viernes, 16 de agosto de 2013

MÍA CADA NOCHE



MÍA CADA NOCHE

Varios meses llevo preparándome para esta ocasión, un viaje, una nueva oportunidad, un nuevo descubrir y para mi incluso un nuevo despertar.

Asustada y ansiosa pongo un pie en una tierra completamente desconocida.
Llevo mucho tiempo ansiando este momento, no se que pasará ni con quién me puedo encontrar, lo único que tengo claro es que lo hago por ella, por mi mejor amiga y su última voluntad.

Bajo las escaleras del avión y mis piernas tiemblan, recojo mi equipaje apresuradamente y cojo el taxi que me llevará al Prince Hotel.

Es un hotel que aparenta normalidad pero que una vez al año organiza una fiesta, es bastante selectivo con respecto a los invitados, yo nunca había contemplado venir, de hecho poco sabía de este asunto hasta que mi amiga Lucía me hablo de él.

Miro a través del cristal del taxi como voy dejando edificio tras edificio tras de mí y cierro los ojos por un segundo intentado embriagarme de calma y quietud algo casi imposible debido a la situación que va a acontecerse.

Hace un año y medio,  mi mejor amiga me habló de la fiesta del Prince Hotel, una fiesta de ensueño para cualquier mujer, ella debía ir a la fiesta de este año y reencontrarse con alguien, antes de morir me dio un teléfono y me dijo:

-Llama y hazte pasar por mí, ve a la fiesta y despídeme de él, es mi última voluntad.

No pude negarme y aquí estoy haciéndome pasar por alguien que no soy, Lucía, y buscando a un completo desconocido llamado Cristian en un ambiente completamente  inquietante.

-Ya casi llegamos señorita- apunta el taxista-
-Gracias.
-La que tú tienes niña.

Su tono y voz melódica junto con su última afirmación me hacen sonreír y por un momento olvido los días venideros, pero solo por un  momento.

Un  par de segundos después pongo un pie en el exterior del taxi y alguien se acerca tendiéndome su mano y me ayuda a salir al exterior, cuando nuestras miradas se encuentran me quedo estupefacta mirándole.

-¿Me devuelve mi mano señorita?

La suelto al instante, su mano, ¡que mano!...!que hombre!, le sonrío pícaramente y el me mira de igual modo, la situación es bastante ridícula, continuo sonriendo.

El taxista baja mi equipaje y lo deja en la puerta del hotel para que el botones se haga cargo, yo sigo contemplando con hambre al desconocido y él me observa de igual modo como si tuviese delante un  gran festín.

-Ya esta todo niña- dice el taxista-

Me apresuro a sacar la cartera para pagarle el trayecto pero me hace un gesto con la mano en señal de negativa.

-Yo pagaré el trayecto de la señorita, lléveme al centro –dice el desconocido subiendo al taxi y cerrando la puerta de un portazo-

No se que mosca le habrá picado para que se ponga así, el taxi se aleja y me doy cuenta que llevo rato mirando a la nada cuando me doy la vuelta para coger mi equipaje y ¡mierda! me han robado una de las maletas, empezamos bien Lucía, bastante bien, miro al cielo y cierro los ojos intentando de nuevo serenarme y llenarme de paz, calma y quietud.

Entro en el hotel con mi única maleta, en la recepción me dicen que mi habitación es la 314, me dirijo hacia ella casi perdida y pensando en que aún estoy a tiempo de huir, de salir corriendo, pero no puedo, se lo debo a ella, a la verdadera Lucía.

Entro en la habitación, espaciosa, luminosa, decorada en una tonalidad dorada que parece sacada de un cuento de hadas, sobre la cama hay una caja negra con un lazo dorado voy hacia ella, me siento y la abro.

En el interior una tarjeta que dice:

“Nos complace comunicarle que la recepción comienza a las 21.30 en el salón principal, rogamos máxima discreción por eso le aconsejamos que utilicé lo que aquí dentro va a encontrar”

-J-

-¿Quién será J?- pregunto en voz alta mientras miro a todas partes-

Con sumo cuidado aparto el papel de seda que cubre lo que esconde la caja y ante mis ojos aparece una máscara, preciosa, increíblemente sensual, la acaricio y la dejo en su lugar por que temo estropearla.

Me quedan un par de horas por delante, me doy una ducha y me recuesto desnuda en la cama, unos pocos rayos de luz entran a través de las grandes cortinas blancas, bañando mí cuerpo, haciendo que parezca bronceado, me miro y me acaricio en dónde recae esa luminosidad.

Me acaricio una y otra vez hasta que mis párpados cada vez más pesados se cierran por completo.

Sobresaltada me despierto un rato después mi cuerpo desnudo está empapado en sudor e intento recordar aquello con lo que soñaba, me siento al borde de la cama me llevo las manos a la cabeza y cierro los ojos pero solo veo una imagen, una cara, la suya, la del desconocido sonriéndome.

Me levanto bastante torpemente, mi cuerpo y mi mente aún no han despertado del todo, voy de nuevo al baño para darme una ducha y comenzar a prepararme.

Mientras me lavo paso mi mano por el interior de mi vagina y estoy tan húmeda que me avergüenzo, me lavo una y otra vez pero la humedad es persistente, desisto, salgo y me seco con una toalla.

En el dormitorio me hecho crema sobre mis piernas, me pongo mis medias a medio muslo y el vestido que traje para la ocasión, voy al baño me seco un poco mi larga melena, no me hace falta mucho más, algo de maquillaje y listo.

Frente al espejo del baño mientras me maquillo veo su imagen mirándome a través del cristal, me estoy volviendo loca, esto no es nada normal, me sonríe y yo aprieto mis piernas.

Abro el pintalabios y lo paso por mi boca, cierro los ojos pensando que es su miembro el que me acaricia la boca de esa manera, inmediatamente abro los ojos ante ese pensamiento y en el espejo no hay nada, nadie, solo yo, mi reflejo y mi confusión.

Regreso al dormitorio cojo el antifaz del interior de la caja y me lo pongo, me miro de nuevo en el espejo del dormitorio y definitivamente no mi siento yo.

Decido bajar por las escaleras del servicio para no llamar demasiado la atención y me sorprendo al salir al pasillo y ver a parejas y personas solitarias pero enmascaradas y todos se dirigen hacia las mismas escaleras, mi pensamiento no ha sido único.

Saludo a una pareja que hay a mi lado, me invitan a pasar primero y lo hago, escalón tras escalón cada vez me siento más insegura y empiezo a preguntarme como voy a encontrar a Cristian entre tanta máscara.

Al llegar al final una puerta conecta directamente con el salón, entramos y un  chico bastante agradable a la vista nos entrega una pulsera plateada con letras en rojo que pone nuestro nombre, la coloco en mi muñeca y la acaricio recordando a mi mejor amiga, Lucía.

-Va por ti cariño –pronuncio en voz alta inconscientemente-
-¿Por quién dices que va? –pregunta un enmascarado a mi lado-
-Nada, no he dicho nada.
-Ya lo creo que sí, pero entiendo que no quieras contármelo – con su mano coloca un mechón de mi pelo tras mi oreja y mi vista se queda fija en su mirada, esa mirada me resulta familiar y esos labios…es él-

-Me parece que te debo un viaje ¿no?
-Ya lo creo dulzura- me sonríe- me lo cobraré en la pista.

Sonrío y cojo la mano que me tiende, la música comienza a sonar y nos perdemos entre la gente mientras bailamos y nuestros cuerpos se rozan una y otra vez, continuamente, se acoplan al son del ritmo y estoy encantada.

Ahora tiene sus manos rodeando mi cuello pero se suelta y entrelaza sus dedos con los míos y me quedo atenta al nombre que refleja su pulsera, no puede ser, no es posible, no puede ser él, Cristian.

Me separo de él y acaricio mi pulsera recordándola, él me mira medio perdido no sabiendo que hacer ni que decir y yo suspiro desesperada, quiero salir, quiero correr y huir pero se lo prometí me recuerdo acariciando de nuevo la pulsera.

-Eres Cristian.
-Si
-Su Cristian
-Perdona pero no te entiendo.
-Lucía
-¿Qué pasa con Lucía?
-Es bueno…era mi mejor amiga y tú…eres su Cristian.
-No soy de nadie, Lucía es mi amiga también, he cambiado de teléfono y perdido su número, esperaba verla aquí ¿ha venido contigo?
-No
-¿Porqué no ha venido? ¿Porqué tienes su pulsera?- dice mientras la observa una y otra vez-
-Ella….ella ha fallecido y me ha pedido que viniese a despedirme de ti.
-¿Cuándo?
-Hace un par de meses.
-Lo siento mucho, de verdad, lo siento, era una buena amiga, una de las mejores.
-No era solo tu amiga.
-Si lo era, nunca paso nada entre nosotros, ella pertenecía a J.
-¿Perdón?
-Si a J, el que organiza esto ¿no le conoces?
-No me digas que J es Julio.
-Si ese mismo es, vayamos a un lado necesito que me expliques de que va todo esto estoy un poco en shock como comprenderás.
-Comprendo, vamos.

Nos apartamos de la multitud quedando a un lado de ella.
-No entiendo porque Lucía me ha pedido que viniese aquí, porque me ha dicho que te buscase, Julio te lo podría haber dicho.
-Conociendo a Lucía y lo que le gusta hacer de celestina me temo que esto ha sido una encerrona.
-Comienzo a creerlo.
-Estoy seguro de que lo es, al igual que estoy seguro de que no sabes donde te has metido.
-¿A qué te refieres?
-Esto no es simplemente una fiesta de máscaras en la cual la gente interacciona y acaba acostándose.
-No comprendo.
-Estas en una fiesta de BDSM.
-¿Qué?
-Sí, eso, yo soy dominante y Lucía era la sumisa de J.
-No es posible.
-Si lo es.
-Yo veo a gente normal, bailando y coqueteando.
-De momento es así, espera un poco y verás lo que pasa, ¿ves esas tres puertas al fondo del salón?
-Si
-Son mazmorras, dentro de nada comenzarán a adentrarse las parejas con quién ellos crean oportuno, tú estas en el mercado, pueden seleccionarte, a no ser que…
-Me voy
-No te vayas, ¿has visto alguna vez algo de esto?
-No
-¿No tienes curiosidad?
-Si…mucha.
-Pues quédate, diremos que eres mía, solo por esta noche y así no te pasará nada, si te eligen a ti, me eligen a mí para ir contigo ¿estás de acuerdo?
-Bueno… es eso o irme…
-Irte no es una opción.
-Si Amo.
-Aprendes rápido dulzura- me guiña un ojo a través de su máscara-

Volvemos a la pista, me coge de la cintura de manera posesiva pegándome contra su cuerpo y comienza a moverse frotándose contra mí, me derrito, me abrasa el calor de su cercanía y noto unas gotas de sudor bajando por mi cuello, en ese instante el hace círculos con su pulgar justo en ese lugar y ardo en deseo, antes me parecía atractivo ahora es simplemente el hombre con el que siempre soñé y Lucía lo sabia.

Una pareja se acerca a nosotros y nos invita a ir a una de las habitaciones del fondo junto a ellos, yo no le quito la vista de encima a Cristian y dejo que el decida por los dos.

La pareja camina y abre la puerta, nosotros les seguimos y entramos tras ellos en el interior.

Cristian no mentía al decir que estas habitaciones estaban ambientadas como mazmorras, lo están y hay una gran variedad de artilugios que me incomodan al mismo nivel que me excitan,

-Ellos nos han invitado pero si quieres solo miraremos.
-Lo que quiero es verte en acción- al momento me arrepiento de esa frase ¿desde cuando soy tan directa?
-¿Contigo?
-No, quiero ver lo que haces con  ella para saber lo que me espera a mí después.,

Cristian se acerca al amante de la chica y le dice algo al oído, el hombre asiente con la cabeza.

Ambos se dirigen hacia ella uno se coloca frente a la muchacha y el otro por detrás.
Cristian que es el que esta por delante le baja el vestido mientras el otro desconocido le mantiene los brazos abiertos en cruz.
Ella esta completamente quieta y no dice palabra alguna, no emite sonido alguno, solo esta a merced de ambos hombres.

El vestido cae sobre sus pies, y yo observo todos y cada uno de los movimientos de ambos, cada vez estoy más y más excitada, Cristian le muerde los pezones y no lo hace con sutileza, ella sigue con los brazos en cruz y el desconocido le propina azotes alternos entre ambas nalgas, Cristian sigue bajando su boca hasta quedar de rodillas frente a ella.

La chica no baja la mirada, su vista está en un punto fijo, en mí, mientras esos hombres hacen con ella todo lo que desean, mi acompañante comienza a chupar mientras el otro la amordaza.

Tener los brazos en esa postura, mirar a un punto fijo y que ambos hagan todas esas cosas con ella es excitante pero… ¿no se cansa? Parece ser que no… por que así siguen durante un buen rato hasta que ella se corre en la boca de  Cristian y el otro comienza a follársela por detrás mientras le tira del pelo, sus gemidos quedan ahogados por la mordaza, es muy excitante.

Las dos veces que ella se ha dejado llevar lo ha hecho con su vista clavada en mí y comprendo que uno de ellos ha debido ordenárselo de esa manera, increíblemente excitada me doy cuenta que tengo una mano bajo el vestido y me estaba acariciando inconscientemente sobre mi ropa interior, retiro la mano y permanezco inmóvil observando como el extraño se deja vaciar en el interior de la muchacha.


 Cristian viene hacia mí, sigo sentada y aún no me he recuperado de la visión anterior, se agarra a ambos lados del asiento y acerca su boca a la mía, me besa y yo me dejo llevar por sus labios sin importarme donde se encontraba su boca con anterior, quiero que se impregne de mi sabor y limpiar así los restos de la esencia de la otra.

Se separa y me da una mano para que me levante, mira a la otra pareja que se viste rápidamente y dejan la estancia libre para nuestro servicio.

-Has visto una mínima parte de lo que se hace aquí ¿Quieres más?
-Sí, lo quiero todo.
-Bien, lo tendrás dulzura.

Me coge bajo los brazos y enrosco las piernas a su cintura, me lleva hasta un sofá negro de cuero, bastante bajo, me suelta y me pide que me arrodillé y ponga los brazos extendidos sobre el sofá.
Tras hacer exactamente lo que me pide, levanta mi vestido y deja mis nalgas al descubierto, las acaricia y luego propina pequeños azotes, no me causan dolor, me provocan placer, me excitan, con cada azote me siento más y más excitada y su ritmo va en aumento, suspiro y pierdo la cuenta de cuantos lleva.

Siento su mano bajando la cremallera trasera de mi vestido, este se abre en dos y cae sobre el sofá, acaricia mi espalda descubierta y me araña, de arriba hacia abajo una y otra vez.

Con su dedo índice acaricia el interior de mi trasero y comienza a meter un dedo en mi interior, escucho la puerta e intento girarme pero no me deja con su otra mano me sostiene del cuello obligándome a dejar mi mejilla pegada contra el sofá, me resulta imposible saber quién ha entrado, quiero pedirle que pare a la vez que deseo que siga.

Decido cerrar los ojos y disfrutar de este momento pues no sé si algún día se volverá a repetir.

Ahora su mano no me aprieta el cuello, me lo acaricia mientras sigue penetrándome con sus dedos por detrás, comienza a descender su mano por mi espalda hasta que llega a mi trasero y vuelve a azotarme, una, dos, tres veces y cambia las manos, ahora me penetra por delante con una y con la otra por detrás.

Lo hace duramente, me folla con sus dedos de forma poco sutil, hasta que me corro en su mano y gimo tan alto que el eco de la estancia continua emitiendo mi sonido tras de mí.

Se apoya contra mi espalda, me siento oprimida por su cuerpo, me retira el pelo a un lado y me susurra al oído, serás únicamente mía, esta noche y el resto de ellas.

No puedo hablar y suspiro, me olvido de que nos acompañan, él se sienta a mi lado con los pantalones por las rodillas y su ¡Oh Dios! enorme y duro miembro preparado para mí.

-Arrodíllate y chupa.

Obedezco me arrodillo entre sus piernas y me meto su miembro en la boca comienzo a chupar, como nunca antes lo he hecho, chupo en su longitud, su anchura invade mi boca por completo, llegando casi a mi garganta con sus embestidas, me llena y comienzo a sentir su sabor en mí, cada vez más húmeda resbala sobre mi lengua una y otra vez.

Me empuja, me aparta y se levanta, permanezco arrodillada en el mismo lugar, le siento de nuevo tras de mí, coge mis manos y noto una cuerda sobre mi piel, ata mis manos a mi espalda y me ayuda a levantarme tirando de la cuerda que las une, me empuja contra el sofá, haciendo que me ponga a cuatro patas sobre él.

Vuelve a azotarme y esta vez es doloroso, de pronto siento como me penetra y la sensación es exquisita, deliciosa, maniatada y arrodillada en el sofá de cuero, observada y deseada por el hombre que siempre soñé, de nuevo siento que estoy a punto de correrme.

-¿Quieres correrte dulzura?
-Si, si quiero.
-Pídemelo, dime Amo quiero correrme, le suplico que me deje hacerlo.

No me siento en absoluto preparada para decir eso, pero él disminuye su ritmo torturándome mientras me acaricia el pelo y se acerca a mi oído proporcionándome un mordizco doloroso en el lóbulo de mi oreja derecha, sin pensarlo las palabras salen de mi boca.

-Por favor Amo quiero correrme, se lo suplico déjeme hacerlo.
-Hazlo

Y entonces me corro, con su miembro llenándome al mismo tiempo, siento como se vacía dentro de mí al mismo tiempo que nuestros acompañantes nos abandonan, dejándonos disfrutar solos de este momento.


Cae sobre mi espalda bañada por el sudor y de nuevo me susurra al oído.

-No pienses que esto termina aquí, no ha hecho más que empezar.

Me besa en la sien y cierro los ojos pensando en las noches venideras junto a Cristian, abro los ojos y miro hacia arriba.

-Gracias Lucía.


Para tí y para él, por vuestra conexión, por vuesto momento, espero que os guste y lo disfruteis, va por vosotros Cristian y Lucía, nunca dejéis de soñar.

domingo, 4 de agosto de 2013

CAUTÍVAME

                                                             CAUTÍVAME

Caigo por un precipicio oscuro e inquietante, tengo miedo, tiemblo y estoy verdaderamente asustada, no se si estoy en un sueño o si es una realidad alternativa solo sé que este no es el lugar al que pertenezco.

¿Dónde estoy? ¿Dónde me lleva este abismo? Me pregunto mientras continúo cayendo.

Atemorizada por caer entre las sombras grito pero sé que nadie me escucha y sigo descendiendo hasta que una luz radiante me ilumina haciéndome parpadear varias veces, con esa luz alumbrándome me desvanezco.

Poco a poco abro los ojos ajena a mi nueva existencia y veo una silueta, la sombra de alguien que tira de mí, alguien que me coge en brazos y camina despacio a través de un... ¿bósque?

-Do... ¿Dónde estoy?- vuelvo a desmayarme sobre sus brazos-

Minutos o quizás horas después vuelvo a despertarme, tumbada sobre una cama, el espacio huele a lluvia, a selva tropical y a....hombre.

Intento levantarme pero no puedo mis manos están atadas, mis piernas también lo están, tiemblo y lloro, finalmente grito ante la desesperación de sentirme cautiva e indefensa.

Frente a mí se encuentra esa maldita silueta de nuevo, ese alguien que no hace más que perturbarme con su vigilia.

-¡Desátame! ¡Desátame! –Grito-
-Shhh –susurra en un susurro estremecedor que me eriza el vello de cada centímetro de mi piel-
-¡No pienso callarme desátame maldito bastardo!
-Si no te callas ahora mismo te amordazaré tú eliges.

Su voz, esa voz no me resulta en absoluto familiar pero me embelesa y me calma, me cautiva y me seduce y no puedo pensar en otra cosa que hacer aquello que me pide por lo que vuelvo sobre mi silencio.

-Así me gusta, buena chica, cállate y no te encontrarán, serás mi prisionera pero cuando llegue tu momento te dejaré marchar.

El sentimiento de impotencia se apodera de mí y me abruma haciendo que me entristezca y llore de nuevo.

Él se acerca, sus pasos lentos y pausados se dirigen hacia mí, no habla y la sombra, su sombra se torna cada vez más clara, es un hombre alto, muy alto, fuerte y moreno, su bronceado es precioso y va sin camiseta mostrando su musculado torso sudoroso.

Su flequillo cae sobre su frente despreocupadamente, sus ojos negros e inquietantes me observan y no puedo mirarle, lloro y escondo la cabeza sobre la cama en la que me encuentro maniatada intentado evitar la mirada de mi carcelero.

Se sienta a mi lado y acaricia mis ataduras con sus dedos, las cuerdas se clavan en mi piel, dañándome.

-¿Duele?
-Si, duele.
-¿Y acaso el dolor no puede llegar a ser la fuente del placer?
-No me gusta el dolor.
-Pero si te gusta el placer.
-Quiero irme.
-Cuando sea tu hora, te irás.
-¿Quién eres? ¿Qué hago en este lugar?
-Estabas perdida y en la profundidad de tu sueño me has encontrado o yo te he encontrado.
-No entiendo nada.
-No hace falta que lo entiendas, solo confía en mí.
-No puedo, me tienes cautiva, atada e indefensa.
-Sé que te gusta sentirte así.
-Te equivocas, no me gusta.
-Tú eliges como deseas que sea, se que te gusta.
-¿A qué te refieres?
-Pronto.
-¿Pronto?
-Si, pronto lo descubrirás.

Vuelve a acariciar las cuerdas que atan mis manos y pienso que va a soltarlas pero no lo hace, las aprieta aún más causándome un dolor aún más insoportable, no lo reconoceré pero esta sensación... me gusta...es placentera y él lo sabe, pero....¿porqué lo sabe?

-Tú tienes el poder, tú eliges como quieres que se desarrollen los acontecimientos.
-¿Quién eres?
-Solo quién deseas que sea.
¿Qué hago aquí?
-Todo lo que quieras hacer.
-¿Dónde estoy?
-Sólo donde quieres estar.

Ya no lloro, ya no tiemblo, sentirle cerca me calma, ya no me siento cautiva ahora me siento cautivada por él, su cercanía es inquietante, perturbadora pero a la vez me proporciona seguridad, me hace sentir bien.

-Recuerda solo soy quien tú quieres que sea.
-Quiero irme.
-Realmente no es eso lo que deseas.
-¿Y qué deseo?
-Solo tú lo sabes.

Se acerca a mi boca, a mis labios y sin llegar a besarme  susurra contra ellos:
-Sólo tú lo sabes.

Me incorporo un poco y nuestros labios se encuentran, su delicado tacto, su olor embriagador, todo de él me seduce y nos besamos, tomando el uno del otro y disfrutando con ese contacto.

-No quiero besarte, no te conozco, apártate maldito- le empujo pero solo se separa unos centímetros-
-Recuerda solo haremos aquello que verdaderamente desees hacer, tú tienes el poder.
-¡Pues estoy prisionera, no veo el poder por ninguna parte!
-Shhh, no grites, aún no puedes irte, si gritas te encontrarán en las sombras, aún no deseas salir.

Vuelve a besarme pero esta vez la iniciativa es suya, solo suya, acaricia mis ataduras de nuevo y no quiero que pare quiero que me bese, quiero que me toque, quiero que me....folle como nunca nadie lo ha hecho.

-No puedo para, estoy casada-intento empujarle de nuevo, zafarme de de él pero pesa demasiado-
-¿Acaso ves a tu marido por algún lado?
-No.
-¿Y entonces?
-Le amo, no puedo.
-Él no te da lo que tú necesitas, no se enterará... embriágate de mí, solo esta noche.

Desliza sus dedos por mis brazos desnudos, llevo un vestido blanco que se pega contra mi piel, amoldándose a mí, a mi cuerpo y a mis curvas.
Me toca el pecho sobre el vestido, pasa su índice sobre mis pezones y estos se endurecen al instante.
Los pellizca a través del vestido, se marcan, tersos, duros, cierro los ojos ante la perspectiva y siento de nuevo su boca sobre la mía.

-¿Quién eres? ¿Qué haces conmigo?
-Soy quien tú quieres que sea y hago solo aquello  que quieres que haga.

Sus manos bajan las tiras de mi vestido dejando mis hombros al descubierto, me besa en los hombros y continua bajando el vestido hasta dejar mis pechos al descubierto, los mira y pone ambas manos sobre ellos apretándolos.

Continua deslizando el vestido a través de mi cuerpo hasta que lo saca por mis pies, denuda y atada, indefensa y excitada, así me siento ante este extraño y nunca nadie me ha provocado tanta inquietud, deseo ser suya aunque solo sea una única vez.

Se coloca a horcajadas sobre mi, su pantalón, su erección me rozan el clítoris, se desabrocha el botón mientras se frota contra mi cuerpo desnudo.
Se agacha y su descubierto pecho se acomoda junto con el mío, me vuelve a besar y quiero tocar su flequillo apartarlo para encontrarme con su mirada pero estoy completamente inmóvil a causa de las ataduras.

Se separa de mí y mete uno de sus dedos en mi boca.
-Chúpalo.

Comienzo a chuparlo, a lamerlo, como si de su propio miembro se tratase, como si se me fuese la vida en ello, procuro hacer la mejor felación de mi vida.

Noto como cada vez su pene se abulta más y más, intentando salir a través de su pantalón para penetrarme, permanezco quieta chupando hasta que se levanta y se desprende de sus pantalones.

Me sorprendo al ver el aparatoso miembro tal cual lo soñé, tal cuál lo anhelé siempre, todo para mí, solo para mí.

Vuelve a situarse en la postura anterior, sobre mi cuerpo, su pene se acomoda sobre mi fuente del placer haciendo que me estremezca y suspire.

-Recuerda, solo tú lo sabes.

Y con esas palabras me penetra, clavando su pene en mi más profundo interior, tiemblo de júbilo, de placer del más inquietante deseo.
Me dejo llevar por sus embestidas y cierro los ojos extasiada, inerte y completamente extasiada.
Comienza a desatarme las piernas mientras sigue penetrándome, sale de mi interior y me invita a darme la vuelta.
Lo hago, me la doy y mi cuerpo queda bocabajo, mis manos siguen atadas.
Mete sus manos por debajo de mi cuerpo, en mi estómago para invitarme a ponerme a cuatro patas, lo hago.

Se coloca tras de mí y comienza a azotarme, azotes precisos, azotes que me martirizan que me vuelven loca y hacen que pierda la razón, vuelve a penetrarme mientras introduce un dedo entre mis nalgas, luego otro.
Penetrada por ambos lados, atada y azotada, nunca había sentido tanto placer y recuerdo sus palabras una y otra vez “Es que acaso el dolor no puede llegar a ser la fuente de placer”...

Con esas palabras me abandono al éxtasis más extremo y siento su semen llenándome cuando de nuevo miro al frente y siento que todo se nubla y me derrumbo.

-Vuelve, regresa, te necesitamos.

Esa voz me resulta familiar, muy familiar, me llama, invitándome a regresar y quiero avanzar y regresar junto a ella, me necesita, me desespero y abro los ojos.

Estoy en otro lugar, totalmente diferente, se que él me observa ahora desde la distancia, frente a mi hay una cuerda que lleva hacia alguna parte, miro hacia atrás y su sombra se diluye poco a poco, es el momento de decidir, ¿voy con ese hombre inquietante con el que siempre soñé o veo donde me lleva esa cuerda? agarro la cuerda con mis manos y miro de nuevo hacia él, comienzo a llorar sin sentido avanzando a través de la cuerda mientras escucho una voz que me llama.

-¡Mamá regresa! ¡Mamá te necesito! tienes que despertar….te quiero mamá.








jueves, 1 de agosto de 2013

JUEGOS DE PERVERSIÓN- EL CASTIGO

JUEGOS DE PERVERSIÓN- EL CASTIGO

Ha pasado más de una semana desde que tuvimos la sesión en la que intercambiamos nuestros roles, estoy deseosa de que llegue la próxima y tengo un par de cosas en mente, cosas que sé que no le harán ninguna gracia.

Después de ese día no hemos vuelto a la mazmorra, hemos tenido sexo convencional entre las cuatro paredes de nuestra habitación.

El trabajo y nuestros horarios no nos permiten mucho más y tengo muchas pero que muchas ganas de jugar así que he pensado en organizar algo esta noche, empezando por una cena y terminando por una inolvidable sesión en nuestra mazmorra.

Esta tarde tengo un par de horas libres así que me dedicaré a prepararlo todo para cuando caiga la noche y mi donjuán llegue a casa.

Todo preparado, todo dispuesto y a la espera de su llegada, escucho el pomo de la puerta girar y me sorprendo cuando veo que entra con una compañera, inmediatamente pienso ¡A la mierda con la velada!
-Muñeca mira quién ha venido.

Si ya veo que acabas de joder bien nuestra noche, porque no me llamará para contarme sus planes, siempre me hace lo mismo me aparece con gente en casa cuando menos me lo espero.

-Hola… ¿y tú eres?
-Muñeca ella es Carla, ¿no te acuerdas? Te he hablado de ella, lleva un mes y medio en el bufete.
-Ah sí, pero cariño ¿cómo crees que voy a saber que es ella? ¡Ni que fuera adivina!
- Ese tono muñeca.
-He preparado la cena, hay de sobra si quiere quedarse...-digo a desgana-
-Claro que se quedará es mi sorpresa para ti, esta noche jugaremos los tres.
-¿Cómo?
-Si muñeca, esta noche y bajo mis órdenes ejercerás de Ama con Carla, ya sabemos cuánto te gusta mandar.

La idea no me desagrada en absoluto, de hecho tengo muchas ganas de sentirme de nuevo poderosa, sonrío y asiento con la cabeza.

-Ve a cambiarte muñeca, ponte como me gusta y desde que bajes por esas escaleras ya sabes la postura que debes adoptar pero recuerda siempre estarás bajo mis órdenes.

Vuelvo a asentir con la cabeza y subo rápidamente las escalares, tan rápido que incluso tropiezo en el último escalón, nada insalvable, me recompongo y voy al dormitorio donde me visto con mis atuendos de dominatriz, mis medias, mis botas, mi corsé, me suelto el pelo para estar más sexy y cojo uno de mis antifaces para ponérselo a mi perrita.

Bajo las escaleras adoptando mi nueva postura, ambos se encuentran sentados en la mesa, esperándome, mi Amo me mira y al ver lo que llevo en la mano dice:

-Haz que se lo ponga.
-Póntelo perrita- se lo entrego y se lo coloca rápidamente-
-Buena chica, muy obediente- admito-

Mi Amo me ordena que vaya a la cocina, en ella me da las directrices que debo seguir hasta que lleguemos a la mazmorra y sin más comenzamos la velada.

Llevo la cena a la mesa donde ella espera nuevas instrucciones.

-Levántate.
-Si Ama.
-Dale de comer a mi Señor, despacio, con cuidado y con tu mano, dale de comer.

Comienza a hacerlo y él come despacio y chupando sus dedos cada vez que tiene oportunidad, veo como se ruboriza y como se excita ante sus deliciosos lametones en sus manos, cuando veo que una de las veces ella cierra los ojos complacida ordeno:

-Para, ahora me toca a mí.

Siguiendo las órdenes de mi Amo le demuestro a esta perra lo que se va a perder, me subo a horcajadas sobre él mientras la miro a ella a los ojos y le beso, nos besamos y saboreamos como si se nos fuera la vida en ella, veo que se siente incómoda y que desearía recibir ella esos besos de él, pero nunca pasará, no permitiré que se besen.

Me levanto y me pongo frente a ella, la miro a los ojos, a sus pezones erectos y agarrándola de la barbilla le digo:

-Bésame.

Lo hace, me besa y he de reconocer que lo hace verdaderamente bien, me excita y nuestros pezones se endurecen y se rozan los unos contra los otros, mi Señor esta disfrutando del espectáculo.

Me distancio de ella y sonrío ante la frase que se me acaba de ocurrir.

-¿Te ha gustado perrita?
-Si Ama, gracias.
-Espero que lo hayas disfrutado será lo más cerca que estarás de probar su sabor- señalo a mi Amo y le pico un ojo, él me devuelve la sonrisa mientras hace negaciones con la cabeza-

He perdido el apetito y solo espero ansiosa la hora de llevarla a la mazmorra y que disfrutemos de ella, miro hacia mi Señor esperando que me comprenda y este se levanta rápidamente y haciendo un gesto con la mano nos invita a dirigirnos hacia la mazmorra.

Caminamos a través del pasillo y nada más entrar mi Señor se sienta en un sofá que tenemos en una esquina y nos observa, hasta ahora he seguido sus órdenes pero me dijo que al llegar a la mazmorra me diría como actuar, espero que me oriente y me sorprendo al escuchar su única orden.

-Haz con ella lo que quieras.

Es toda mía toda para mí, encantada se lo agradezco y le digo que se ponga a cuatro patas sobre la cama.

-Dime una palabra de seguridad –ordeno-
-No se la digas- salta mi Señor- cuando ella la diga lo sabrás, sabrás que es esa, no debes saber su palabra así que olvídala y continúa.

Obedezco a mi Señor y voy hacia la cama donde se encuentra vestida, enmascarada y a cuatro patas.

-Levántate- cojo una silla y me siento frente a la cama- desnúdate lentamente para mí.

Comienza a desnudarse, desabrochando su camisa muy lentamente, no lleva sujetador y sus senos quedan expuestos instantáneamente, luego se desabrocha sutilmente el botón del pantalón y comienza a bajarlo muy pero que muy despacio deslizándolo por sus piernas y tampoco lleva braguitas, está completamente depilada y sinceramente deliciosa desnuda con su piel blanquecina y con la máscara, simplemente adorable.

-Tócate, despacio, tócate.

Lo hace justo como me gusta y como lo quiero comienza a bajar la mano por sus pechos acariciándolos y endureciendo sus pezones más aún con el contacto de sus manos, sigue bajando y empieza a tocarse el clítoris despacio, lentamente.

En ese momento desvía la mirada hacia mi Amo y eso me cabrea, me levanto y tirándole del pelo la obligo a mirarme.

-Solo a mi perra, solo puedes mirarme a mí.
-Si Ama.

Le doy un azote en el culo y vuelvo a sentarme.

-Sigue y dime cuánto te gusta tocarte mientras me miras.
-Ama me encanta tocarme y mirarla mientras lo hago, gracias por permitírmelo Señora.
-Sigue hasta que desees correrte y no lo hagas.
Se sigue tocando y noto que cada vez está más cerca los ruidos de su vagina y sus gemidos de placer son una dulce melodía para mis oídos.
-Métete dos dedos.

Obedece y noto que está cerca tanto que me levanto y tirándole del pelo la obligo a que tumbe medio cuerpo sobre la cama, ella deja de tocarse.

-¿Cuándo te he dicho que pares? No te corras, no tienes permiso.

Cojo un plug anal que tenemos sin estrenar, lo había comprado para mí pero la ocasión lo merece, lo saco de la caja y lo coloco sobre una mesa al lado de la cama.
Vuelvo con ella que sigue tocándose y follándose con dos dedos, la azoto varias veces en ambas nalgas y cuando veo que comienzan a coger color hecho un chorro de vaselina sobre su trasero, lo froto por sus nalgas y hago que resbale por su culito preparándolo para la invasión.
Cuando está preparada introduzco el plug, le tiro del pelo hacia atrás y le digo:

-Fóllate con tres dedos y no te corras.

Mi Señor está disfrutando mucho de nuestro espectáculo y veo como la tiene dura muy dura ante la situación que ven sus ojos me invita a que vaya hacia él y lo hago.
Se levanta y me empuja contra la cruz de San Andrés, me besa y frota su miembro  contra mí, me baja el corsé dejando mis pechos al aire y los pellizca duramente, me vuelve a besar y me gira fuertemente la cara para que la mire a ella.

-Mírala, mira cómo se folla para ti, ¿Te gusta muñeca?
-Si Amo, mucho.
-Cera.

Con esa palabra se lo que me quiere decir, se separa de mí y voy a por las velas, la enciendo.
Camino hacia mi sumisa que me mira temerosa pero a la vez extasiada.

-No temas, sé cómo hacerlo.

Con esas palabras y una adorable visión de ella penetrada por el plug y por sus dedos comienzo a chorrear la cera sobre su espalda y sobre sus nalgas, la distancia adecuada para que la cera no llegue demasiado caliente.
Sé que le gusta, placer y dolor alternados y transportándote al subespacio ella parece tener un increíble control de la situación pero cuándo siento que soy yo la que deseo jugar la dejo que se corra.

-Córrete.

Y lo hace, se deja llevar mientras un último chorro de cera marca su piel, sus nalgas, sonrojadas, grita y se pierde en el deseo.

Cuando acaba siento que se me apetece humillarla un poco más y utilizarla un poco más, le quito el plug y le ordeno que se ponga a cuatro patas sobre el suelo pero antes le pongo dos pinzas en cada pecho.

-Gatea hacia mi Señor y pídele por favor que te deje chupar su polla.

Obedece y gatea hacia él, escucho como se lo pide en un susurro y me siento envalentonada y le grito.

-¡Más alto ZORRA!

En ese momento ambos me miran y ella dice algo que me deja perpleja, algo que en un primer momento me cuesta comprender pero que al darme cuenta me hace sentirme utilizada y engañada.

-VENGANZA

Miro a mi Amo esperando que todo sea una broma pero no hay un ápice de compasión en su mirada y en ese momento ella se dirige hacia mí me empuja contra la cama y caigo de culo en ella.

Mira a mi Señor y le pide una mordaza para ponérmela yo permanezco en silencio y en realidad muy caliente ante la situación.

Ella se coloca sobre mi cuerpo, me amordaza y me ata las manos y las piernas a los postes de la cama, pero antes me desnuda dejándome solo con las medias puestas, luego me mira y sonríe.

-Y ahora te voy a joder bien muñeca, mira lo que hago.

Me siento indefensa, se levanta y se dirige hacia él, me muevo inquieta sabiendo lo que pretende, intento gritar pero no puedo y entonces le besa ¡Su boca me pertenece puta! Intento gritar pero no me escuchan y siguen haciendo lo que más me duelo, lo que más me incomoda ¡Su boca es mía! y empiezo a llorar, lagrimas que caen por mi rostro quemando mi piel y cierro los ojos no quiero seguir mirando y lloro.

Alguien se acerca a mí, no es ella, conozco su tacto es el de él, seca mis lágrimas con sus besos y me quita la mordaza, me besa en los labios, y abro los ojos encontrándome con su gélida mirada, no hay compasión.

-Tu castigo muñeca, este es tu castigo por lo de la última vez.
-Lo siento mi Señor, lo siento, no quiero jugar más a ser su Ama.
-Lo serás pequeña solo que nunca debes humillarme de la manera que los hiciste, la parte final sobraba muñeca.
-Lo sé mi Señor, discúlpeme- sigo llorando y sorbiendo mis lágrimas le explico que yo quería que esta noche fuese diferente, Carla recoge sus cosas y sale de la mazmorra dejándonos en la intimidad-
-Ya está muñeca, bésame.

Le beso queriendo eliminar los besos de la insensata esa, queriendo limpiarlo y que vuelva a ser sólo mío.
Se tumba sobre mi cuerpo que permanece atado y dando un  tirón a mis medias, las rompe y me penetra de una sola vez, empieza a moverse con desesperación en mi interior queriendo con sus embestidas hacerme sentir suya y lo siento, siento que lo soy.


Me agarra los pezones con sus manos y los retuerce mientras sigue clavándome su miembro una y otra vez, nos miramos y sabemos lo que va a suceder ambos alcanzamos el orgasmo a la vez, su ritmo disminuye y cae rendido sobre mi pecho, nuestras respiraciones aceleradas se acompasan y nos dejamos llevar por el sueño y me encanta que siga en mi interior, marcándome con su semen y haciéndome sentir únicamente suya.