domingo, 4 de agosto de 2013

CAUTÍVAME

                                                             CAUTÍVAME

Caigo por un precipicio oscuro e inquietante, tengo miedo, tiemblo y estoy verdaderamente asustada, no se si estoy en un sueño o si es una realidad alternativa solo sé que este no es el lugar al que pertenezco.

¿Dónde estoy? ¿Dónde me lleva este abismo? Me pregunto mientras continúo cayendo.

Atemorizada por caer entre las sombras grito pero sé que nadie me escucha y sigo descendiendo hasta que una luz radiante me ilumina haciéndome parpadear varias veces, con esa luz alumbrándome me desvanezco.

Poco a poco abro los ojos ajena a mi nueva existencia y veo una silueta, la sombra de alguien que tira de mí, alguien que me coge en brazos y camina despacio a través de un... ¿bósque?

-Do... ¿Dónde estoy?- vuelvo a desmayarme sobre sus brazos-

Minutos o quizás horas después vuelvo a despertarme, tumbada sobre una cama, el espacio huele a lluvia, a selva tropical y a....hombre.

Intento levantarme pero no puedo mis manos están atadas, mis piernas también lo están, tiemblo y lloro, finalmente grito ante la desesperación de sentirme cautiva e indefensa.

Frente a mí se encuentra esa maldita silueta de nuevo, ese alguien que no hace más que perturbarme con su vigilia.

-¡Desátame! ¡Desátame! –Grito-
-Shhh –susurra en un susurro estremecedor que me eriza el vello de cada centímetro de mi piel-
-¡No pienso callarme desátame maldito bastardo!
-Si no te callas ahora mismo te amordazaré tú eliges.

Su voz, esa voz no me resulta en absoluto familiar pero me embelesa y me calma, me cautiva y me seduce y no puedo pensar en otra cosa que hacer aquello que me pide por lo que vuelvo sobre mi silencio.

-Así me gusta, buena chica, cállate y no te encontrarán, serás mi prisionera pero cuando llegue tu momento te dejaré marchar.

El sentimiento de impotencia se apodera de mí y me abruma haciendo que me entristezca y llore de nuevo.

Él se acerca, sus pasos lentos y pausados se dirigen hacia mí, no habla y la sombra, su sombra se torna cada vez más clara, es un hombre alto, muy alto, fuerte y moreno, su bronceado es precioso y va sin camiseta mostrando su musculado torso sudoroso.

Su flequillo cae sobre su frente despreocupadamente, sus ojos negros e inquietantes me observan y no puedo mirarle, lloro y escondo la cabeza sobre la cama en la que me encuentro maniatada intentado evitar la mirada de mi carcelero.

Se sienta a mi lado y acaricia mis ataduras con sus dedos, las cuerdas se clavan en mi piel, dañándome.

-¿Duele?
-Si, duele.
-¿Y acaso el dolor no puede llegar a ser la fuente del placer?
-No me gusta el dolor.
-Pero si te gusta el placer.
-Quiero irme.
-Cuando sea tu hora, te irás.
-¿Quién eres? ¿Qué hago en este lugar?
-Estabas perdida y en la profundidad de tu sueño me has encontrado o yo te he encontrado.
-No entiendo nada.
-No hace falta que lo entiendas, solo confía en mí.
-No puedo, me tienes cautiva, atada e indefensa.
-Sé que te gusta sentirte así.
-Te equivocas, no me gusta.
-Tú eliges como deseas que sea, se que te gusta.
-¿A qué te refieres?
-Pronto.
-¿Pronto?
-Si, pronto lo descubrirás.

Vuelve a acariciar las cuerdas que atan mis manos y pienso que va a soltarlas pero no lo hace, las aprieta aún más causándome un dolor aún más insoportable, no lo reconoceré pero esta sensación... me gusta...es placentera y él lo sabe, pero....¿porqué lo sabe?

-Tú tienes el poder, tú eliges como quieres que se desarrollen los acontecimientos.
-¿Quién eres?
-Solo quién deseas que sea.
¿Qué hago aquí?
-Todo lo que quieras hacer.
-¿Dónde estoy?
-Sólo donde quieres estar.

Ya no lloro, ya no tiemblo, sentirle cerca me calma, ya no me siento cautiva ahora me siento cautivada por él, su cercanía es inquietante, perturbadora pero a la vez me proporciona seguridad, me hace sentir bien.

-Recuerda solo soy quien tú quieres que sea.
-Quiero irme.
-Realmente no es eso lo que deseas.
-¿Y qué deseo?
-Solo tú lo sabes.

Se acerca a mi boca, a mis labios y sin llegar a besarme  susurra contra ellos:
-Sólo tú lo sabes.

Me incorporo un poco y nuestros labios se encuentran, su delicado tacto, su olor embriagador, todo de él me seduce y nos besamos, tomando el uno del otro y disfrutando con ese contacto.

-No quiero besarte, no te conozco, apártate maldito- le empujo pero solo se separa unos centímetros-
-Recuerda solo haremos aquello que verdaderamente desees hacer, tú tienes el poder.
-¡Pues estoy prisionera, no veo el poder por ninguna parte!
-Shhh, no grites, aún no puedes irte, si gritas te encontrarán en las sombras, aún no deseas salir.

Vuelve a besarme pero esta vez la iniciativa es suya, solo suya, acaricia mis ataduras de nuevo y no quiero que pare quiero que me bese, quiero que me toque, quiero que me....folle como nunca nadie lo ha hecho.

-No puedo para, estoy casada-intento empujarle de nuevo, zafarme de de él pero pesa demasiado-
-¿Acaso ves a tu marido por algún lado?
-No.
-¿Y entonces?
-Le amo, no puedo.
-Él no te da lo que tú necesitas, no se enterará... embriágate de mí, solo esta noche.

Desliza sus dedos por mis brazos desnudos, llevo un vestido blanco que se pega contra mi piel, amoldándose a mí, a mi cuerpo y a mis curvas.
Me toca el pecho sobre el vestido, pasa su índice sobre mis pezones y estos se endurecen al instante.
Los pellizca a través del vestido, se marcan, tersos, duros, cierro los ojos ante la perspectiva y siento de nuevo su boca sobre la mía.

-¿Quién eres? ¿Qué haces conmigo?
-Soy quien tú quieres que sea y hago solo aquello  que quieres que haga.

Sus manos bajan las tiras de mi vestido dejando mis hombros al descubierto, me besa en los hombros y continua bajando el vestido hasta dejar mis pechos al descubierto, los mira y pone ambas manos sobre ellos apretándolos.

Continua deslizando el vestido a través de mi cuerpo hasta que lo saca por mis pies, denuda y atada, indefensa y excitada, así me siento ante este extraño y nunca nadie me ha provocado tanta inquietud, deseo ser suya aunque solo sea una única vez.

Se coloca a horcajadas sobre mi, su pantalón, su erección me rozan el clítoris, se desabrocha el botón mientras se frota contra mi cuerpo desnudo.
Se agacha y su descubierto pecho se acomoda junto con el mío, me vuelve a besar y quiero tocar su flequillo apartarlo para encontrarme con su mirada pero estoy completamente inmóvil a causa de las ataduras.

Se separa de mí y mete uno de sus dedos en mi boca.
-Chúpalo.

Comienzo a chuparlo, a lamerlo, como si de su propio miembro se tratase, como si se me fuese la vida en ello, procuro hacer la mejor felación de mi vida.

Noto como cada vez su pene se abulta más y más, intentando salir a través de su pantalón para penetrarme, permanezco quieta chupando hasta que se levanta y se desprende de sus pantalones.

Me sorprendo al ver el aparatoso miembro tal cual lo soñé, tal cuál lo anhelé siempre, todo para mí, solo para mí.

Vuelve a situarse en la postura anterior, sobre mi cuerpo, su pene se acomoda sobre mi fuente del placer haciendo que me estremezca y suspire.

-Recuerda, solo tú lo sabes.

Y con esas palabras me penetra, clavando su pene en mi más profundo interior, tiemblo de júbilo, de placer del más inquietante deseo.
Me dejo llevar por sus embestidas y cierro los ojos extasiada, inerte y completamente extasiada.
Comienza a desatarme las piernas mientras sigue penetrándome, sale de mi interior y me invita a darme la vuelta.
Lo hago, me la doy y mi cuerpo queda bocabajo, mis manos siguen atadas.
Mete sus manos por debajo de mi cuerpo, en mi estómago para invitarme a ponerme a cuatro patas, lo hago.

Se coloca tras de mí y comienza a azotarme, azotes precisos, azotes que me martirizan que me vuelven loca y hacen que pierda la razón, vuelve a penetrarme mientras introduce un dedo entre mis nalgas, luego otro.
Penetrada por ambos lados, atada y azotada, nunca había sentido tanto placer y recuerdo sus palabras una y otra vez “Es que acaso el dolor no puede llegar a ser la fuente de placer”...

Con esas palabras me abandono al éxtasis más extremo y siento su semen llenándome cuando de nuevo miro al frente y siento que todo se nubla y me derrumbo.

-Vuelve, regresa, te necesitamos.

Esa voz me resulta familiar, muy familiar, me llama, invitándome a regresar y quiero avanzar y regresar junto a ella, me necesita, me desespero y abro los ojos.

Estoy en otro lugar, totalmente diferente, se que él me observa ahora desde la distancia, frente a mi hay una cuerda que lleva hacia alguna parte, miro hacia atrás y su sombra se diluye poco a poco, es el momento de decidir, ¿voy con ese hombre inquietante con el que siempre soñé o veo donde me lleva esa cuerda? agarro la cuerda con mis manos y miro de nuevo hacia él, comienzo a llorar sin sentido avanzando a través de la cuerda mientras escucho una voz que me llama.

-¡Mamá regresa! ¡Mamá te necesito! tienes que despertar….te quiero mamá.








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