jueves, 18 de julio de 2013

FERVIENTE SUPLICIO

                                                           FERVIENTE SUPLICIO

Es una tarde fría de invierno, el hombre de mis sueños se encuentra prendiendo el fuego de la chimenea mientras yo preparo un té caliente.

Me dirijo al armario y cojo una manta, la tiendo en el suelo, a su lado y le ofrezco la taza de té, al cogerla se quema los dedos y maldice por lo bajo, a mí me hace gracia y le dedico una pequeña y delicada sonrisa, nos sentamos frente al fuego viendo las llamaradas calentar nuestro hogar, por la ventana se ven pequeñas gotas de lluvia resbalando, si alguien pudiese echarnos un vistazo diría que la imagen que ofrecemos es la de una pareja enamorada que comparte momentos dulces y cariñosos y aunque a veces lo hacemos, nada queda más lejos de la realidad, sí somos una pareja enamorada pero también somos diferentes, nos pertenecemos el uno al otro y eso no se puede observar a simple vista, no a través de un cristal.

Me levanto y camino hacia nuestro dormitorio, no pronuncio palabra alguna, solo se oye el fuego chispeante, y él se encuentra con la mirada perdida en dicho ardor.

Al regresar llevo algo en la mano, se lo ofrezco y lo coge, una vez en su mano, con dos dedos lo mueve de un lado al otro.

-¿Quieres jugar gatita?
-Si Amo
-Ven aquí

Doy un paso hacia él, pongo mis pies descalzos sobre la manta y me arrodillo quedando a su altura, en ese momento él pone sobre mi cuello el collar que con anterioridad le había entregado, mientras me lo pone me da un beso en los labios, creo que será lo único dulce de la velada.

-¿Podríamos jugar aquí?
-Gatita…. cierra tu boquita, jugaremos donde yo lo diga.
-Sí mi Señor, donde usted diga.
-Ahora desnúdate, ve a la cocina y siéntate en la encimera, pon tu bonito culo sobre la fría encimera, ahora.
-Sí mi Señor.

Me dirijo sigilosamente a la cocina, y me coloco como él me ha solicitado, él me sigue, está muy guapo con ese vaquero desgastado y esa camisa blanca que se ajusta a su piel.

Veo que coge el termo del té y automáticamente sé lo que pretende, me va a hacer pagar por haberme reído de él, quita la tapa y se ve el humo salir, el olor especiado, la canela, invade mis instintos, y cierro los ojos dejándome llevar, noto como se acerca y con una mano sostiene uno de mis muslos para que me quede completamente quieta, permanezco con los ojos cerrados, esperando su reacción y de repente noto el líquido caliente bajando sobre mis pechos, erizando y quemando mis pezones, se endurecen y duelen, pero me gusta, él baja su boca hacia ellos y los lame, calmando el incipiente dolor, noto las gota cayendo desde el ombligo hasta mis partes más íntimas, el calor ahora es menos doloroso, abro los ojos y me encuentro con su rostro frente al mío.

-Gatita… No vuelvas a reírte de mí.
-No Señor, no lo haré.
-Muy bien, buena chica, ahora vete al salón, apaga el fuego, recoge la manta y guárdala en el armario.

Hago lo que me pide, rápidamente lo recojo todo mientras él me observa desde la cocina, estoy expuesta ante sus ojos, y me siento única, deseada, y poderosa, sé que sería capaz de hacer cualquier cosa que ese hombre me pidiese, cualquiera, porque soy toda suya y le pertenezco en cuerpo, mente y alma.

Cuando termino, doy dos pasos hacia él, a la espera de una nueva orden, pero antes de que llegue a su altura, levanta su mano haciendo que me pare, sus ojos recorren mi cuerpo, de arriba hacia abajo, e incluso los veo brillar de deseo.

-Colócate con las piernas abiertas y las manos sobre la encimera, no las muevas.

Hago lo que me pide, con las palmas abiertas sobre la fría encimera, y las piernas abiertas, espero y extraño su contacto, pasa bastante rato y no llega, él se ha sentado en el sofá a leer un libro y me ha dejado jadeante y a la espera, es injusto como puede mangonearme de esta manera, pero no le doy el gusto de moverme, no me muevo y espero a que él venga a mí, noto que estoy húmeda incluso unas pequeñas gotas resbalan por el interior de mi muslo, estoy muy caliente, muy excitada, y la espera se hace interminable.

Tras unos minutos más de espera, noto sus pasos, y agacho la cabeza entre mis hombros, visualizando así sus pies descalzos a la altura de mis tobillos, cierro los ojos pues el deseo se apodera de mí, y en ese instante me pega una fuerte cachetada en la nalga derecha, y otra más, y ahora en la izquierda, así hasta quince, yo aguanto, me tiemblan un poco las manos, mi cuerpo se estremece, pero lo llevo bien, ahora el calor es más latente, se separa un poco de mí y escucho como saca algo de uno de sus bolsillos traseros, no me atrevo a mirar, la incertidumbre hace que el deseo sea más ferviente y noto algo suave acariciando mis nalgas, de pronto un golpe fuerte hace que mis pechos se posen sobre el mármol frío, está utilizando una pala, nuestra pala favorita.

Me acaricia y luego me golpea, una y otra vez y yo solo emito pequeños gemidos, me tira del pelo para que separe los pechos, y posa su boca sobre el lóbulo de mi oído provocándome y mordiéndome, comienza ha adentrar sus dedos en mi interior, me mete uno, luego otro, y otro más y estoy a punto de alcanzar el clímax pero él se retira.

-Date la vuelta gatita.

Obedezco, él me levanta y  me sienta sobre la encimera, abre mis piernas y agacha su cabeza hacia mi monte de venus mientras pellizca mis pezones duramente, comienza a lamerme por entero, siento que estoy cerca, muy cerca, y con dos fuertes tirones más sobre mis pechos, estallo en mil pedazos sobre su boca, el éxtasis se apodera de mí, pero aún quiero más, necesito más de él, se incorpora y se desabrocha un botón del vaquero, saca la camisa por sus brazos, quedando semi desnudo ante mí, le deseo….mucho.

Completamente desnudo, se acerca hacia mí, ya casi he conseguido recuperarme del orgasmo anterior, y deseo sentirlo dentro, piel contra piel, inundando mi interior con todo su semen, caliente, chorreante, todo por y para mí.

Él desea seguir jugando, pero yo no soporto no sentirle ni un segundo más, se lo suplico varias veces, y entonces se apiada de mí  y me da lo que necesito, entra en mí con una clavada rápida y dolorosa, me da dos cachetadas sobre los pechos, y empieza a penetrarme como un salvaje, cada vez le noto más grande en mi interior, se acerca y me muerde el labio inferior, pega un pequeño tirón que resulta bastante doloroso, con su mordisco hace que estalle de nuevo sobre él, entonces se aleja, se separa y noto su vacío.

-Gatita, al suelo, ponte a cuatro patas ahora.
-Sí Señor.
Obedezco inmediatamente, estoy a cuatro patas esperando por él, se acerca.
-Incorpórate un poco, chúpamela.

Me la meto en la boca y noto nuestros sabores entremezclados, mis labios hinchados se amoldan a su miembro, la mezcla de sabores me resulta exquisita  porque es de nosotros, suyo y mío, nos pertenecemos.

Me agarra del pelo y me incita a que la meta más adentro, lo hago e incluso siento que está llegando a un límite impenetrable, entonces la siento dura e hinchada y mis labios rodeándola, creo que es su momento y pienso en cómo me gustaría que se corriese sobre mis pechos y parece haberme leído la mente porque justo en el momento adecuado se retira y se corre manchando mi piel, mis pechos y un poco de mis labios.

Paseo mi lengua por los restos de mis labios mordiéndolos seductoramente, me gusta su sabor, cojo un dedo y lo paso por las gotas de semen que han caído sobre mis pechos, me lo llevo a la boca, lo chupo intentando provocarle de nuevo, me gusta ser una gatita provocadora, una muy mala, y sé que a él también le gusta, se acerca y me propina una sutil y no muy dura cachetada para que sea consciente de que no debo desafiarle, agacho la mirada hacia el suelo mientras acaricia mi cabello y pronuncia sus últimas palabras.

-Has sido una gatita muy buena.






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