viernes, 19 de julio de 2013

JUEGOS DE PERVERSIÓN

             JUEGOS DE PERVERSIÓN

A veces las cosas no son tan simples como parecen, puedes ir caminando por la calle de la mano de tu pareja y la gente observarte pasar.
Por tu apariencia te juzgaran y pensaran de ti que eres una más del montón, una mujer doblegada ante la voluntad de un hombre.
Por lo menos es lo que suele pasarme a mí, es lo que tiene parecer delicada y más si el hombre que te acompaña es un macho alfa que destila pasión por cada poro de su piel.
Acabamos de salir del cine, es nuestro día libre y siempre nos gusta aprovechar el tiempo al máximo, pasamos el día fuera de casa, paseamos, comemos, vemos una película y luego regresamos a nuestro hogar.

Al llegar a casa comienza lo interesante de verdad, vale la pena posponer durante todo el día este momento, lo hacemos una vez al mes, un día cualquiera en el que nuestros horarios se acoplan y podemos atendernos mutuamente sin importar lo que sucede a nuestro alrededor.
Entramos en  el interior de nuestro hogar y me crezco, mi postura se vuelve más agresiva, más poderosa y él me observa risueño a sabiendas de lo que va a pasar, entonces comienza el juego.

-Desnúdate y ponte a cuatro patas perrito.

Él me obedece, primero se desprende de su ropa y luego se pone a cuatro patas mientras me observa.

-¿Te he dado permiso para mirarme?
-No Ama.
-¡A LA MAZMORRA AHORA!
-Si Ama.

Se aleja gateando a través del pasillo hasta llegar a la puerta del fondo donde se encuentra la mazmorra, sabe perfectamente que no tiene permiso para entrar,  así que me espera, pero yo me hago de rogar.
Subo a nuestra habitación, me calzo mis botas altas acordonadas y me pongo un corsé negro que deja mis pechos al descubierto, estoy sexy me agarro los pechos y me observo en el espejo.

Bajo las escaleras con cuidado de no tropezar, me meto en mi papel, dominante, poderosa y voy hacia la mazmorra donde mi perrito me espera.
Permanece inmóvil a cuatro patas, con la cabeza gacha y la vista clavada en el suelo donde ahora se encuentran mis zapatos, abro la puerta y le clavo la punta del tacón en la espalda señal que le invita a entrar dentro, lo hace, gatea y se adentra en las sombras de la habitación.
Comienzo a encender las velas que tenemos colocadas por toda la estancia y el olor a cera se incrementa con cada llamarada, cojo un collar con una cadena de metal y lo coloco sobre su cuello a la vez que intento humillarle ofendiendo su hombría.

-¿Qué se dice perrita?
-Gracias Ama.
-Muy bien, sigue a cuatro patas.

Voy a por una cuerda para atar sus manos a su espalda, se las amarro de forma que queden tirantes y puedan dejar marcadas sus muñecas.
Una vez amarrado tiro de la cadena del collar a la vez que le humillo diciéndole palabras como capullo, gilipollas, perrita pervertida o putita, con cada tirón de la cadena una palabra y por cada palabras un nuevo gracias.
Le ordeno que se incorpore, se levanta y me observa desafiante, pero para chula yo, este muñequito no sabe con quién juega, le quito la cuerda de las manos.

-A la cruz ahora.

Se coloca en la cruz y le esposo las manos y los pies para que no pueda moverse, levanto una de mis seductoras botas y pisoteo un poco su erección a la vez que le sonrío, cojo una de las velas y comienzo a quemar su cuerpo, la cera baja por su torso desnudo, es musculoso pero no de manera exagerada, es sexy de belleza apoteósica y por un momento dudo de mi postura y me planteo dejar de actuar así, pero no le daré ese gusto, le llevaré hasta el límite, explotaré su parte sumisa hasta donde me deje llegar.

Es duro, a pesar de la cera caliente permanece en silencio, pero su erección me dice que le gusta lo que le hago, y me encanta verle tan caliente y esposado, sin poder tocarse, conteniendo todo su placer.
Cojo una fusta y comienzo a golpearle, paro, me dirijo hacia su boca y mientras le agarro la mandíbula le beso, un beso que dice aquí mando yo, mientras le beso sonríe contra mi boca y empiezo a temblar pero me recompongo rápidamente.
Le quito las esposas de las manos y pronuncio una nueva orden que acata eficazmente.

-Arrodíllate ante mí y lame mis botas perrita.
Así lo hace me chupa los zapatos y yo disfruto de su humillación y a sabiendas de que no durará eternamente me recreo en ella, tiro de la cadena de su collar y le obligo a mirarme.
-Agradéceme que te deje lamer mis botas.
-Gracias Ama por dejarme lamer sus botas.
-Levántate

Se levanta y vuelve a su posición sobre la cruz, se acerca el momento clave, el momento el que cruzo esa línea que no me perdonará, el momento en el que vuelvo a mi esencia original, le doy una bofetada y le escupo sobre el torso.
Su inerte mirada se clava en mis ojos, no habrá perdón posible, nunca lo hay y entonces pronuncia su palabra de seguridad.

-Venganza.

Le quito las esposas de los pies, y me arrodillo ante él, a la espera de que tome el control, el que siempre tendrá sobre mí y el que tan solo me cede durante una sesión una vez al mes.
Se quita el collar y me lo pone, tira de la cadena y me pregunta:

-¿Te lo has pasado bien muñeca?
-Mucho Amo.
-Sabes lo que viene ahora ¿verdad?.... Venganza.
-Sí Señor, juegue conmigo, perviértame, suya soy.
-Bien muñeca, te mereces unos buenos azotes por todo lo que has hecho, pero sobre todo te mereces que te folle duro y fuerte y que no te deje llegar al orgasmo, quien sabe quizás hoy te vayas calentita a la cama…
-No por favor mi Señor, le deseo, hágame lo que quiera pero le deseo.
-Aquí el que manda soy yo, y yo decidiré si te follo o no te follo ¿entiendes?
-Si mi Señor, comprendo perfectamente.

Agacho la mirada, triste y perdida, no deseo otra cosa que no sea sentirle y llegar al clímax junto a él.
Tira del collar para que mi levante y me empuja para que mi espalda quede apoyada contra la cruz en la que se encontraba él con anterioridad, yo permanezco muy quita mientras esposa mis manos y coge el flogger que cuelga a un lado de la cruz, con él golpea mis pechos descubiertos duramente haciendo que se ericen mis pezones, que se pongan duros y morados.
Se acerca y me agarra de la mandíbula mordiéndome en los labios, se aleja y me observa.

-Mmmmm sexy, muy sexy y mira que dura me la pones muñeca- se agarra el abultado miembro con la mano pero es tan grande y ostentoso que no logra cubrirlo por entero-

La boca se me hace agua mientras le miro, me chupo los labios deseosa de que me toque, pero no lo hace, no se acerca, solo me observa, mientras comienza a masturbarse ante mis ojos.
Pasea su mano de arriba hacia abajo, y cada vez le deseo más, y lo sabe, sabe que lo ansío y por eso me tortura sin poder tenerlo.

Se acerca con el flogger en la mano y vuelve a golpearme en los pechos consiguiendo con ello que se incremente mi humedad interior, lleva unas pinzas en las manos, pinzas de madera, no sé en qué momento las habrá cogido estaba tan centrada en su figura que no me he dado cuenta también tiene una pequeña pintura de labios, creo que todo esto lo tenía pensado porque no se en qué momento se ha preparado para ello.
Tira el flogger al suelo, me coloca las pinzas en los pezones y con la pintura me pinta los labios, rojo puta es como yo denomino dicho color.

-Eres toda una putita ¿lo sabes?
-Si Amo, su putita.
Con la pintura escribe sobre uno de mis pechos “MÍA”, con esa palabra me pierdo en la ensoñación de que me folle, duro o como quiera, pero que lo haga.

-¿Quieres que te folle muñeca?
-Sí, lo deseo
-¿Y cómo se piden las cosas?
-Por favor mi Señor fólleme como solo usted sabe hacerlo, se lo suplico.
-Buena chica, aunque creo que estoy siendo demasiado permisivo contigo después de lo de antes…
-Si mi Señor.
-¿Ah sí muñeca? ¿Lo crees? Vaya parece que me pides más caña.

Ya no se ni lo que digo de lo caliente que estoy, así que opto por no abrir más la boca y que haga lo que le apetezca con el cuerpo que le pertenece, mi cuerpo.
Se acerca a mí, me muerde en el hombro mientras con su mano baja hacia mi clítoris, comienza a tocarlo haciendo círculos y baja uno de sus dedos para adentrarlo en mi interior, luego otro y otro más, con el pulgar hace círculos mientras me penetra con los dedos, y estoy demasiado caliente, tanto que creo que puedo correrme y mojar el suelo.
No lo hago, no alcanzo el clímax por que justo en el momento oportuno se retira, dejándome a las puertas de las puertas del delirio.

-No puedes correrte hasta que no me pidas perdón y permiso.

Menudo sufrimiento, no aguanto más, aprieto mis muslos y el simple roce puede hacerme estallar, pero deseo sentirle dentro, miro su miembro y lo veo brillar, muestra de su deseo por mí, me chupo el labio superior mientras sigo observando.

-Pareces hambrienta muñeca.
-Sí Señor, tengo hambre, hambre de usted.

Esa frase le vuelve loco, se agacha y quita las esposas de mis pies, se coloca entre mis piernas y me hace cabalgar sobre él, en esta postura me llega muy adentro, tanto que incluso duele, es tan grande que me pierdo entre el dolor el placer sin saber diferenciarlos.
Me penetra, mi cuerpo sube y baja sobre su miembro, y mis pechos quedan ante sus ojos, los mira con lascivia, pura lujuria, me siento como afrodita ante sus ojos y le suplico que me deje correrme, le pido perdón y cuando de su boca salen las palabras puedes correrte, me corro sobre él, sobre su miembro erecto que me llena y él me sigue, perdiéndose en mí.
Apoyo la cabeza sobre su hombro, aún sigo con las pinzas en los pezones y comienzan a hacerme daño, me muevo inquieta a pesar de que sigue llenándome.
Levanto la cabeza para que nuestras miradas se encuentren, suplicándole con mis ojos que me libere de las pinzas, mis pezones están hipersensibilizados  y él no me los quita sutilmente si no que tira hasta que se sueltan produciéndome un terrible dolor que calma con sus besos.

-Vamos a la ducha muñeca.


Quita las esposas de mis manos y me agarro a su cuello, me sostiene y me lleva cogida hasta el baño, me acurruco contra su cuello dándole un pequeño beso mientras le digo cuanto le amo.





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