lunes, 29 de julio de 2013

DELICIOSO TORMENTO

               DELICIOSO TORMENTO

Siempre ha sido mi mejor amigo, siempre ha estado en los peores y mejores momentos de mi vida pero nunca he sido capaz de contarle el porqué de mi falta de relaciones, el porqué de no tener una vida sexual activa, el porqué de que ningún hombre me guste y me atraiga lo suficiente.

Él muchas veces ha pensado de mí que me gustan las mujeres y no le encuentra explicación alguna a que nunca haya tenido una relación sexual con ningún hombre a pesar de mis veinticuatro años.

Mi razón se la oculto porque tengo miedo a lo que pueda pensar de mí, la verdad es que no he conocido a ningún hombre que se adapte a mis necesidades, la mayoría son niñatos que buscan el placer de echar un polvo sin más, yo necesito más, necesito sentirme deseada, valorada y es esa necesidad interna la que no me deja conformarme con menos, pues sé que en algún lugar existe ese hombre, el hombre que necesito y al que me entregaré por primera y última vez, un único hombre al que perteneceré para siempre.

Ian es fantástico no solo mi mejor amigo desde la infancia sino también mi vecino, por eso siempre andamos juntos, podría enamorarme de él, de hecho hemos tenido nuestro rollito, pero no lo veo tomando el control sobre mí por eso nunca le he dado la oportunidad de tener una relación más allá de la amistad y no será porque el pobre no lo haya intentado.

Yo se que él no me ve como una simple amiga y a pesar de que es maravilloso también  es un mujeriego y no creo que pueda adaptarse a mis necesidades.

Llevo mucho tiempo pensando en contarle la verdad de mis sentimientos, lo que pienso con respecto a las relaciones pero tengo tanto miedo a su rechazo que cada vez que decido hacerlo hay algo que me tira para atrás.

Hoy será ese día, el día en que le confiaré mi verdad y espero que la respete a pesar de que no la comparta.

Esta noche le he invitado a cenar a casa, ya no vivimos en el pueblo, ahora ambos vivimos en el centro pero seguimos siendo vecinos, vivimos en el mismo edificio yo sola y él con un compañero.

Cuando vinimos al centro para estudiar me propuso que viviésemos juntos pero yo por miedo a que la convivencia estropease nuestra amistad no lo acepté, de hecho soy algo tiquismiquis y por eso vivo sola desde entonces.

Ambos seguimos estudiando, estamos en nuestro último año y a duras penas tenemos tiempo para vernos y quedar para hacer algo juntos, pues entre exámenes, prácticas y trabajos es complicado, pero siempre nos saludamos y nos tomamos juntos el café mañanero justo antes de ir a la facultad.

Hoy le he mandado un sms, ha llegado el día, hoy me siento capaz y  voy a sacar el valor para ser sincera:

“Ian cena en mi casa hoy a las 9.Bss”

Su respuesta instantánea me hace sonreír:

“Nena habrá conejo para cenar?”

A lo que contesto:

“Calla pervertido, si quieres conejo ve a casa de tu madre”

No se hace esperar y responde:

“Yo quiero conejo así que si hace falta vas a casa de mi madre y lo buscas;) jaja. Nos vemos a las 9 nena”

Decido no contestarle más o podríamos estar así durante horas y no me dará tiempo de hacer la compra y preparar la cena.

Dos horas después y tras largas colas de espera en el supermercado estoy en mi apartamento preparando todo para esta noche, nunca tengo citas así que he aprovechado la ocasión para recrear lo que sería una cita perfecta y que mejor compañía que la de Ian mi mejor amigo.

El espacio ha quedado acogedor, luz tenue, velas rojas sobre un mantel blanco, platos negros decorados con motivos rojos, todo muy sensual e íntimo, seguramente se sorprenderá y pensará que esta noche finalmente comerá conejo, mi pensamiento me hace sonreír, pero no será así, solo necesito esta intimidad para confesarle de una vez por todas mi verdad.

Faltan treinta minutos para que llegue y nunca se ha caracterizado por ser puntual así que me da tiempo de una ducha rapidita, pongo algo de música de fondo, una de mis favoritas River Flowers in You de Yiruma, dejo la música sonando y me adentro bajo el agua.

Las gotas caen sobre mi desnudo cuerpo, un cuerpo anhelante de contacto, deseoso de que unas manos lo acaricien y lo traten con veneración.

Me acaricio los pechos, los enjabono y sigo bajando hasta que meto mi mano en mi entrepierna, deslizo los dedos entre ella y cierro los ojos mientras me abandono al placer pero no dejo que llegue justo en el momento álgido me paro, nunca he tenido un orgasmo, quiero que mi primer orgasmo también sea suyo, de ese hombre al que me entregaré en cuerpo, mente y corazón.

Salgo de la ducha, triste y desesperanzada, me pongo uno de mis vestidos y me recuesto en el sofá con el pelo aún chorreando por mi espalda y una copa de vino entre mis dedos.

Una lágrima cae por mi mejilla cuando escucho el timbre que me saca de mi letargo, la limpio y abro la puerta.

Ian está hermoso, como siempre y encima es especial, amigo, compañero, humano y sensual muy sensual aunque a veces puede resultar un poco burro.

-¿Dónde esta ese conejo nena? ¡Estoy hambriento!
-Que burro eres, entra anda.

Entramos en el apartamento y la cara de mi amigo es todo un poema cuando ve la que tengo preparada.

-Uy nena no me digas que todo esto es para mí... acaso pretendes... ¿seducirme?-del modo burro pasa al modo coqueto lo cual me hace sonreír y olvidarme de mi tristeza interior-
-No digas chorradas, a ti te seduje hace tiempo sin necesidad de veladas románticas.
-En eso tienes razón, siempre seré tuyo.
-Ián no empieces con eso de nuevo ya sabes que yo...
-Nena, no se nada, a veces creo que estas enamorada hasta las trancas de mí y por eso no estas con otro hombre pero no sé que te frena conmigo tu sabes que eres mi prioridad y ni aún así...
-Ián es más complicado que todo eso...
-Y bueno... ¿Cuándo me lo vas a contar?
-Hoy, por eso te he pedido que vengas, ha llegado el momento de sincerarme contigo aunque tengo miedo de que me juzgues y que me veas de diferente.
-Eso nunca pasará, sea lo que sea que quieras decirme, jamás te juzgaré, jamás me perderás, por que te llevo aquí grabada en mi piel – se señala al corazón y se bien de que habla, hace dos años se hizo un tatuaje con un ángel que en sus brazos sostiene mi nombre, Ela-

Mi nombre significa “todo” y según él yo soy su todo, me encanta que me diga esas cosas aunque sigo pensando que está medio loco por hacerse ese tatuaje.

-Vamos a cenar y cuando acabemos te confiaré mi verdad.
-Preferiría que me lo dijeses antes de cenar, no vaya a ser que luego del susto la cena me siente mal – comienza a sonreír el muy pícaro-
-Eso sonaría más sincero si dijeses me muero de ganas por saberlo y no soportaré esperar un segundo más.
-También es cierto así que cuéntamelo antes de que te arrepientas de nuevo.
-Entonces vamos al sofá.

Estamos sentados en el sofá y no se bien por donde comenzar mi historia, me pierdo pensando en la primera vez que me di cuenta de lo que me gustaba, creo que empecé muy joven a sentirme atraía por la sumisión, estaba ojeando una revista cuando tenía catorce años, en ella vi un artículo en el que se hablaba del sexo desde el punto de vista del BDSM, desde ese día ese punto de vista es mi única forma de pensar, no contemplo una relación de otra manera, quiero entregarme, ceder el control de mi persona, saber que le pertenezco a mi amado Amo y sentirme suya, por eso me resulta más que complicado comenzar una relación, es muy difícil encontrar esa conexión con alguien, esa conexión no sólo física sino también espiritual.

La música sigue sonando, el piano de fondo me incita a abrirme a mi confesor y comienzo a contarle mi verdad.

-¿Desde cuándo Ela?
-Desde los catorce años, desde entonces lo sé.
-¿Y no se te ha ocurrido contármelo antes?

Su reacción me parece muy extraña, resentido, frío, ni minimamente impactado tras confesarle que me gustan las relaciones de dominación-sumisión.

-No te lo he contado por miedo a lo que pensarías, si supieses que otro me inflige un mínimo dolor lo buscarías y le darías de palos, pero es que a mi me gusta eso, yo le permitiría que lo hiciese y es eso lo que no creía que pudieses entender Ian.

-Escúchame bien Ela, nunca, nadie, nunca te pondrá una mano encima para causarte daño...
-No has comprendido nada.
-Déjame terminar Ela.
-Nunca, nadie más que yo podrá tocarte de esa manera.
-Pero... ¿Qué dices Ián? ¿Tú causarme dolor? No me hagas reír...
-No pretendo hacerte reír, nunca, nadie te tocará así excepto yo ¿me has entendido?
-No, no te entiendo.
-Bien, voy a mi apartamento un segundo ahora vuelvo.

Y sin más sale por la puerta dejándome atónita ante su reacción, sentada y a su espera cojo la copa de vino y tomo un sorbo, chupo con mi lengua los restos que quedan sobre mis labios cuando vuelve a sonar el timbre.

Ian esta en la puerta, me mira como nunca antes me había mirado, siempre en él había visto cariño, amor incluso en ocasiones deseo pero nunca como ahora, esa mirada.... ¿Dónde ha aprendido a poner esa mirada? y... ¿Qué lleva en la mano?

-¿Qué es eso Ian?
-Primero déjame entrar.
-¿Por qué siempre tienes que pedir permiso? Entra, mi casa es tu casa lo sabes y ahora dime que llevas ahí, no entiendo nada, te cuento algo así y me sueltas cosas sin sentido e incluso desapareces.
-Toma ábrelo.

Me entrega una pequeña maleta negra, me siento en el sofá y la pongo sobre mis rodillas, la abro y me sorprendo al ver lo que hay en el interior, pinzas de madera, una pala, unas esposas, trozos de cuerda y trozos de vendas, velas y ¿Qué es eso? Una especie de... ¿huevo? lo cojo en la mano y le miro.

-Un huevo vibrador, yo tengo el mando, es nuevo, todo lo que hay en esa maleta lo es.
-No entiendo nada.
-Tus gustos coinciden bastante con los míos nena.
-No lo entiendo.
-Deja de decir eso y pregunta lo que quieras.
-¿Desde cuándo?
-¿Recuerdas a Melania?
-Si claro, la chica de intercambio un año mayor que tú...pero eso fue hace...tres años...
-Si, en mi fiesta de cumpleaños, Melania fue la chica que conocí en el pub y ella me adentró en este mundo, desde que lo probé para mí no existe otra cosa, mis relaciones siempre son así, pero no quise contártelo por miedo a escandalizarte.
-Vaya dos, nos hemos estado ocultando el mismo secreto.
-Si, eso parece.
-¿Y ahora? –sigo con el huevo en la mano-
- Ahora podrás ser mía.
-Ián...yo...
-Ela cállate, levántate y ven a mí, me has hecho esperar demasiado nena.

Sin dudarlo me levanto dejando sobre el sofá la maleta y el huevo, voy hacia él y cuando le tengo enfrente agacho la cabeza avergonzada por la situación, el con su mano en mi barbilla me obliga a mirarle y mientras me pide que nunca jamás vuelva a ocultarle nada, se acerca a mis labios y me besa, recuerdo sus besos, deliciosos, tormentosos, nunca los había olvidado y ahora saben incluso mejor, más experimentados, mas controlados, justamente lo que necesito.

Me dejo llevar por su él, perdida en su boca hasta que nos separamos sin aliento.
Miro la maleta que está sobre el sofá mientras él me observa.

-¿Quieres que utilicemos algo de lo que hay en esa maleta?
-Si, me gustaría- y en ese momento caigo en la cuenta de que Ian no sabe que soy virgen, le mentí en eso para que dejase de molestarme y le dije que perdí la virginidad hace un año con un compañero de facultad y ahora tengo miedo que sea demasiado brusco para ser mi primera vez, me pongo a pensar como salir de esta-

-¿En qué piensas?
-Pues...yo... hay algo más que no sabes Ian..
-Dímelo ahora
-¿Recuerdas aquel tipo con el que te dije que perdí mi virginidad?
-Claro que lo recuerdo, lo esperé a la salida y le dije que si volvía ponerte un dedo encima le arrancaría las pelotas.
-¿Qué hiciste qué?
-Si, el me dijo que no sabía ni quién eras, será capullo.
-Ian, no lo sabe, es un compañero de facultad pero no me relaciono con él.
-¿Me mentiste?
-Si.
-¿Por qué?
-Para que me dejases tranquila con eso de si iba a llegar virgen al cementerio.
-Me mentiste...en algo que sabías que me partiría el corazón.
-Lo siento.
-Ve a tu dormitorio y desnúdate.
-¿Qué dices Ian?
-Obedece, ahora

Sin más le obedezco voy a mi dormitorio y me desnudo me siento sobre mi cama esperando su llegada y cuando aparece su postura, su mirada, todo en él lo observo diferente, más poderoso, más increíblemente sensual, más imponente exactamente como  siempre había soñado que fuese.

-¿Cuándo se supone que te he dicho que te sientes?
-No lo has hecho.
-No lo ha hecho Señor.
-Eso.
-Dilo.
-No lo ha hecho Señor.
-Bien, ponte de cuclillas sobre la cama, mirando hacia el cabecero.

Hago exactamente lo que me pide, de cuclillas, desnuda en la cama y mirando hacia el cabecero.
Él se acerca hacia mí y veo que lleva las esposas en la mano.

-Manos al frente nena, voy a esposarte al cabecero.

Pongo mis manos al frente y el me esposa a la cama es una postura un tanto incómoda peor no estoy dispuesta a quejarme.

-Abre bien esas piernas me recostaré bajo de ti y te comeré tu dulce coñito hasta que te corras en mi boca.
-No, por favor, no.
-¿Segura?

Mi silencio es muestra de que deseo que lo haga, deseo experimentar mi primer orgasmo y no hay nadie en este mundo que pueda conocerme mejor que Ián y ahora que sé que somos compatibles no creo que pueda existir nadie más.

Se coloca entre mis piernas, me siento totalmente exhibida ante él pero no me importa confío en él por completo.

-Agáchate un poco más, quiero tu coñito en mi boca.

Doblo más las rodillas y siento su aliento sobre mi entrepierna, da un lengüetazo y yo salto un poco de la sorpresa y también por el placer de sentir su boca sobre mí.
Comienza a chuparme, lamerme, comerme y no es delicado es justo como lo necesito, arriesgado, salvaje, sostiene mis muslos con fuerza para que no me aparte de su boca y continúa con su delicioso tormento hasta que estoy alcanzando el clímax y se retira dejándome deseosa de más.

-No pare Señor.
-Pídeme disculpas, primero por mentirme y luego por todos los años perdidos, hazlo mientras te corres en mi boca.

Comienza a chuparme de nuevo y mientras alcanzo el clímax sobre su boca repito en voz alta una y otra vez, discúlpeme Señor por mentirle y por todos los años perdidos, perdone mi inconsciencia, siempre he deseado ser suya y solo suya, nunca debí dudar de usted y así finalmente con esas últimas palabras me pierdo en él.

Se levanta de la cama y me quita las esposas, me da un tierno beso en los labios, suave, delicado, muy agradable y reconfortante.

-Ponte a cuatro patas sobre la cama, vuelvo enseguida.

Se va y le espero a cuatro patas, mi respiración recupera su ritmo normal, escucho sus pasos y le miro, se encuentra apoyado en el marco de la puerta con las piernas cruzadas y dándose pequeños golpes con la pala en una de sus manos.

Paso la lengua por mis labios, están secos y deseos de beber de él, los chupo y me deleito con su mirada.

Se acerca y con uno de sus dedos araña el centro de mi espalda, llega a mi trasero y me da una suave cachetada, nada significativo para lo que sé que está por venir.

-Cuenta.

Empieza a darme en el trasero con la pala mientras cuento, uno, dos, tres, cuatro... así hasta diez.

-Esos son los años que hemos perdido por tu inconsciencia, yo me adentré en este mundo por otra personas ¿Qué te hizo pensar que no lo haría por ti? Siempre has sido la única, siempre te he amado Ela.

-Lo sé, siento no haber confiado en ti.
-Bueno pequeña recuperaremos el tiempo perdido, pero aprovecharé cada ocasión que me des para castigarte por los años perdidos.
-De acuerdo mi Señor.
-Así me gusta nena, tuyo por que lo soy y tú serás mía, hoy, mañana y siempre, y tendremos tiempo para adentrarte más profundamente en este mundo pero ahora solo quiero hacer una cosa y como desde este momento soy tu Señor, no me la negarás.
-¿Qué deseas?
-Acuéstate boca arriba.

Me recuesto en la cama boca arriba, esperando que me pida lo que quiera porque sé que se lo daré.

-Ahora, quiero hacerte el amor preciosa.

Y así con esas palabras me llena con su esplendor, me colma con su esencia, con embestidas suaves y deliciosas atraviesa ese muro hasta ahora inquebrantable, haciéndome suya y únicamente suya nos dejamos llevar con la dulce melodía de fondo, una melodía que nos evoca a amarnos una y otra vez.

-Te quiero Ela, siempre te he querido.
-Yo también te quiero Ian, siento no haberme dado cuenta antes de que eras tú.
-No te preocupes preciosa, recuperaremos el tiempo perdido, tenemos la eternidad.




                                                   Canción con la que hacen el amor











4 comentarios:

  1. Muchísimas Gracias!! Me alegro que le haya gustado.

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  2. Precioso. Son las 04:30 de la mañana y he acabado ahora de leer tu relato. Me encanta. Leer por la noche en su silencio me ha ayudado a disfrutarlo como se merece. Me gusta la ternura y la dureza en inherente mixtura de estos amantes. La delicadeza de ella que se torna en anhelo de brusquedad apasionada. La impetuosidad de él que se vuelve ternuna junto a ella. Precioso, sin más. Gracias por este relato. Seguiré leyéndote, por supuesto.

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    1. Muchísimas Gracias David, me alegro tanto de que te haya gustado, tienes una sensibilidad especial para las letras y saber que mis palabras te llegan así me halaga mucho. Espero que los sigas disfrutando yo seguiré intentando dar lo mejor de mí. Gracias por tus palabras y por leerme.

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