martes, 23 de julio de 2013

HAZME TUYA PARA SIEMPRE


HAZME TUYA PARA SIEMPRE

La pérdida, el vacío, es algo que conozco, sentimientos con los que convivo desde los dieciséis años.
Ahora a mis veintitrés soy una mujer fuerte y capaz pero dichos sentimientos no me han abandonado nunca.

Soy bailarina, pero no una cualquiera, bailo ballet clásico pero también por las noches me transformo y dejo de ser esa muñequita delicada de porcelana con mallas y zapatillas de punta.
La música es lo único que consigue que evada mi realidad, por eso a menudo me pierdo en las diferentes melodías dejándome arrastrar a otro mundo de ensoñación.

Bueno la música era lo único…hasta que le conocí.

Hace un año que comencé mis clases en una prestigiosa academia de ballet en Milán, me cuesta mucho costeármela para ello trabajo de bailarina de barra americana por las noches en un local de moda, no me gusta demasiado mi trabajo aunque lo mejor es poder bailar con libertad y ganar dinero mucho dinero por tan solo un número de baile, no llego a mostrar todo lo que soy pero insinúo bastante y con ello no me encuentro demasiado cómoda.

Hoy tengo una jornada agotadora, primero clases en el centro y luego trabajo en el local, debo sustituir a una de las camareras así que hoy aparte de bailar me tocará servir y teniendo en cuenta lo torpe que soy con una bandeja en la mano tenemos un problema.

Me levanto de la cama y voy al servicio para asearme y vestirme, en una hora tengo mi primera clase con Fabio, el profesor más entregado y más apetitoso que nunca he conocido, es fantástico.
Su voz me nubla los sentidos y verle bailar es como tener un orgasmo continuo, es maravilloso tanto física como personalmente, una delicia.

Hoy no se me apetece coger ningún transporte público así que camino con mi Ipod atravesando las calles y esquivando a la gente hasta llegar a la academia, la voz de Gabrielle Aplin me traslada a otro lugar, uno lejano, “The power of love “es una de mis canciones favoritas pues ante todo nunca pierdo la fé en el poder del amor para curar mi alma solitaria y vacía.

Llego al centro y entro en mi clase, Fabio está estirando y esperando a que lleguen el resto de los alumnos, me siento en el suelo y comienzo a calzarme mis zapatillas de punta, me incorporo y comienzo a estirar con la barra cuando se acerca y pone sus manos en mi cintura, me agarra y me dice al oído, siempre alegras mis mañanas, en ese momento miro hacia el suelo para ver si se me han caído las bragas pero no parece que siguen en su sitio.

La clase transcurre con normalidad, esos comentario son típicos en él aunque yo nunca me acostumbro a oírlo y tampoco creo que sea la única a la que se los dice.
El resto de la mañana pasa rápidamente, cuando un corazón se siente como el mío vacío y solitario pocas cosas pueden llenarlo e iluminar su camino, por lo que para mí excepto la clase con Fabio el resto es sombra, oscuridad así que procuro que pase lo más rápido posible.
Vuelvo a casa y me recuesto un poco en el sofá, dejándome llevar por el sueño más profundo.

Estoy en una sala grande, rodeada de espejos, hay poca luz, sombras y oscuridad, una silueta de un hombre que me observa y dos cuerdas que cuelgan del techo, las sostengo cada una con una mano y comienzo a bailar bajo la atenta mirada de ese desconocido, no puedo soltarme de las cuerdas pues miro al suelo y solo hay profundidad, vacío, el hombre que me observa da un paso hacia delante y dice “nunca permitiría que cayeses” “nunca”…



Me despierto bañada en sudor, se perfectamente a quien pertenece esa voz, aunque no he visto su rostro, le reconozco…es él, ahora también en mis sueños.

Es hora de prepararse para ir a trabajar, me doy una ducha rápida y me pongo uno de mis sexys trapitos, mostrando un poco de carne pero nada excesivo.
Llego al local quince minutos antes de mi hora, mi adorado jefe y sí digo adorado aunque suene raro está esperándome, es muy generoso con mi sueldo y me trata estupendamente bien quitándome a babosos y pesados de encima.

A las once y media abrimos las puertas a nuestra audiencia, ya hay cola para entrar, casi todos hombres mayores de treinta, algún grupo de chicos jóvenes y alguna chica a la que le pica la curiosidad.
La primera en hacer su número es Yanela mientras yo voy sirviendo por las mesas contoneándome de la mejor manera que sé para qué me dejen buenas propinas,  faltan cinco minutos para mi número, comienzo a prepararme con mi pelo suelo casi por las nalgas, es muy útil para cubrir mis pechos cuando llega el momento de desprenderme de la parte superior,  la inferior nunca, nunca me la quito.

Comienza mi número y me agarro a la barra, la acaricio de arriba hacia abajo y me agacho para quedar de cuclillas ante la mirada del público, doy una vuelta y comienzo a bailar con ella, es mi pareja cada noche, mi compañera, la seduzco, me deslizo por ella, me subo y una vez que mis piernas están enganchadas me lanzo hacia atrás quedando boca abajo, suelto mis manos y me quito el sujetador, por un momento mis pechos quedan al descubierto, vuelvo a incorporarme y ahora mi pelo cae sobre ellos, los cubre y les invita a pensar en lo que han visto con anterioridad.

Sigo con mi baile y me paro en seco ante una de las miradas, decepción y a la vez deseo, odio pero a la vez anhelo, es lo que veo  en sus ojos… Fabio está en medio del local observándome y su pose y todo él no saben si matarme o follarme en uno de los camerinos.
Levanta un billete de cien euros en una de sus manos ¿pero de qué va? ¿se cree que me vendo por cien euros? Gilipollas, la lleva clara.

Sigo bailando, gateo por el suelo hasta llegar a uno de nuestros clientes me siento y abro las piernas ante él, se le hace la boca agua y cuando intenta tocarme ahí las cierro, intentó escabullirme pero le he provocado demasiado así que me agarra del tobillo impidiendo mi marcha.
Todo pasa demasiado rápido, veo la cara de ese hombre ensangrentada y a Fabio tirando de mí para sacarme del local mientras mi jefe grita ¡Despedida!

Estoy en la calle, casi desnuda y con la feroz mirada de Fabio taladrándome pero sobre todo es un caballero y al ver que me encojo de frío y vergüenza abre la puerta de su coche aparcado frente al local y me invita a entrar, una vez dentro me da una pequeña manta que tiene en su asiento trasero, me cubro y agacho la cabeza avergonzada.

-¿De verdad necesitas hacer eso?- me pregunta-
-Sí, necesito el dinero- respondo sin mirarle a la cara-
-¿Por qué no me lo has pedido?
-¿Cómo? Eres mi profesor…
-¿Y? También soy yo, al que llevas aquí- me clava su dedo índice en el corazón-
-¿Cómo?
-¿Crees que no me he dado cuenta de cómo me miras? Y bueno… ¿Acaso no te has dado cuenta de cómo te trato?...hoy te he seguido, quería, necesitaba decírtelo, llevo seis meses conteniéndolo y  no puedo más, sé que ambos sentimos lo mismo y al verte así, desnuda ante las lujuriosas miradas me has defraudado.
-Lo siento Fabio, lo siento mucho.
-Eres una gran bailarina y ahí estas desperdiciando tu talento, podrías bailar en cualquier otro lugar, hacer lo que te gusta, aquello con lo que disfrutas.
-Con esto también disfruto, me gusta que me miren.
-¿Ah sí? Eres de esas entonces…
-No sé a qué te refieres pero llévame a casa seguro que sabes mi dirección- le acuso-
-No, te voy a llevar a otro sitio, un lugar que te va a encantar según lo que acabas de confesarme.
Opto por callarme y que me lleve donde le venga en gana, no quiero discutir con él, solo quiero que pasen las horas y llegar a casa.
-¿Cuánto hace que no hechas un buen polvo?- me pregunta directamente-
-A ti que te importa.
-Seguro que mucho, si es que has tenido un bueno alguna vez, no te preocupes eso va a cambiar esta noche.
Será creído…
-No voy a acostarme contigo.
-Veremos.
-No hay nada que ver, no lo haré.
-¿Seguro? Al final de la noche me suplicarás que te folle.
-Sigue soñando.
-Vaya carácter, antes parecías mucho más entregada, no será que.. ¿Tengo que sacar de nuevo el billete?
-GILIPOLLAS

Él se carcajea en el coche y me siento idiota porque me contagia su risa, acaba de preguntarme claramente si lo que necesito es dinero para acostarme con él y yo me río, esto no puede ser normal.
Llegamos a un callejón oscuro, una puerta de metal se encuentra justo en su mitad, me bajo del coche con la manta y lo miro pidiéndole una explicación que no llega.
Saca una llave de su bolsillo trasero y abre la puerta, es una sala enorme llena de espejos, como la de mi sueño, oscura y tenebrosa pero a la vez sensual.
Entramos y enciende unos focos dando un poco más de luz.

-Bailemos, quítate la manta.
-No.
-Dame tu mano, déjate llevar, ¿sabes volar?
-No.
-Yo te enseñaré a volar.
Pero que tonterías más grandes está diciendo, ha perdido la cabeza, aun así le doy la mano y dejo la manta caer, mi pelo cubre mis pechos pero de nada sirve igualmente me siento indefensa.
-Bailemos.

Acepto y empezamos a bailar, cuerpo contra cuerpo pero no piel con piel, baja su boca hacia la mía y me besa, le dejo que lo haga, sus labios son dulces nada salvajes y eso me gusta, no solo me siento deseada si no también querida.
Llevo mis manos a su camisa y comienzo a desabrochar los botones, mira mis manos y como lo hago tan despacio se la arranca haciendo que salten todos los botones a nuestro alrededor, ahora bajo hacia su cinturón, se lo quito y una vez lo tengo en mis manos lo coge y me dice:

-Pon las manos en la espalda.

Lo hago aunque no entiendo bien porque, entonces me da la vuelta y me amarra las manos con su cinturón impidiéndome moverlas, impidiéndome acariciarle.

-No vas a tocarme, has dicho que no querías acostarte conmigo ¿verdad?
¡Mierda!
-Si lo he dicho.
-Suplicarás, recuérdalo.
-Me has dicho que  te gusta que te miren y a ti ¿te gusta mirar?
-No sé a qué te refieres.
De repente uno de los cristales se vuelve traslúcido y tras él se ve a dos parejas, una de mujeres y otra de un hombre y una mujer….¿sometiéndose?.. Oh oh, esto a mí no me va… no me gusta el dolor.
-No me gusta el dolor.
-Pero te gusta mirar y que te miren, además no estoy de acuerdo con respecto a lo del dolor, eso es solo una variable solo hay que saber lo que estas dispuesta a soportar.
-No me gusta el dolor.
-Veremos
-Sí que te gusta esa palabrita ¿eh?
-Cállate y mira, obedecer se te da muy bien.

¡GILIPOLLAS! Evidentemente no se lo digo pero no dejo de pensarlo, es gilipollas.
La verdad es que me está excitando mirarles, ver las cosas que hacen, como se comparten y el hombre parece muy experimentado, aunque una de las mujeres también.
Fabio me observa mientras miro y se quita el pantalón, deseo tocarle y empieza a molestarme el dichoso cinturón.

-Recuérdalo, suplicarás.

Me siento como en un cine gigante viendo una película porno de BDSM, nunca pensé que me interesaría esto y mucho menos que me agradaría mirarlo.

-Te gusta, lo sé.
-Sí, no me desagrada.
-¿Quieres palomitas?
-¿Ahora también me lees la mente?
-No, solo que me he preocupado por conocerte lo suficiente y sé cómo piensas.
-Si sabes como pienso, sabrás que nunca suplicaré.
-Como sé cómo piensas, sé que lo harás.

Mil veces ¡GILIPOLLAS! Pero será creído.
Se acerca a mí y vuelve a besarme, no puedo impedírselo porque mis manos siguen atadas pero intento morderte y es él quien agarra mi labio duramente.

-No vuelvas a hacerlo o perderás- me dice sobre mi boca-

Una de sus manos se encuentra sobre uno de mis pechos y me pellizca los pezones y no puedo evitar girar la cabeza para observar a la otra sale, soy una voyeur y me muero de deseo por este gilipollas.
Me baja la braguitas negras y me deja completamente desnuda solo me quedan los zapatos de tacón.
Y mientras observo de nuevo, él sigue acariciándome los pechos y quiero tocarme pero sigo atada, seguro que ese era el plan.
Frustrada y cachonda así me siento y empiezo a dudar de mí, creo que acabaré suplicando.

-Lo harás.
-¿Cómo?
-Suplicarás.
-Pero….
-Solo lo sé.

Vuelve a besarme y ahora baja su otra mano hacia mi entrepierna, empieza a tocarme metiendo un dedo, luego dos y finalmente tres.
Me pellizca los pezones mientras me folla con la otra mano y ambos miramos al cuarto de al lado.

-Esta sala la diseñé yo, la sala de los espejos es mía, me gusta mirar, por eso hice que se creasen otras salas tras ellos, a veces invito a gente de mi circulo a jugar y ellos saben que quizás yo les esté observando, eso les da morbo.
-Ya veo… pero…
-No, ellos nunca saben cuándo yo estoy aquí.
-Hazme tuya.
-Suplica
-Te lo suplico, hazme tuya.
-Sabía que lo deseabas, pero no te quiero solo para esta noche, quiero que seas mía para siempre, te he esperado mucho tiempo.
-Lo seré, hace tiempo que mi corazón te pertenece, hoy te entrego mi cuerpo.
Comenzamos a besarnos y él acaricia mi pelo con la mano que antes tenía sobre mi pecho, la otra sigue en el mismo lugar, escondida en mi profundidad y cuando siento sus dedos penetrándome creo que en cualquier instante voy  a dejarme llevar y cierro los ojos.
-Para, no lo hagas, quiero que sientas esto dentro de ti –se agarra su duro pene-
-Yo deseo sentirlo, mételo en mi interior Fabio.
-Será para siempre.
-Así deseo que sea.

Ambos nos perdemos en la pasión, no es duro pero tampoco suave, se nota que hay cariño, un sentimiento y creo que él no quiere asustarme, aún no estoy preparada para adentrarme de todo en su mundo y lo sabe, por esta noche pase, pero sé que vendrán muchas más, noches en las que me entregaré a él y seré suya, en las que me someterá y me exhibirá.

Y esas noches las compartiré con vosotros así que estad atentos que aquí no acaba esta historia.




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