martes, 16 de julio de 2013

OSCURA SEDUCCIÓN

                                                     OSCURA SEDUCCIÓN

La tarde cae y mi mejor amiga y yo nos encontramos en nuestro apartamento, nos estamos preparando para ir a la inauguración de la galería fotográfica de un amigo de su novio que por lo visto tiene mucho talento.
Sus fotos suelen ser en blanco y negro y según me cuentan algo perturbadoras, pero eso lo comprobaré hoy, mi mejor amiga, Camila, no ha visto ninguna de sus obras pero su novio sí y nos ha dicho que literalmente “Vamos a flipar”.

Estoy ansiosa por ver su trabajo, hace mucho que no salimos y desde que sé de esta salida siento como si todo fuese a cambiar, tengo un nudo en el estómago y estoy nerviosa, nunca me había sentido así, es como si mi cuerpo estuviese esperando algo que mi alma supiese  que va a pasar.

Ya casi estamos preparadas y dispuestas para salir cuando Richard toca en la puerta, el novio de mi amiga, está para comérselo enterito, es sexy y muy dulce, pero desde luego no es mi tipo, podría decirse que los prefiero canallas o como diría Camila muy pero que muy capullos y para qué negarlo, tiene toda la razón.

Tras veinte minutos de tráfico, aparcamos frente a la galería, el tumulto de gente se encuentra en la puerta y no podemos visualizar el interior del edificio, pero caminamos haciéndonos hueco hasta llegar a una puerta lateral, Richard da tres pequeños golpes y la puerta se abre, en ese instante visualizo al hombre más sexy y misterioso que he visto nunca, es guapo, muy guapo, de belleza salvaje, moreno, de ojos azules y mirada penetrante y su look es verdaderamente sexy, vaqueros ajustados, camisa blanca y chaqueta de cuero, su pelo...es simplemente maravilloso, su look descuidado me excita e inmediatamente aprieto mis muslos inconscientemente.

Ciertamente este hombre  podría pasar por un capullo, pero bueno mi madre me enseñó algo, no se debe juzgar a las personas por lo que aparentan sino por lo que nos muestran que son.
Se acerca hacia nosotros y se sitúa entre Richard y Camila, la coge de la mano, mira a su novio y se acerca hasta plantarle un beso en los labios.

-Eh capullo deja ahora mismo a mi chica o te machaco-dice Richard minimamente alterado y con una sonrisa en la boca-
-Sabes que tu chica, me la pone dura, así que te jodes, la besaré cuando se me apetezca hacerlo.
-Y una mierda para los dos-dice Camila zafándose de las manos del sexy y misteriososo canalla-

Se coloca a mi lado y quedamos de frente a los dos hombres, que nos observan.
-Pequeña te presento a Mario-dice Camila empujándome para que me acerque hacia él-
-Encantada-le cedo mi mano-soy...
-No digas tu nombre, para mí serás pequeña-dice tirando de mi mano y haciendo que tropiece contra su duro y musculoso torso- dame un beso-con sus dedos señala su mejilla izquierda y yo me dirijo a darle el beso pero justo en ese momento gira su cara y nuestros labios se encuentran, mis amigos se lo están pasando genial a mi costa, sus risas se escuchan en la distancia, pero yo estoy completamente perdida en su inquietante mirada, me separo y vuelvo a situarme al lado de mi mejor amiga-.
-Mario, déjala en paz ¿vale? A ella no le va tu rollo, así que no la agobies-apunta Richard con aire misterioso, lo cual no hace si no incrementar mis expectativas para esta noche-
Caminamos entre la multitud hasta llegar a la sala de la exposición, mujeres y hombres se acercan para felicitar a Mario pero me doy cuenta de que él no quita sus ojos de mí, me observa e incluso diría que analiza todos y cada uno de mis movimientos, como si quisiese leer mi mente, me mira y me inquieta.
Realmente no me he fijado en su obra, pues ando embelesada por su esencia, me doy cuenta de que estoy mordiendo fuertemente el piercing que llevo en el labio, y chupo un resto de sangre que sale del mordisco, me giro para visualizar los cuadros y me quedo fascinada ante su sensualidad y su belleza, es todo un artista, un maestro y todas las fotos, retratos de mujeres sometidas, admiradas  y capturadas en la intimidad, es mi fantasía, con lo que siempre he soñado y lo tengo ante mis ojos, mi piel se eriza y siento una mano sobre la parte baja de mi espalda, su contacto me altera aún más.

-¿Te gustan pequeña?
-Son preciosas....increíblemente fascinantes.
-Gracias pequeña, tú también lo eres, me gustaría enseñarte algo cuándo se vaya toda esta gente, ¿puedes quedarte?
No vacilé ni por un segundo para responder, quería quedarme e iba a hacerlo.
-Si, claro que puedo, deseo quedarme.
-Mmm ¿deseas?
-Lo siento, no sé en qué estaba pensando, si me quedaré, ahora atiende a tu público.
-Me gustaría quedarme contigo, pero cuanto antes vaya con ellos, antes se irán.
-Pues venga, estás tardando, corre...
-¿Ansiosa? No sabes lo que te espera pequeña.
-Si es algo como lo de esas fotos, lo recibiré gustosa.
-¿De verdad?-pregunta asombrado ante mi afirmación.
-Completamente, ahora atiéndelos.
-Ahora el ansioso soy yo, voy a quitarme a este tumulto de encima pequeña.

Prácticamente tres horas después, solo quedábamos él y yo en la galería, el cielo estaba cubierto de estrellas que resplandecían como luciérnagas y me invitó a pasar a una sala contigua a la galería, la sala dónde realiza sus sesiones fotográficas y que al parecer no son las únicas sesiones que realiza en ellas.
La habitación es oscura, huele a madera y a tinta fotográfica, en el centro de la sala hay un sillón de cuero rojo, en los alrededores colgando de las paredes hay miles de instrumentos que anteriormente había visto en las fotografías, cosas como fustas, palas, mordazas, antifaces, collares, cuerdas y esposas, luego sobre una pequeña mesa, observo pinzas, velas y otros instrumentos que no logro identificar, miro a la izquierda hacia un rincón oscuro que está enfocado por un gran foco y veo que ahí hay un columpio, en todo este tiempo no pronuncio una sola palabra solo observo todo a mi alrededor y por fin pronuncio mi primera palabra.
-Vaya
-¿No tienes nada más que decir?
-Bonito lugar de trabajo
-Sabes que no es solo para trabajar...
-¿De verdad? No me había dado cuenta-me hago la inocente y vuelvo a juguetear con mi piercing-
-¿Me dejas probarlo?
-¿El qué?
-Yo también quiero jugar con él
Inmediatamente me doy cuenta de que se refiere a la bolita de mi labio inferior y ladeo mi cabeza mientras le observo seductoramente, queriendo decirle con la mirada ven aquí y cómetelo todo.

Se acerca como si hubiese leído mi pensamiento y pasa su lengua por él, dándole un lametazo que me avergüenza y hace que agache la cabeza.
-No seas vergonzosa, lo estabas deseando.
Sigo con la cabeza agachada, no tengo argumentos para rebatir su afirmación, le deseo a él y deseo que me haga todo aquello que sepa hacer con todas las cosas de esta habitación.
Levanto la mirada y nuestros ojos se encuentran, miradas cruzadas que desean amarse o simplemente acostarse, pero si algo sé es que quiero todo lo que esté dispuesto a ofrecer.
Me acerco a él y se retira, en su boca se dibuja una sonrisa, es un canalla juguetón, al que le gusta liarme, me hace creer que me desea pero si me acerco yo él se retira.

Me está confundiendo pero quiero intentarlo, vuelvo a acercarme y permanece quieto, paso por su lado y le ignoro, así el creído recibirá de su medicina, la indiferencia.
Me dirijo a la mesa dónde están algunos de los artilugios, tomo en mis manos una de las velas y me la acerco a la nariz mientras cierro los ojos y me pierdo en su olor, vainilla.
Noto como se acerca por detrás y permanezco  muy quieta, soy más bajita que él y apoya su barbilla sobre mi hombro.
-¿Te interesa la cera pequeña?
-Me gusta su olor
-¿Quieres encenderla?
-Si tú quieres…
-Al final….servirás para algo…
-¿A qué te refieres?
-Es un buen comienzo que quieras hacer lo que yo desee, encendamos esa vela.

Me la quita de las manos y al hacerlo siento el contacto de su piel, vuelvo a agachar la cabeza pero esta vez no por vergüenza sino para observar el contacto, tiene unas manos suaves, un tacto sedoso.

Coloca la vela sobre un plato y la enciende, el olor a vainilla se mezcla con el olor a tinta y a madera, la luz tenue invade nuestro espacio, un espacio embriagado de deseo sexual.
-Siéntate en el sofá
Sin decir palabra me dirijo al sofá, él se queda al lado de la mesa en la cual se encuentra la vela y un poco de cera comienza a resbalar por un lateral, le observo y veo como pasa la yema de su dedo índice por ella.
-¿Te gusta la cera?

Ya es la segunda vez que me lo pregunta y sé bien por donde va, a pesar de que nunca he jugado con ella, es algo que siempre he deseado, por lo que mi respuesta es bastante evidente, me fascina su provocación.
-Sí, me gusta.
-Mis posibilidades contigo, se incrementan.

En un alarde de altanería decido ir directa al grano, que deje de andarse por las ramas y hago una pregunta directa.
-¿Eres dominante?
-Creo que sabes la respuesta pequeña, el caso es ¿te gusta que lo sea?
-Sí, me gusta, aunque nunca he estado con uno.
-Que afortunado soy- se burla el muy canalla-
-No lo tengas tan claro, no aquí, no esta noche.
-Lo deseas.
-Pero no soy una más.
-Pero…lo deseas.
-Sí, no voy a mentirte.
-Deja de tutearme, primera regla.
-De acuerdo Señor.
-Vayamos más despacio- vuelve a pasar su dedo índice por otra gota de cera- ¿Te asusta algo de lo que ves?
-No, asustarme no.
-Explícate.
-Solo…me da curiosidad, me resulta interesante, muy interesante.
-Levántate y acércate a mí.
Lo hago sin rechistar, me acerco a él, esperando un mínimo contacto pero nuestros cuerpos se encuentran separados y él camina hasta situarse tras de mí y colocarme frente a la mesa dónde está la vela, coge una de mis manos, mi dedo índice y lo pasa por un resto de cera, me quemo e intento retirarlo pero me sostiene fuerte, no dejando que lo haga, y noto algo abultado rozándose entre mis nalgas.
Intento zafarme de él, pero su cuerpo me lo impide, giro mi cabeza y de nuevo nuestras miradas se cruzan, al mirarle siento como si pudiese adentrarme en toda su profundidad y como si él con su mirada pudiese desnudar mi alma, le deseo y acerco mi boca para besarle y no se retira me deja que le bese pero justo en el momento de retirarme me muerdo el labio inferior causándome un pequeño pero satisfactorio dolor.
-No vuelvas a besarme sin mi permiso.
-Lo…lo siento Señor-agacho la cabeza avergonzada por mi actitud-.
-Muy bien, sabes pedir disculpas.

Noto su miembro presionando contra mi trasero, y cierro los ojos para disfrutar del roce, agacho la cabeza resignada y dejándome llevar por la situación, quiero hacer cualquier cosa que me pida, le deseo y ahora mismo sería toda suya.
Muevo mi trasero para sentirle mejor, grande  y duro, y se retira mientras chasquea la lengua.
-No me provoques, quizás no estés preparada para jugar en mi división.
Me carcajeo, será creído el muy imbécil.
-¿Qué te hace tanta gracia?
-Eres un fantasma ¿lo sabes?
-Será porque puedo serlo pequeña...yo lo valgo.
-Buf, tú no tienes abuela ¿verdad?
-Ve al sofá, ahora y desnúdate.

No se porque obedezco sus órdenes, pero lo hago, lo que me pide, lo hago, me desnudo y me siento en el sofá mientras él observa todos y cada uno de mis movimiento, le seduzco con ellos, coqueteo, le provoco, y veo como pasa su mano sobre su barbilla mientras se muerde el labio.
Espero su siguiente movimiento, veo que coge algo en sus manos y se acerca, son unas pinzas, se agacha y me besa en el cuello, noto sus manos sobre mis pechos y mis pezones se erizan, los pellizca, le miro a los ojos y noto un pequeño clic, las pinzas ahora están puestas, él mantiene mi mirada y noto como coge las pinzas por la base y comienza a tirar provocándome dolor y placer, tira de la base fuerte, cada vez más hasta que las pinzas se sueltan y emito un fuerte gemido, no sé si de dolor o de placer, puede que de ambos.
Ahora baja su boca hacia ellos, los lame, los chupa, los succiona, y estoy húmeda y jadeante, dispuesta, disponible para él, para su placer y el mío.

-Baja del sillón, ponte en el suelo de cuclillas.
Obedezco, hago lo que me pide sin hablar, tengo un nudo que no me deja articular palabra, solo quiero vivir esta experiencia, mi fantasía, mi sueño persistente, ahora mi realidad.
Me coloco de cuchillas y veo que coge otra cosa, se acerca de nuevo y me dice:
-Hoy serás toda mía pequeña.
Saca de una caja un collar con una perla azul en medio y me lo coloca sobre el cuello, en ese instante siento que le pertenezco, que ahora si soy realmente de su propiedad, toda suya.
-Permanece así, ahora vuelvo.
Sale de la habitación dejándome desnuda, con el collar y de cuclillas esperándole, no se cuanto tiempo pasa pero comienzan a pesarme las piernas e incluso se me aflojan un poco cuando siento que abre de nuevo la puerta, entra y ¡madre mía! lleva el pantalón desabrochado y va sin camisa únicamente con la chaqueta de cuero abierta y el pelo despeinado, ¡no se puede ser más sexy!
-¿Qué pasa pequeña? ¿Aún crees que soy un fantasma? –pasea sus manos por su torso ahora denudo y no es para nada un fantasma, es lo que es, el mismísimo diablo en cuerpo de hombre, pura sensualidad y oscuridad, real y de carne y hueso y yo le voy a disfrutar por entero, todo para mí-

-Levántate y colócate de espaldas sobre aquella pared – señala una pared a su izquierda, en la cuál hay una enorme barra de metal en horizontal en la parte alta, voy hacia la pared, me coloco de espaldas y levanto la mirada hacia la barra-
-Levanta las manos y agarra la barra, no la sueltes, no puedes soltarla hasta que yo lo diga.
Hago lo que me pide, me sostengo fuerte, y me repito que no debo soltarla una y otra vez.
Noto sus pasos y su calor tras mi espalda, unas tiras comienzan a resbalar suavemente por mi espalda, es suave, delicado pero cuando menos lo espero me golpea el trasero con ellas, fuerte, duro, y hace que me humedezca más de lo que ya estaba.
Se acerca a mi oído mientras vuelve a pasearlo por mi cuerpo suavemente.
-Es un látigo de cola pequeña, ¿habías visto uno?
-No...nunca he hecho esto.
-¿No?.. Vaya vaya, pues eres muy obediente.
Otro golpe inesperado, ahora sobre mi nalga derecha, más dura que el anterior pero más placentera incluso, ¡buf! Estoy a mil, le deseo, y deseo que me haga de todo.
-Voy a follarte pequeña, me la has puesto muy dura durante toda la noche.
-Haz conmigo lo que quieras
-Así me gusta, toda mía.
-Toda suya Señor.
-Pero no solo hoy, hoy hemos sido suaves, te quiero más noches, puedes ofrecerme mucho más de ti, lo veo, lo sé.
-Todas las noches que desee Señor.
-Buena chica, así me gusta, ahora abre las piernas y no sueltes las manos.
Noto como baja un poco su pantalón, no del todo, sigue con el látigo en la mano, y ahora que pensaba que iba a soltarlo vuelve a golpearme duramente en ambas nalgas, varios latigazos seguidos, uno tras otro y yo jadeo de placer mientras le suplico que me folle.
-No desesperes pequeña, todo a su tiempo.
-Por favor, por favor...
Noto su mano entre mis nalgas y como la pasea de arriba hacia abajo, en su interior, hasta llegar a mi parte delantera, me mete dos dedos, luego tres, y estoy chorreante de placer, por su contacto, por él y para él, me folla con su mano varias veces, y me balanceo para sentirle más profundo sin soltar la barra, siento que puedo correrme en cualquier momento sobre su mano, pero quiero hacerlo con él... no para, sigue follándome.
-Si quieres correrte pídeme permiso.
-No quiero, quiero hacerlo con usted.
-Podrás hacerlo, pídeme permiso ahora.
-Le pido permiso para correrme.
-Córrete ahora.
Le obedezco y me corro sobre su mano, como nunca lo había hecho, puro éxtasis, puro abandono, y aún quiero más.
Saca su mano de mi interior, y me da pena sentir su vacío, hago el amago de soltarme, pero no llego a hacerlo, él no me lo ha ordenado aún.
-Buena chica, suéltate y date la vuelta, arrodíllate ante mi preciosa.
Obedezco, me suelto y me arrodillo quedando frente a su miembro, es grande y pienso que no puede caber ahí y mucho menos en mi boca, temo hacer el ridículo y agacho la cabeza.
-No temas, lo harás genial, chúpala.
Doy un lengüetazo sobre su punta, saboreando su humedad, sabe genial, es puro afrodisíaco, y deseo comérmelo todo, comienzo a chupar, duro, salvaje, mientras sostiene mi cabeza un una de sus manos y me obliga a llevarla más al fondo, más adentro, chupo sin parar y él no puede evitar jadear, noto que se humedece cada vez más tras mis succiones, y pienso en come sería sentir su semen caliente en mi boca, llenándome por que me desea, justo cuando visualizo esa imagen, se retira, dejándome deseosa de más.
-Lo has hecho muy bien, pero para ahora o me correré en tu boca.
-¿Y cuál es el problema?
-Que no es lo que deseo.
-¿Qué deseas?
-Date la vuelta, colócate como antes, manos a la barra y no la sueltes.
Lo hago, vuelvo a mi posición anterior, y noto su pene húmedo sobre mis nalgas, me da un pequeño azote con él.
-Abre las piernas.
-Más, abre más
-Así
Me la mete, dura, fuertemente me penetra provocándome un ligero dolor, un dolor excitante, gustoso, y empieza a follarme duro, haciendo que mis manos quieran soltarse, pero no debo hacerlo, me agarro fuerte y mis nudillos se quedan blancos por el esfuerzo, sus embestidas son tan salvajes que me hacen temblar, me folla, una vez, dos veces, tres veces, y siento que voy a correrme de nuevo.
-Pide permiso pequeña.
-¿Pue...puedo correrme Señor?
-No puedes, debes hacerlo ¡ahora!
Y con sus últimas palabras me dejo llevar por el abandono, y siento que él hace lo mismo, llenando mi interior con su néctar, con su caliente y especial néctar, hecho solo para mí. 








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