy vestida ¡Oh no! pero si estoy en pijama me muero de la vergüenza no me había dado ni cuenta.

Él me esta mirando se ha dado cuenta de que me avergüenzo por lo que llevo puesto
–No te preocupes por la ropa Vanessa te cambiarás en mi limusina, nos esta esperando.
¿Qué? ¿Limusina? ¡Oh!
-Preferiría llevar algo de mío Alexander.

Es la primera vez que le llamo por su nombre y le ha sorprendido, pero no me ha corregido lo que significa que tal vez le haya gustado.
-No insistas te vestirás en la limusina no creo que tengas ropa adecuada para el lugar al que vamos.

La verdad es que quiero ir, es un a buena ocasión para conocer gente de este mundillo pero es cierto, yo no tengo ropa de “etiqueta” así que tendré que aceptar.

-Bueno acepto pero solo por esta vez y luego te lo devolveré, tengo que avisar a mi padre.
-No te preocupes ya le he avisado yo al entrar, le he visto en el garaje y hemos hablado.

¿Qué? ¿Con mi padre? Pero... ¿que le pasa? ¿Se ha vuelto loco?

Le miro y le miro sin saber que decir.

-Vamos. -tira de mi brazo y me saca casi a la fuerza-
-Venga Vanessa, entra en la limusina.
-Una pregunta Alex ¿Dónde me cambiaré? -me mira alzando una ceja y me sonríe-
-Puedes hacerlo en la limusina Vanessa, es lo bastante amplia.
-¿Qué? No, no y no en la limusina pero te has vuelto loco me verán.
-No pueden verte los cristales son oscuros, aunque si quieres que te vean yo puedo quedarme aquí y observarte- me dice seductoramente-.

Tierra trágame ¿Qué quiere verme? Esto es lo mas surrealista que me ha pasado nunca, definitivamente este chico necesita ayuda.

-Disculpa pero necesito intimidad.
-Como quieras Vanessa.

Entonces coloca cada una de sus manos sobre cada uno de mis hombros y yo me quedo quieta , muy quieta saboreando ese ínfimo contacto de las yemas de sus dedos sobre mis hombros, luego me desliza lentamente los tirantes de mi camiseta hacia abajo, se para y hace una señal al conductor, sube un cristal y de pronto empieza a sonar una melodía que me resulta conocida, pero... si es mi voz, mi audición y su melodía, el tocando el piano, me mira con curiosidad supongo que a la espera de una reacción, se inclina y cerca de mi boca me susurra :

-Vanessa, suenas muy bien- rozándome los labios dice- y también sabes muy bien- se hecha hacia atrás y me señala una caja que hay sobre el asiento de la limusina, se acerca de nuevo y sin rozarme los labios me dice:  tu voz no es lo único delicioso que hay en ti, y me deja ahí y él se baja rápidamente subiendo con el conductor en la parte delantera-

Pero… ¿Por qué se ha ido? Idiota porque tú se lo has pedido.
Me tiemblan las piernas y mi pulso va a mil, cojo la caja con mis manos temblorosas, la abro y hay un vestido verde precioso como sus ojos, y tiene unos destellos preciosos como su mirada, me lo pongo lo más rápido que puedo y toco dos veces en el cristal con los nudillos, y ahí está el de nuevo con su maravilloso esmoquin negro seguramente de una marca carísima.

-Estas preciosa Vanessa.
-Me gusta el color -digo con una sonrisa tierna-.
-Y a mí. -sonríe seductoramente-

Probablemente esta es su forma de seducir, una seducción dulce y erótica, ahora mismo ardo por él, pero seguramente para él no es más que un juego, un juego al que habrá jugado muchas más veces, quizás demasiadas veces, pero ahora eso no me importa me siento tan afortunada.

La limusina recorre las preciosas calles de esta hermosa ciudad, Roma, papá y yo nos mudamos aquí desde España para escapar del doloroso año que vivimos, decidimos comenzar una nueva vida en este hermoso lugar y también tuvimos en cuenta que aquí es donde se encuentra una de las mejores academias de arte del mundo, mi primera audición la pasé en España y luego vino el traslado.

Miro por la ventana y veo las calles con hermosas luces y grandes flores en los hermosos jardines que rodean las casas de los alrededores, es precioso y a esta hora de la tarde cuando la noche empieza a caer aún más.

Siento que me esta mirando pero no me doy la vuelta, la limusina aparca en la acera de un sofisticado restaurante, solo por fuera impresiona, es precioso, un gran panel dice L`Amoriu en color rojo sobre un fondo blanco brillante.

Es maravilloso, y no puedo creerme que después de tanta soledad, ahora este en este lugar tan hermoso, con un hombre como Alexander y a punto de cumplir un sueño por el que llevo luchando toda una vida.

Me toco la mejilla sabiendo que ella está de nuevo ahí, me paso la palma de la mano para hacerla desaparecer, y cierro los ojos disfrutando de este exquisito momento.







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