domingo, 21 de julio de 2013

VOY A DARTE LO QUE DESEAS

                                                 VOY A DARTE LO QUE DESEAS

Es medianoche, la oscuridad envuelve la ciudad de Ylemen, durante diez años he salido cada noche en busca de una presa distinta, mis padres eran hunters y me enseñaron todos y cada uno de sus trucos.

Todas las noches voy al local Glin, en él se reúnen los más prestigiosos hunters de la ciudad, y cada día al caer la oscuridad nos reunimos para elegir a nuestra pareja de caza, todos los días es alguien distinto, cada uno es especialista en una cosa, mi especialidad es el Kunai, una especie de cuchillo con punta triangular con el que rajo la garganta de mis presas.

El local esta noche está más sombrío de lo habitual, hoy una sensación extraña me invade, nunca había sentido esto pero siento como si hoy fuera ese día en el que mi vida va a cambiar para siempre, yo no elegí ser cazadora, nací con ello, y cada día mi familia se encarga de recordarme que los malvados habitantes de las sombras no merecen ni un ápice de nuestra compasión.

Voy  hacia la mesa donde se encuentra uno de los mejores hunters y mi mejor amigo, espero que desee cazar conmigo tanto como yo con él, esta noche no ansío otra compañía que no sea la suya.

-Hola Zinc -me siento a su lado-.
- ¿Cómo estás? ¿Vas a salir hoy?-me pregunta divertido-
-¿Cuándo no lo hago?
-Es cierto tú no te pierdes una y… ¿Ya has encontrado compañero?
-No, estaba pensando en ti.
-¿En mí? ¿Enserio? Me mira con cara divertida se siente halagado y seguramente piensa que nuestra noche de caza terminará como otras tantas, revolcándonos en su cama, pero esta noche no será así, ni pensarlo.
-Zinc, cazar, solo cazar.
-Oh eso ha dolido- se tumba hacia atrás y se agarra el corazón.

Media hora más tarde salimos del local en busca de nuestro primer botín, caminamos entre las sombras, y escuchamos un pequeño ruido en uno de los callejones, le digo a mi amigo que espere un poco, quien quiera que sea tarde o temprano tendrá que salir y así le pillaremos por sorpresa, así es esperamos y cuando sale me quedo anonadada, nunca he visto una criatura como esta, el resto son seres horribles, despiadados, pero él… su mirada…. su cuerpo, su pelo, es hermoso, pero ha cometido un error, tiene la boca manchada de sangre, acaba de alimentarse de uno de nuestra especie y ahora yo tendré que acabar con él.

Me abalanzo sobre él y saco mi Kunai del interior de mis botas, le aprisiono contra la pared y estoy a punto de rajarle el cuello cuando escucho a Zinc gritar mi nombre.

-¡Isabel! ¡Para!... ¡no lo hagas!... es...es uno de los nuestros.
-¡¿Qué?!, no digas chorradas Zinc, es uno de ellos, ¡mira su boca!.
-Isabel para ahora mismo, es un hunters... aunque no es precisamente de los nuestros.

Me giro hacia mi amigo aunque aún no he soltado el cuello de mi adversario.

-¿Cómo coño es eso posible? Nadie me ha contado nada sobre él.
-Pocos lo saben, es un vampiro sí, pero también es un hunters, se alimenta de los de su propia raza.

Suelto el cuello del hombre y le miro fascinada, es bello, moreno, de un metro ochenta y ocho aproximadamente, de ojos azules y mirada penetrante, sus labios carnosos y su pelo alborotado, tengo ganas de lamer la sangre que ce sobre sus labios, quiero chupar hasta la última gota, él sonríe, sabe en lo que me estoy fijando, sabe lo que ansío de él.

-Zinc vete, yo llevaré a la señorita a casa, la noche de caza acaba de terminar.

Mi amigo se da media vuelta y se va, no es demasiado valiente como para enfrentarse a la petición de nuestro vampirhunter.
En un segundo todo se transforma, ahora es él el que me tiene contra la pared en ese oscuro callejón y yo intento desesperadamente quitarme sus manos de encima.

-¿Quieres probar?
-¿Qué…?
-La sangre, quieres probarla, sé que te mueres de ganas.

Me besa y es cierto me moría de ganas por chuparla, así que paso la lengua por su labio inferior y lamo hasta la última gota, él me quita el Kunai de la mano y se lo mete en el bolsillo trasero.

-¿Cuál…cuál es tu especialidad?-pregunto-
-Mmmmm mejor te lo enseño.

Saca una cadena de plata del interior de su chaqueta, no sé qué pretende hacer con ella, pero no voy a impedírselo.

-Date la vuelta.
-No
-He dicho que te des la vuelta.

Me la da el mismo, en un momento estoy contra la pared en la cual hay una barra de metal, y él amarra mis manos con su cadena sobre ella, es imposible que pueda escapar de él... aunque tampoco quiero hacerlo.

-Voy a darte lo que deseas.
-Yo no deseo nada de ti.-respondo altanera-
-Tu cuerpo no dice lo mismo, tu mente no dice lo mismo, te mueres por follarme, por chuparme, y por acariciarme el pelo.
-¿Cómo…?
-Lo sé todo, así que no intentes ocultarme nada.

El recién descubierto hunters me acariciaba sobre mi traje de cuero, abre las dos cremalleras que tengo por los costados y quedo desnuda ante su mirada.

-Voy a darte lo que deseas-susurra contra mi oído-
-Dámelo-es la única palabra que puedo articular-

Empieza a pasar sus manos por mis nalgas desnudas y siento su erección entre ellas, luego me baja el tanga y se acerca de nuevo a mi oído, lo coge y se lo pasa por la nariz para que yo lo vea, eso ha sido verdaderamente erótico, a pesar de que me voy a partir el cuello de tanto mirarle.

Comienza a pasear sus dedos por mis manos, por las cadenas, su cuerpo se pega contra el mío aprisionándome más contra la pared, entonces se baja la bragueta y me penetra, me la mete, es grande, tanto que incluso duele  pero también es exquisito sentirle dentro de mí.

Me tira del pelo para que mis nalgas se acoplen a su pene, y sigue sus embestidas con un ritmo devastador que me hace estallar en mil sensaciones distintas, puro éxtasis, pura pasión, tras unos segundos él gime y grita mi nombre mientras noto su calor llenándome.

Me saca las cadenas y me coloca frente a él, tiene restos de sangre sobre sus labios, se habrá mordido mientras me follaba y yo me acerco a su boca y la chupo con mi lengua , le saboreo mientras paso mis manos por su pelo, sus ojos se clavan en los míos mientras sus dedos pasean por mis pechos descubiertos.

-Eres exquisita, Isabel.
-Tú lo eres más.

Vuelvo a lamer sus labios, perdiéndome en ellos, pues sé que esto será el principio de algo sin fin.





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