viernes, 16 de agosto de 2013

MÍA CADA NOCHE



MÍA CADA NOCHE

Varios meses llevo preparándome para esta ocasión, un viaje, una nueva oportunidad, un nuevo descubrir y para mi incluso un nuevo despertar.

Asustada y ansiosa pongo un pie en una tierra completamente desconocida.
Llevo mucho tiempo ansiando este momento, no se que pasará ni con quién me puedo encontrar, lo único que tengo claro es que lo hago por ella, por mi mejor amiga y su última voluntad.

Bajo las escaleras del avión y mis piernas tiemblan, recojo mi equipaje apresuradamente y cojo el taxi que me llevará al Prince Hotel.

Es un hotel que aparenta normalidad pero que una vez al año organiza una fiesta, es bastante selectivo con respecto a los invitados, yo nunca había contemplado venir, de hecho poco sabía de este asunto hasta que mi amiga Lucía me hablo de él.

Miro a través del cristal del taxi como voy dejando edificio tras edificio tras de mí y cierro los ojos por un segundo intentado embriagarme de calma y quietud algo casi imposible debido a la situación que va a acontecerse.

Hace un año y medio,  mi mejor amiga me habló de la fiesta del Prince Hotel, una fiesta de ensueño para cualquier mujer, ella debía ir a la fiesta de este año y reencontrarse con alguien, antes de morir me dio un teléfono y me dijo:

-Llama y hazte pasar por mí, ve a la fiesta y despídeme de él, es mi última voluntad.

No pude negarme y aquí estoy haciéndome pasar por alguien que no soy, Lucía, y buscando a un completo desconocido llamado Cristian en un ambiente completamente  inquietante.

-Ya casi llegamos señorita- apunta el taxista-
-Gracias.
-La que tú tienes niña.

Su tono y voz melódica junto con su última afirmación me hacen sonreír y por un momento olvido los días venideros, pero solo por un  momento.

Un  par de segundos después pongo un pie en el exterior del taxi y alguien se acerca tendiéndome su mano y me ayuda a salir al exterior, cuando nuestras miradas se encuentran me quedo estupefacta mirándole.

-¿Me devuelve mi mano señorita?

La suelto al instante, su mano, ¡que mano!...!que hombre!, le sonrío pícaramente y el me mira de igual modo, la situación es bastante ridícula, continuo sonriendo.

El taxista baja mi equipaje y lo deja en la puerta del hotel para que el botones se haga cargo, yo sigo contemplando con hambre al desconocido y él me observa de igual modo como si tuviese delante un  gran festín.

-Ya esta todo niña- dice el taxista-

Me apresuro a sacar la cartera para pagarle el trayecto pero me hace un gesto con la mano en señal de negativa.

-Yo pagaré el trayecto de la señorita, lléveme al centro –dice el desconocido subiendo al taxi y cerrando la puerta de un portazo-

No se que mosca le habrá picado para que se ponga así, el taxi se aleja y me doy cuenta que llevo rato mirando a la nada cuando me doy la vuelta para coger mi equipaje y ¡mierda! me han robado una de las maletas, empezamos bien Lucía, bastante bien, miro al cielo y cierro los ojos intentando de nuevo serenarme y llenarme de paz, calma y quietud.

Entro en el hotel con mi única maleta, en la recepción me dicen que mi habitación es la 314, me dirijo hacia ella casi perdida y pensando en que aún estoy a tiempo de huir, de salir corriendo, pero no puedo, se lo debo a ella, a la verdadera Lucía.

Entro en la habitación, espaciosa, luminosa, decorada en una tonalidad dorada que parece sacada de un cuento de hadas, sobre la cama hay una caja negra con un lazo dorado voy hacia ella, me siento y la abro.

En el interior una tarjeta que dice:

“Nos complace comunicarle que la recepción comienza a las 21.30 en el salón principal, rogamos máxima discreción por eso le aconsejamos que utilicé lo que aquí dentro va a encontrar”

-J-

-¿Quién será J?- pregunto en voz alta mientras miro a todas partes-

Con sumo cuidado aparto el papel de seda que cubre lo que esconde la caja y ante mis ojos aparece una máscara, preciosa, increíblemente sensual, la acaricio y la dejo en su lugar por que temo estropearla.

Me quedan un par de horas por delante, me doy una ducha y me recuesto desnuda en la cama, unos pocos rayos de luz entran a través de las grandes cortinas blancas, bañando mí cuerpo, haciendo que parezca bronceado, me miro y me acaricio en dónde recae esa luminosidad.

Me acaricio una y otra vez hasta que mis párpados cada vez más pesados se cierran por completo.

Sobresaltada me despierto un rato después mi cuerpo desnudo está empapado en sudor e intento recordar aquello con lo que soñaba, me siento al borde de la cama me llevo las manos a la cabeza y cierro los ojos pero solo veo una imagen, una cara, la suya, la del desconocido sonriéndome.

Me levanto bastante torpemente, mi cuerpo y mi mente aún no han despertado del todo, voy de nuevo al baño para darme una ducha y comenzar a prepararme.

Mientras me lavo paso mi mano por el interior de mi vagina y estoy tan húmeda que me avergüenzo, me lavo una y otra vez pero la humedad es persistente, desisto, salgo y me seco con una toalla.

En el dormitorio me hecho crema sobre mis piernas, me pongo mis medias a medio muslo y el vestido que traje para la ocasión, voy al baño me seco un poco mi larga melena, no me hace falta mucho más, algo de maquillaje y listo.

Frente al espejo del baño mientras me maquillo veo su imagen mirándome a través del cristal, me estoy volviendo loca, esto no es nada normal, me sonríe y yo aprieto mis piernas.

Abro el pintalabios y lo paso por mi boca, cierro los ojos pensando que es su miembro el que me acaricia la boca de esa manera, inmediatamente abro los ojos ante ese pensamiento y en el espejo no hay nada, nadie, solo yo, mi reflejo y mi confusión.

Regreso al dormitorio cojo el antifaz del interior de la caja y me lo pongo, me miro de nuevo en el espejo del dormitorio y definitivamente no mi siento yo.

Decido bajar por las escaleras del servicio para no llamar demasiado la atención y me sorprendo al salir al pasillo y ver a parejas y personas solitarias pero enmascaradas y todos se dirigen hacia las mismas escaleras, mi pensamiento no ha sido único.

Saludo a una pareja que hay a mi lado, me invitan a pasar primero y lo hago, escalón tras escalón cada vez me siento más insegura y empiezo a preguntarme como voy a encontrar a Cristian entre tanta máscara.

Al llegar al final una puerta conecta directamente con el salón, entramos y un  chico bastante agradable a la vista nos entrega una pulsera plateada con letras en rojo que pone nuestro nombre, la coloco en mi muñeca y la acaricio recordando a mi mejor amiga, Lucía.

-Va por ti cariño –pronuncio en voz alta inconscientemente-
-¿Por quién dices que va? –pregunta un enmascarado a mi lado-
-Nada, no he dicho nada.
-Ya lo creo que sí, pero entiendo que no quieras contármelo – con su mano coloca un mechón de mi pelo tras mi oreja y mi vista se queda fija en su mirada, esa mirada me resulta familiar y esos labios…es él-

-Me parece que te debo un viaje ¿no?
-Ya lo creo dulzura- me sonríe- me lo cobraré en la pista.

Sonrío y cojo la mano que me tiende, la música comienza a sonar y nos perdemos entre la gente mientras bailamos y nuestros cuerpos se rozan una y otra vez, continuamente, se acoplan al son del ritmo y estoy encantada.

Ahora tiene sus manos rodeando mi cuello pero se suelta y entrelaza sus dedos con los míos y me quedo atenta al nombre que refleja su pulsera, no puede ser, no es posible, no puede ser él, Cristian.

Me separo de él y acaricio mi pulsera recordándola, él me mira medio perdido no sabiendo que hacer ni que decir y yo suspiro desesperada, quiero salir, quiero correr y huir pero se lo prometí me recuerdo acariciando de nuevo la pulsera.

-Eres Cristian.
-Si
-Su Cristian
-Perdona pero no te entiendo.
-Lucía
-¿Qué pasa con Lucía?
-Es bueno…era mi mejor amiga y tú…eres su Cristian.
-No soy de nadie, Lucía es mi amiga también, he cambiado de teléfono y perdido su número, esperaba verla aquí ¿ha venido contigo?
-No
-¿Porqué no ha venido? ¿Porqué tienes su pulsera?- dice mientras la observa una y otra vez-
-Ella….ella ha fallecido y me ha pedido que viniese a despedirme de ti.
-¿Cuándo?
-Hace un par de meses.
-Lo siento mucho, de verdad, lo siento, era una buena amiga, una de las mejores.
-No era solo tu amiga.
-Si lo era, nunca paso nada entre nosotros, ella pertenecía a J.
-¿Perdón?
-Si a J, el que organiza esto ¿no le conoces?
-No me digas que J es Julio.
-Si ese mismo es, vayamos a un lado necesito que me expliques de que va todo esto estoy un poco en shock como comprenderás.
-Comprendo, vamos.

Nos apartamos de la multitud quedando a un lado de ella.
-No entiendo porque Lucía me ha pedido que viniese aquí, porque me ha dicho que te buscase, Julio te lo podría haber dicho.
-Conociendo a Lucía y lo que le gusta hacer de celestina me temo que esto ha sido una encerrona.
-Comienzo a creerlo.
-Estoy seguro de que lo es, al igual que estoy seguro de que no sabes donde te has metido.
-¿A qué te refieres?
-Esto no es simplemente una fiesta de máscaras en la cual la gente interacciona y acaba acostándose.
-No comprendo.
-Estas en una fiesta de BDSM.
-¿Qué?
-Sí, eso, yo soy dominante y Lucía era la sumisa de J.
-No es posible.
-Si lo es.
-Yo veo a gente normal, bailando y coqueteando.
-De momento es así, espera un poco y verás lo que pasa, ¿ves esas tres puertas al fondo del salón?
-Si
-Son mazmorras, dentro de nada comenzarán a adentrarse las parejas con quién ellos crean oportuno, tú estas en el mercado, pueden seleccionarte, a no ser que…
-Me voy
-No te vayas, ¿has visto alguna vez algo de esto?
-No
-¿No tienes curiosidad?
-Si…mucha.
-Pues quédate, diremos que eres mía, solo por esta noche y así no te pasará nada, si te eligen a ti, me eligen a mí para ir contigo ¿estás de acuerdo?
-Bueno… es eso o irme…
-Irte no es una opción.
-Si Amo.
-Aprendes rápido dulzura- me guiña un ojo a través de su máscara-

Volvemos a la pista, me coge de la cintura de manera posesiva pegándome contra su cuerpo y comienza a moverse frotándose contra mí, me derrito, me abrasa el calor de su cercanía y noto unas gotas de sudor bajando por mi cuello, en ese instante el hace círculos con su pulgar justo en ese lugar y ardo en deseo, antes me parecía atractivo ahora es simplemente el hombre con el que siempre soñé y Lucía lo sabia.

Una pareja se acerca a nosotros y nos invita a ir a una de las habitaciones del fondo junto a ellos, yo no le quito la vista de encima a Cristian y dejo que el decida por los dos.

La pareja camina y abre la puerta, nosotros les seguimos y entramos tras ellos en el interior.

Cristian no mentía al decir que estas habitaciones estaban ambientadas como mazmorras, lo están y hay una gran variedad de artilugios que me incomodan al mismo nivel que me excitan,

-Ellos nos han invitado pero si quieres solo miraremos.
-Lo que quiero es verte en acción- al momento me arrepiento de esa frase ¿desde cuando soy tan directa?
-¿Contigo?
-No, quiero ver lo que haces con  ella para saber lo que me espera a mí después.,

Cristian se acerca al amante de la chica y le dice algo al oído, el hombre asiente con la cabeza.

Ambos se dirigen hacia ella uno se coloca frente a la muchacha y el otro por detrás.
Cristian que es el que esta por delante le baja el vestido mientras el otro desconocido le mantiene los brazos abiertos en cruz.
Ella esta completamente quieta y no dice palabra alguna, no emite sonido alguno, solo esta a merced de ambos hombres.

El vestido cae sobre sus pies, y yo observo todos y cada uno de los movimientos de ambos, cada vez estoy más y más excitada, Cristian le muerde los pezones y no lo hace con sutileza, ella sigue con los brazos en cruz y el desconocido le propina azotes alternos entre ambas nalgas, Cristian sigue bajando su boca hasta quedar de rodillas frente a ella.

La chica no baja la mirada, su vista está en un punto fijo, en mí, mientras esos hombres hacen con ella todo lo que desean, mi acompañante comienza a chupar mientras el otro la amordaza.

Tener los brazos en esa postura, mirar a un punto fijo y que ambos hagan todas esas cosas con ella es excitante pero… ¿no se cansa? Parece ser que no… por que así siguen durante un buen rato hasta que ella se corre en la boca de  Cristian y el otro comienza a follársela por detrás mientras le tira del pelo, sus gemidos quedan ahogados por la mordaza, es muy excitante.

Las dos veces que ella se ha dejado llevar lo ha hecho con su vista clavada en mí y comprendo que uno de ellos ha debido ordenárselo de esa manera, increíblemente excitada me doy cuenta que tengo una mano bajo el vestido y me estaba acariciando inconscientemente sobre mi ropa interior, retiro la mano y permanezco inmóvil observando como el extraño se deja vaciar en el interior de la muchacha.


 Cristian viene hacia mí, sigo sentada y aún no me he recuperado de la visión anterior, se agarra a ambos lados del asiento y acerca su boca a la mía, me besa y yo me dejo llevar por sus labios sin importarme donde se encontraba su boca con anterior, quiero que se impregne de mi sabor y limpiar así los restos de la esencia de la otra.

Se separa y me da una mano para que me levante, mira a la otra pareja que se viste rápidamente y dejan la estancia libre para nuestro servicio.

-Has visto una mínima parte de lo que se hace aquí ¿Quieres más?
-Sí, lo quiero todo.
-Bien, lo tendrás dulzura.

Me coge bajo los brazos y enrosco las piernas a su cintura, me lleva hasta un sofá negro de cuero, bastante bajo, me suelta y me pide que me arrodillé y ponga los brazos extendidos sobre el sofá.
Tras hacer exactamente lo que me pide, levanta mi vestido y deja mis nalgas al descubierto, las acaricia y luego propina pequeños azotes, no me causan dolor, me provocan placer, me excitan, con cada azote me siento más y más excitada y su ritmo va en aumento, suspiro y pierdo la cuenta de cuantos lleva.

Siento su mano bajando la cremallera trasera de mi vestido, este se abre en dos y cae sobre el sofá, acaricia mi espalda descubierta y me araña, de arriba hacia abajo una y otra vez.

Con su dedo índice acaricia el interior de mi trasero y comienza a meter un dedo en mi interior, escucho la puerta e intento girarme pero no me deja con su otra mano me sostiene del cuello obligándome a dejar mi mejilla pegada contra el sofá, me resulta imposible saber quién ha entrado, quiero pedirle que pare a la vez que deseo que siga.

Decido cerrar los ojos y disfrutar de este momento pues no sé si algún día se volverá a repetir.

Ahora su mano no me aprieta el cuello, me lo acaricia mientras sigue penetrándome con sus dedos por detrás, comienza a descender su mano por mi espalda hasta que llega a mi trasero y vuelve a azotarme, una, dos, tres veces y cambia las manos, ahora me penetra por delante con una y con la otra por detrás.

Lo hace duramente, me folla con sus dedos de forma poco sutil, hasta que me corro en su mano y gimo tan alto que el eco de la estancia continua emitiendo mi sonido tras de mí.

Se apoya contra mi espalda, me siento oprimida por su cuerpo, me retira el pelo a un lado y me susurra al oído, serás únicamente mía, esta noche y el resto de ellas.

No puedo hablar y suspiro, me olvido de que nos acompañan, él se sienta a mi lado con los pantalones por las rodillas y su ¡Oh Dios! enorme y duro miembro preparado para mí.

-Arrodíllate y chupa.

Obedezco me arrodillo entre sus piernas y me meto su miembro en la boca comienzo a chupar, como nunca antes lo he hecho, chupo en su longitud, su anchura invade mi boca por completo, llegando casi a mi garganta con sus embestidas, me llena y comienzo a sentir su sabor en mí, cada vez más húmeda resbala sobre mi lengua una y otra vez.

Me empuja, me aparta y se levanta, permanezco arrodillada en el mismo lugar, le siento de nuevo tras de mí, coge mis manos y noto una cuerda sobre mi piel, ata mis manos a mi espalda y me ayuda a levantarme tirando de la cuerda que las une, me empuja contra el sofá, haciendo que me ponga a cuatro patas sobre él.

Vuelve a azotarme y esta vez es doloroso, de pronto siento como me penetra y la sensación es exquisita, deliciosa, maniatada y arrodillada en el sofá de cuero, observada y deseada por el hombre que siempre soñé, de nuevo siento que estoy a punto de correrme.

-¿Quieres correrte dulzura?
-Si, si quiero.
-Pídemelo, dime Amo quiero correrme, le suplico que me deje hacerlo.

No me siento en absoluto preparada para decir eso, pero él disminuye su ritmo torturándome mientras me acaricia el pelo y se acerca a mi oído proporcionándome un mordizco doloroso en el lóbulo de mi oreja derecha, sin pensarlo las palabras salen de mi boca.

-Por favor Amo quiero correrme, se lo suplico déjeme hacerlo.
-Hazlo

Y entonces me corro, con su miembro llenándome al mismo tiempo, siento como se vacía dentro de mí al mismo tiempo que nuestros acompañantes nos abandonan, dejándonos disfrutar solos de este momento.


Cae sobre mi espalda bañada por el sudor y de nuevo me susurra al oído.

-No pienses que esto termina aquí, no ha hecho más que empezar.

Me besa en la sien y cierro los ojos pensando en las noches venideras junto a Cristian, abro los ojos y miro hacia arriba.

-Gracias Lucía.


Para tí y para él, por vuestra conexión, por vuesto momento, espero que os guste y lo disfruteis, va por vosotros Cristian y Lucía, nunca dejéis de soñar.

1 comentario:

  1. Hola! perdona la interrupcion... Pero te hemos nominado desde el blog Entrelineas2013, para los premiso Liebster Award.. pásate por nuestro blog!
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