lunes, 29 de julio de 2013

DELICIOSO TORMENTO

               DELICIOSO TORMENTO

Siempre ha sido mi mejor amigo, siempre ha estado en los peores y mejores momentos de mi vida pero nunca he sido capaz de contarle el porqué de mi falta de relaciones, el porqué de no tener una vida sexual activa, el porqué de que ningún hombre me guste y me atraiga lo suficiente.

Él muchas veces ha pensado de mí que me gustan las mujeres y no le encuentra explicación alguna a que nunca haya tenido una relación sexual con ningún hombre a pesar de mis veinticuatro años.

Mi razón se la oculto porque tengo miedo a lo que pueda pensar de mí, la verdad es que no he conocido a ningún hombre que se adapte a mis necesidades, la mayoría son niñatos que buscan el placer de echar un polvo sin más, yo necesito más, necesito sentirme deseada, valorada y es esa necesidad interna la que no me deja conformarme con menos, pues sé que en algún lugar existe ese hombre, el hombre que necesito y al que me entregaré por primera y última vez, un único hombre al que perteneceré para siempre.

Ian es fantástico no solo mi mejor amigo desde la infancia sino también mi vecino, por eso siempre andamos juntos, podría enamorarme de él, de hecho hemos tenido nuestro rollito, pero no lo veo tomando el control sobre mí por eso nunca le he dado la oportunidad de tener una relación más allá de la amistad y no será porque el pobre no lo haya intentado.

Yo se que él no me ve como una simple amiga y a pesar de que es maravilloso también  es un mujeriego y no creo que pueda adaptarse a mis necesidades.

Llevo mucho tiempo pensando en contarle la verdad de mis sentimientos, lo que pienso con respecto a las relaciones pero tengo tanto miedo a su rechazo que cada vez que decido hacerlo hay algo que me tira para atrás.

Hoy será ese día, el día en que le confiaré mi verdad y espero que la respete a pesar de que no la comparta.

Esta noche le he invitado a cenar a casa, ya no vivimos en el pueblo, ahora ambos vivimos en el centro pero seguimos siendo vecinos, vivimos en el mismo edificio yo sola y él con un compañero.

Cuando vinimos al centro para estudiar me propuso que viviésemos juntos pero yo por miedo a que la convivencia estropease nuestra amistad no lo acepté, de hecho soy algo tiquismiquis y por eso vivo sola desde entonces.

Ambos seguimos estudiando, estamos en nuestro último año y a duras penas tenemos tiempo para vernos y quedar para hacer algo juntos, pues entre exámenes, prácticas y trabajos es complicado, pero siempre nos saludamos y nos tomamos juntos el café mañanero justo antes de ir a la facultad.

Hoy le he mandado un sms, ha llegado el día, hoy me siento capaz y  voy a sacar el valor para ser sincera:

“Ian cena en mi casa hoy a las 9.Bss”

Su respuesta instantánea me hace sonreír:

“Nena habrá conejo para cenar?”

A lo que contesto:

“Calla pervertido, si quieres conejo ve a casa de tu madre”

No se hace esperar y responde:

“Yo quiero conejo así que si hace falta vas a casa de mi madre y lo buscas;) jaja. Nos vemos a las 9 nena”

Decido no contestarle más o podríamos estar así durante horas y no me dará tiempo de hacer la compra y preparar la cena.

Dos horas después y tras largas colas de espera en el supermercado estoy en mi apartamento preparando todo para esta noche, nunca tengo citas así que he aprovechado la ocasión para recrear lo que sería una cita perfecta y que mejor compañía que la de Ian mi mejor amigo.

El espacio ha quedado acogedor, luz tenue, velas rojas sobre un mantel blanco, platos negros decorados con motivos rojos, todo muy sensual e íntimo, seguramente se sorprenderá y pensará que esta noche finalmente comerá conejo, mi pensamiento me hace sonreír, pero no será así, solo necesito esta intimidad para confesarle de una vez por todas mi verdad.

Faltan treinta minutos para que llegue y nunca se ha caracterizado por ser puntual así que me da tiempo de una ducha rapidita, pongo algo de música de fondo, una de mis favoritas River Flowers in You de Yiruma, dejo la música sonando y me adentro bajo el agua.

Las gotas caen sobre mi desnudo cuerpo, un cuerpo anhelante de contacto, deseoso de que unas manos lo acaricien y lo traten con veneración.

Me acaricio los pechos, los enjabono y sigo bajando hasta que meto mi mano en mi entrepierna, deslizo los dedos entre ella y cierro los ojos mientras me abandono al placer pero no dejo que llegue justo en el momento álgido me paro, nunca he tenido un orgasmo, quiero que mi primer orgasmo también sea suyo, de ese hombre al que me entregaré en cuerpo, mente y corazón.

Salgo de la ducha, triste y desesperanzada, me pongo uno de mis vestidos y me recuesto en el sofá con el pelo aún chorreando por mi espalda y una copa de vino entre mis dedos.

Una lágrima cae por mi mejilla cuando escucho el timbre que me saca de mi letargo, la limpio y abro la puerta.

Ian está hermoso, como siempre y encima es especial, amigo, compañero, humano y sensual muy sensual aunque a veces puede resultar un poco burro.

-¿Dónde esta ese conejo nena? ¡Estoy hambriento!
-Que burro eres, entra anda.

Entramos en el apartamento y la cara de mi amigo es todo un poema cuando ve la que tengo preparada.

-Uy nena no me digas que todo esto es para mí... acaso pretendes... ¿seducirme?-del modo burro pasa al modo coqueto lo cual me hace sonreír y olvidarme de mi tristeza interior-
-No digas chorradas, a ti te seduje hace tiempo sin necesidad de veladas románticas.
-En eso tienes razón, siempre seré tuyo.
-Ián no empieces con eso de nuevo ya sabes que yo...
-Nena, no se nada, a veces creo que estas enamorada hasta las trancas de mí y por eso no estas con otro hombre pero no sé que te frena conmigo tu sabes que eres mi prioridad y ni aún así...
-Ián es más complicado que todo eso...
-Y bueno... ¿Cuándo me lo vas a contar?
-Hoy, por eso te he pedido que vengas, ha llegado el momento de sincerarme contigo aunque tengo miedo de que me juzgues y que me veas de diferente.
-Eso nunca pasará, sea lo que sea que quieras decirme, jamás te juzgaré, jamás me perderás, por que te llevo aquí grabada en mi piel – se señala al corazón y se bien de que habla, hace dos años se hizo un tatuaje con un ángel que en sus brazos sostiene mi nombre, Ela-

Mi nombre significa “todo” y según él yo soy su todo, me encanta que me diga esas cosas aunque sigo pensando que está medio loco por hacerse ese tatuaje.

-Vamos a cenar y cuando acabemos te confiaré mi verdad.
-Preferiría que me lo dijeses antes de cenar, no vaya a ser que luego del susto la cena me siente mal – comienza a sonreír el muy pícaro-
-Eso sonaría más sincero si dijeses me muero de ganas por saberlo y no soportaré esperar un segundo más.
-También es cierto así que cuéntamelo antes de que te arrepientas de nuevo.
-Entonces vamos al sofá.

Estamos sentados en el sofá y no se bien por donde comenzar mi historia, me pierdo pensando en la primera vez que me di cuenta de lo que me gustaba, creo que empecé muy joven a sentirme atraía por la sumisión, estaba ojeando una revista cuando tenía catorce años, en ella vi un artículo en el que se hablaba del sexo desde el punto de vista del BDSM, desde ese día ese punto de vista es mi única forma de pensar, no contemplo una relación de otra manera, quiero entregarme, ceder el control de mi persona, saber que le pertenezco a mi amado Amo y sentirme suya, por eso me resulta más que complicado comenzar una relación, es muy difícil encontrar esa conexión con alguien, esa conexión no sólo física sino también espiritual.

La música sigue sonando, el piano de fondo me incita a abrirme a mi confesor y comienzo a contarle mi verdad.

-¿Desde cuándo Ela?
-Desde los catorce años, desde entonces lo sé.
-¿Y no se te ha ocurrido contármelo antes?

Su reacción me parece muy extraña, resentido, frío, ni minimamente impactado tras confesarle que me gustan las relaciones de dominación-sumisión.

-No te lo he contado por miedo a lo que pensarías, si supieses que otro me inflige un mínimo dolor lo buscarías y le darías de palos, pero es que a mi me gusta eso, yo le permitiría que lo hiciese y es eso lo que no creía que pudieses entender Ian.

-Escúchame bien Ela, nunca, nadie, nunca te pondrá una mano encima para causarte daño...
-No has comprendido nada.
-Déjame terminar Ela.
-Nunca, nadie más que yo podrá tocarte de esa manera.
-Pero... ¿Qué dices Ián? ¿Tú causarme dolor? No me hagas reír...
-No pretendo hacerte reír, nunca, nadie te tocará así excepto yo ¿me has entendido?
-No, no te entiendo.
-Bien, voy a mi apartamento un segundo ahora vuelvo.

Y sin más sale por la puerta dejándome atónita ante su reacción, sentada y a su espera cojo la copa de vino y tomo un sorbo, chupo con mi lengua los restos que quedan sobre mis labios cuando vuelve a sonar el timbre.

Ian esta en la puerta, me mira como nunca antes me había mirado, siempre en él había visto cariño, amor incluso en ocasiones deseo pero nunca como ahora, esa mirada.... ¿Dónde ha aprendido a poner esa mirada? y... ¿Qué lleva en la mano?

-¿Qué es eso Ian?
-Primero déjame entrar.
-¿Por qué siempre tienes que pedir permiso? Entra, mi casa es tu casa lo sabes y ahora dime que llevas ahí, no entiendo nada, te cuento algo así y me sueltas cosas sin sentido e incluso desapareces.
-Toma ábrelo.

Me entrega una pequeña maleta negra, me siento en el sofá y la pongo sobre mis rodillas, la abro y me sorprendo al ver lo que hay en el interior, pinzas de madera, una pala, unas esposas, trozos de cuerda y trozos de vendas, velas y ¿Qué es eso? Una especie de... ¿huevo? lo cojo en la mano y le miro.

-Un huevo vibrador, yo tengo el mando, es nuevo, todo lo que hay en esa maleta lo es.
-No entiendo nada.
-Tus gustos coinciden bastante con los míos nena.
-No lo entiendo.
-Deja de decir eso y pregunta lo que quieras.
-¿Desde cuándo?
-¿Recuerdas a Melania?
-Si claro, la chica de intercambio un año mayor que tú...pero eso fue hace...tres años...
-Si, en mi fiesta de cumpleaños, Melania fue la chica que conocí en el pub y ella me adentró en este mundo, desde que lo probé para mí no existe otra cosa, mis relaciones siempre son así, pero no quise contártelo por miedo a escandalizarte.
-Vaya dos, nos hemos estado ocultando el mismo secreto.
-Si, eso parece.
-¿Y ahora? –sigo con el huevo en la mano-
- Ahora podrás ser mía.
-Ián...yo...
-Ela cállate, levántate y ven a mí, me has hecho esperar demasiado nena.

Sin dudarlo me levanto dejando sobre el sofá la maleta y el huevo, voy hacia él y cuando le tengo enfrente agacho la cabeza avergonzada por la situación, el con su mano en mi barbilla me obliga a mirarle y mientras me pide que nunca jamás vuelva a ocultarle nada, se acerca a mis labios y me besa, recuerdo sus besos, deliciosos, tormentosos, nunca los había olvidado y ahora saben incluso mejor, más experimentados, mas controlados, justamente lo que necesito.

Me dejo llevar por su él, perdida en su boca hasta que nos separamos sin aliento.
Miro la maleta que está sobre el sofá mientras él me observa.

-¿Quieres que utilicemos algo de lo que hay en esa maleta?
-Si, me gustaría- y en ese momento caigo en la cuenta de que Ian no sabe que soy virgen, le mentí en eso para que dejase de molestarme y le dije que perdí la virginidad hace un año con un compañero de facultad y ahora tengo miedo que sea demasiado brusco para ser mi primera vez, me pongo a pensar como salir de esta-

-¿En qué piensas?
-Pues...yo... hay algo más que no sabes Ian..
-Dímelo ahora
-¿Recuerdas aquel tipo con el que te dije que perdí mi virginidad?
-Claro que lo recuerdo, lo esperé a la salida y le dije que si volvía ponerte un dedo encima le arrancaría las pelotas.
-¿Qué hiciste qué?
-Si, el me dijo que no sabía ni quién eras, será capullo.
-Ian, no lo sabe, es un compañero de facultad pero no me relaciono con él.
-¿Me mentiste?
-Si.
-¿Por qué?
-Para que me dejases tranquila con eso de si iba a llegar virgen al cementerio.
-Me mentiste...en algo que sabías que me partiría el corazón.
-Lo siento.
-Ve a tu dormitorio y desnúdate.
-¿Qué dices Ian?
-Obedece, ahora

Sin más le obedezco voy a mi dormitorio y me desnudo me siento sobre mi cama esperando su llegada y cuando aparece su postura, su mirada, todo en él lo observo diferente, más poderoso, más increíblemente sensual, más imponente exactamente como  siempre había soñado que fuese.

-¿Cuándo se supone que te he dicho que te sientes?
-No lo has hecho.
-No lo ha hecho Señor.
-Eso.
-Dilo.
-No lo ha hecho Señor.
-Bien, ponte de cuclillas sobre la cama, mirando hacia el cabecero.

Hago exactamente lo que me pide, de cuclillas, desnuda en la cama y mirando hacia el cabecero.
Él se acerca hacia mí y veo que lleva las esposas en la mano.

-Manos al frente nena, voy a esposarte al cabecero.

Pongo mis manos al frente y el me esposa a la cama es una postura un tanto incómoda peor no estoy dispuesta a quejarme.

-Abre bien esas piernas me recostaré bajo de ti y te comeré tu dulce coñito hasta que te corras en mi boca.
-No, por favor, no.
-¿Segura?

Mi silencio es muestra de que deseo que lo haga, deseo experimentar mi primer orgasmo y no hay nadie en este mundo que pueda conocerme mejor que Ián y ahora que sé que somos compatibles no creo que pueda existir nadie más.

Se coloca entre mis piernas, me siento totalmente exhibida ante él pero no me importa confío en él por completo.

-Agáchate un poco más, quiero tu coñito en mi boca.

Doblo más las rodillas y siento su aliento sobre mi entrepierna, da un lengüetazo y yo salto un poco de la sorpresa y también por el placer de sentir su boca sobre mí.
Comienza a chuparme, lamerme, comerme y no es delicado es justo como lo necesito, arriesgado, salvaje, sostiene mis muslos con fuerza para que no me aparte de su boca y continúa con su delicioso tormento hasta que estoy alcanzando el clímax y se retira dejándome deseosa de más.

-No pare Señor.
-Pídeme disculpas, primero por mentirme y luego por todos los años perdidos, hazlo mientras te corres en mi boca.

Comienza a chuparme de nuevo y mientras alcanzo el clímax sobre su boca repito en voz alta una y otra vez, discúlpeme Señor por mentirle y por todos los años perdidos, perdone mi inconsciencia, siempre he deseado ser suya y solo suya, nunca debí dudar de usted y así finalmente con esas últimas palabras me pierdo en él.

Se levanta de la cama y me quita las esposas, me da un tierno beso en los labios, suave, delicado, muy agradable y reconfortante.

-Ponte a cuatro patas sobre la cama, vuelvo enseguida.

Se va y le espero a cuatro patas, mi respiración recupera su ritmo normal, escucho sus pasos y le miro, se encuentra apoyado en el marco de la puerta con las piernas cruzadas y dándose pequeños golpes con la pala en una de sus manos.

Paso la lengua por mis labios, están secos y deseos de beber de él, los chupo y me deleito con su mirada.

Se acerca y con uno de sus dedos araña el centro de mi espalda, llega a mi trasero y me da una suave cachetada, nada significativo para lo que sé que está por venir.

-Cuenta.

Empieza a darme en el trasero con la pala mientras cuento, uno, dos, tres, cuatro... así hasta diez.

-Esos son los años que hemos perdido por tu inconsciencia, yo me adentré en este mundo por otra personas ¿Qué te hizo pensar que no lo haría por ti? Siempre has sido la única, siempre te he amado Ela.

-Lo sé, siento no haber confiado en ti.
-Bueno pequeña recuperaremos el tiempo perdido, pero aprovecharé cada ocasión que me des para castigarte por los años perdidos.
-De acuerdo mi Señor.
-Así me gusta nena, tuyo por que lo soy y tú serás mía, hoy, mañana y siempre, y tendremos tiempo para adentrarte más profundamente en este mundo pero ahora solo quiero hacer una cosa y como desde este momento soy tu Señor, no me la negarás.
-¿Qué deseas?
-Acuéstate boca arriba.

Me recuesto en la cama boca arriba, esperando que me pida lo que quiera porque sé que se lo daré.

-Ahora, quiero hacerte el amor preciosa.

Y así con esas palabras me llena con su esplendor, me colma con su esencia, con embestidas suaves y deliciosas atraviesa ese muro hasta ahora inquebrantable, haciéndome suya y únicamente suya nos dejamos llevar con la dulce melodía de fondo, una melodía que nos evoca a amarnos una y otra vez.

-Te quiero Ela, siempre te he querido.
-Yo también te quiero Ian, siento no haberme dado cuenta antes de que eras tú.
-No te preocupes preciosa, recuperaremos el tiempo perdido, tenemos la eternidad.




                                                   Canción con la que hacen el amor











jueves, 25 de julio de 2013

DIOSA DE VUESTRO PLACER

                                               DIOSA DE VUESTRO PLACER

He tenido un día agotador, todo el día volando de acá para allá y ahora mi compañera a la que le ha surgido un pequeño affaire con un pasajero me ha dejado sola acondicionando el avión para los vuelos de mañana.

No es que me corresponda a mi dicha tarea pero prefiero quedarme y hacerlo que volver a casa y entristecerme al saber que papá ya no está.
Hace dos meses que lo ingresé en un centro especializado en el alzheimer, voy a verle los domingos pero no tenerle conmigo en casa me hace sentir un tremendo vacío, cuando voy a verle se me parte el corazón, que triste es el olvido cuando quien te olvida es alguien a quién amas.

Desde entonces trabajo para la compañía Airplus, soy azafata, mi pasión es volar, estar sobre el cielo y mirar al vacío pensando “Lejos de ti pequeño mundo soy increíblemente feliz”.

Mis compañeros son geniales, nos llevamos estupendamente bien y de hecho hace dos semanas que el segundo al mando y yo somos algo más que compañeros, algunas noches no todas, al terminar nuestra jornada compartimos algo más que un par de cervezas y la verdad es que no se le da nada mal satisfacerme en ese ámbito pero el que es todo un  bombonazo, exquisito y apetitoso es el piloto, Damián, increíblemente sexy y seductor, cuando se pone en plan aquí mando yo solo pienso en decir “Sí Señor”.

Anoche mi rollito se quedó en mi casa a dormir y al despertarnos para venir a trabajar le comenté lo que pensaba sobre Damián, al principio no le sentó nada bien pero luego se le fue pasando entre beso y beso.
Esta noche Damián y él han quedado para tomar una copa y relajar tensiones después de un día intenso y aquí estoy yo acondicionando un avión  que ni siquiera voy a utilizar ya que mañana libramos los de mi tripulación y todo por no volver a encerrarme en mi soledad.

Ya casi acabo un último vistazo de no dejar nada en la cabina y me voy a casa, en ese instante escucho risas y al salir por la puerta me quedo atónita al ver que Damián y Javier están ahí, mirándome y sonriéndome.

-¿Se os olvida algo chicos?

Javier se acerca y agarrándome de una nalga me lleva hasta su boca y me besa como nunca lo había hecho hasta ahora, duro, fuerte y dominante, con ese beso quiere decirme “Eres Mía” y desde luego que si siempre fuese así lo sería.

Damián nos mira con la sonrisa en la cara, me muero de la vergüenza, Javier y yo manteníamos nuestro pequeño rollito en secreto y ahora lo va a saber todo el mundo y si hay algo que odio son los cuchicheos, no puedo con ellos.

-¿Qué haces?
-Besarte.
-Pero…nos están mirando- susurro cerca de su boca probablemente Damián lo ha escuchado todo pero aun así hablo susurrando-
-No te preocupes por mí yo ya sabía lo que os traíais entre manos- replica Damián-
-¿Ah sí? -dice un Javier pícaro que hasta ahora desconocía-Seguro que hay algo que yo se y tú no sabes...
-Cállate Javi, no serás capaz- replico-
-Aquí la señorita dice que eres tremendamente apetecible.
Le propino un codazo en el costado y se lo agarra dolorido pero a la vez sin perder el humor.
-A mi ella también me lo parece Javier.

¡OH MY GOD! ¿Acaba de decir lo que creo que acaba de decir? ¡Qué vergüenza! intento escabullirme de nuevo a la cabina pero Javier me sostiene de la muñeca.
-¿Dónde vas morena?
-¿Qué os pasa a vosotros? Creo que os habéis pasado con las copas…
-Si ni hemos empezado –dice Javier-
-Queremos beber, pero queremos hacerlo de tu ombligo morena- replica Damián-

De nuevo intento escabullirme, me parece que estos dos se han fumado algo o les han puesto algo en la cena…
-No te vas a ninguna parte.
Javi suelta mi muñeca y  dejo mi peso caer sobre la puerta de la cabina, ambos me miran como queriendo comerme y no comprendo que sucede aquí, aunque estoy tentada de lanzarme a por Damián ahora que está tan receptivo- sonrío-
-¿Qué te hace tanta gracia? – Pregunta el Señor D. acercándose hacia mí- espera déjame adivinar ¿quieres probar mi boca? ¿Es eso verdad?

Agacho la cabeza avergonzada de que se me note tanto y más teniendo a mi “compañero ocasional” delante.
Javier hace un gesto con la mano como dándole permiso y en ese instante mi piloto favorito se lanza a por mi boca, sujetándome los brazos por encima de mi cabeza y rozándome con su miembro a través de mi falda, siento que mi tanguita se humedece e incluso siento que dicha humedad me llega a las medias.
Entonces Javier se acerca y me tira del coletero dejando que mi pelo caiga en cascada sobre mi espalda y tirando de él para que separe la boca del tercero en discordia.

-¿Te gusta morena?
-Mmmmm…sí, me gusta.
-Pues sigamos, esta noche no serás mía únicamente ¿quieres o paramos?
-Quiero….quiero  seguir.
-Sabía que lo deseabas y cuando se lo propuse a Damián se le hizo la boca agua de pensar en la de cosas que podríamos hacer ambos contigo en esta preciosa noche estrellada bajo las pequeñas luces de nuestro avión.
-Es cierto- afirma D.-

Y justo entonces vuelve a besarme apretándome fuertemente las muñecas mientras Javi me desabrocha tres botones de la camisa y expone mi precioso sujetador de encaje a los ojos de ambos.
Damián suelta mis manos por un segundo, me da la vuelta haciendo que mi cara se pegue contra la puerta y mi culo se roce contra su miembro.

Javier me baja la falda dejándome con las medias y los zapatos de tacón, así vestida me siento sensual, toda una mujer dispuesta a disfrutar y explorar junto a ellos.

-Damián es toda tuya, yo ya la he disfrutado sería injusto que empezase yo, primero miraré y luego me uniré a ustedes.

Me está cediendo a los brazos de otro y no me siento ofendida todo lo contrario le agradezco que me haga este regalo, me ha dado justo lo que deseaba.
Javier se sienta para observar mientras Damián pasa las manos por mi trasero y me desgarra las medias dejando mis nalgas al aire, me da una cachetada mientras sigue sujetando mis muñecas con su otra mano, me mordisquea el cuello erizando así cada bello de mi blanquecina piel.

-Solo quiero que me dejes hacer algo.
-Lo que quieras, haré lo que me pidas- susurro-

De nuevo me da la vuelta y le hace señales a Javier que le entrega una cinta negra larga con la que podría atar todo mi cuerpo.

Damián comienza a vendarme los ojos y con el resto de la cuerda cubre alguna de las partes desnudas de mi cuerpo muñecas y pechos, me susurra al oído que me dé la vuelta y lo hago, acaricia mis nalgas y me da otra cachetada, pasa sus dedos entre mis nalgas y noto como baja con uno de ellos hacia mi más profundo interior, me lo mete y luego otro, debe tener los dedos impregnados de mí.
Los saca y vuelve a hurgar entre mis nalgas, yo nunca he practicado sexo anal y me muevo inquieta ante su invasión.

-No temas, estas lo suficientemente húmeda, solo voy a preparar tu culito para cuando te follemos entre los dos.
-¿Qué? ¿Qué dos?..
-No te hagas la inocente, te mueres por tener dentro nuestras dos vergas morena.
-No… eso no es cierto…yo…
-Lo sé, estás muy estrecha, por eso voy a prepararte.

Y sin más me penetra con uno de sus dedos, el que con anterioridad había impregnado con mi esencia, me penetra con él por detrás varias veces y cuando ya he cedido lo suficiente mete un segundo dedo y finalmente un tercero, pensaba que sería doloroso pero es todo lo contrario solo siento placer y con la venda en los ojos no sé cuáles serán sus siguientes movimientos lo cual me hace estar ansiosa y desesperada por su contacto.

Sigue penetrándome y siento la presencia de otra persona, evidentemente Javier, me agarra del pelo para que gire mi cara y me besa, esta vez incluso mejor que la anterior.

Uno me besa mientras el otro prepara mi culito para lo que vendrá, los besos hacen que me humedezca e intento apretar mis muslos para aliviar el ardor pero Damián me lo impide.
Ahora siento una mano penetrándome por delante y otra por detrás como tengo los ojos vendados no sé de quién es cada una solo siento placer, éxtasis en estado puro, una mano sostiene mi pelo tirando de él hacia atrás, una boca muerde mi cuello y otra mano me da pequeños azotes.

Manos, dedos, bocas, todo sobre mi cuerpo y estoy perdida en la oscuridad, en el deseo de esta fascinante noche, deseada y venerada por estos dos increíbles hombres, me siento poderosa.
Siento que uno de ellos me abandona, no sé bien quien supongo que se estará desnudando, el otro me da la vuelta de nuevo y acaricia mis pechos sobre la venda, la baja y los deja al descubierto, baja su boca hacia mis pezones y los muerde fuertemente, yo chillo pero no de dolor sino de todo lo contrario, placer.

Deja de morderme los pezones y me dirige hacia algún lugar, me abre las piernas y termina de rajar mis medias dejándolas completamente separadas una en cada pierna, me invita a que me siente ahorcajadas sobre el otro, lo hago me monto y como estoy tan húmeda nos acoplamos a la perfección comienzo a montarte y coloco mis muñecas que se encuentran atadas conjuntamente alrededor de su cuello, me besa y sé que es Javier, conozco perfectamente su sabor y desde hoy no quiero dejar de probarlo día a día.

Mientras tanto Damián se coloca por detrás pues siento sus manos sobre mis hombros , me acaricia la espalda y me susurra al oído más rápido nena.
Me muevo sobre mi amante salvaje, como una auténtica fiera, cabalgando sobre su verga una y otra vez hasta que dice basta.

Damián me ayuda a levantarme y permanezco quieta de pie, salimos al pasillo del avión alguien va delante y el otro me guía por detrás, nos paramos.
Y me quitan la vende de los ojos, Javier esta delante de mí y se acuesta en el suelo del pasillo con un mano me llama para que me ponga sobre él, lo hago y me pongo de cuclillas sobre su miembro erecto mientras Damián se coloca por detrás  y coloca su polla entre mis nalgas, con la punta lentamente empuja, no entra y vuelve a intentarlo sigue sin entrar, la saca y se coloca delante de mí.

-Chúpala morena.

Mientras cabalgo sobre Javier me como su polla, metiéndola hasta mi garganta bien profundo y salivando mucho sobre ella para que luego pueda realizar su tarea con éxito, cuando está lo suficientemente excitado vuelve sobre mi culito y me penetra con éxito, ambos me llenan uno delante otro detrás, es delicioso me siento como una diosa del sexo y permanezco quieta mientras ambos me penetran, me corro una y dos veces, nunca había tenido tantos orgasmos seguidos, no pienso en nada, solo siento, placer, mucho placer.

Tras otro orgasmo más, llega su hora ambos salen de mi interior y me arrodillo ante ellos para que se vacíen en mi boca, manchan mi cara con su semen, ambos se corren a la vez, llenándome y marcándome con su placer.

Me ayudan a incorporarme y voy al servicio para asearme un poco antes de salir a la noche, ambos se visten y se sientan a esperarme, cuando acabo Javier se levanta y me besa, juntos de la mano nos adentramos en la noche y Damián nos acompaña, me acaricia el pelo y antes de despedirse de nosotros dice:

-Ha sido un placer, cuando quieras repetimos morena.


Javier y yo nos miramos asentimos con la cabeza y caminamos a través de la oscuridad hasta que nos perdemos en ella.



          Con todo mi cariño para tí Nonne por que te quiero, por que te lo mereces, porque quiero que sueñes y te dejes llevar...I love you baby.


martes, 23 de julio de 2013

PRESA DE SU INOCENCIA

                                                   PRESA DE SU INOCENCIA

Desde que la vi llegar con su vestido de flores tan dulce e inocente pero a la vez tan ridícula no pude evitar querer seducirla.

Soy un lobo al asecho de su presa, mi gran debilidad son las jovencitas inocentes, seducirlas e introducirlas en mi mundo de perversión me vuelve loco.
Las observo, las analizo y luego selecciono a la mejor, aquella que considero que será capaz de caminar a través de las sombras por y para mí.

Trabajo rodeado de libros en la biblioteca de una importante universidad así que mi tarea de cazador no me resulta apenas complicada aunque he de reconocer que soy bastante exigente y no me conformo con corromper a cualquier dulcinea.

Se me da bastante bien analizar a la gente es por eso que siempre sé ver más allá de la fachada y a veces estas dulces mujercitas ocultan en su interior a una auténtica fiera sexual que desea ser domada.

Un día cualquiera de una semana más, ella entró para devolver un préstamo y me tocó atenderla.

-Buenas tardes señorita.
-Buenas tardes, deseo devolver estos libros.
-Deme su carnet y realicemos la devolución.

Me entrega su carnet y por un momento nuestros dedos se rozan y veo como se ruboriza ante el contacto, parece que la señorita nunca he visto un pene se muere para que le meta el mío, no puedo evitar sonreír y ella que me mira me devuelve la sonrisa, pobre ilusa si supiera que no estoy coqueteando si no imaginándomela a ella arrodillada chupándome y suplicándome más…

Terminamos con la devolución pero ella no se va, se sienta en una mesa frente al escritorio donde trabajo e intercambiamos algunas miradas, parece que mi pequeña dulcinea tiene ganas de fiesta y no sabe con qué clase de depredador ha dado.

Mientras trabajo catalogando unos libros se me ocurren unas cuantas depravaciones que poder mostrarle y me planteo invitarla a tomar algo esta noche así podré conocerla un poco más y saber hasta dónde está dispuesta a llegar.

Mi turno termina a las ocho y ella sigue ahí, un auténtico ratoncito de biblioteca, antes de irme decido pasarme por su mesa y sacar mi lado más amable.

-Bueno señorita… ¿Hay algo que pueda hacer por usted antes de marcharme?
-Tengo hambre

Pienso automáticamente en algo que le quitaría en hambre pero como me enseñaron a ser educado le indico donde están las máquinas expendedoras y me ofrezco a acompañarla.
Caminamos hasta las máquinas y ella saca una barrita de cereales integrales, la mastica y el crujido que hace al comérsela me parece encantador.

-¿Me das un poco?
-Si claro- me ofrece la barrita mordisqueada y me la meto en la boca dejando solo un trozo fuera de sí-
-Me parece que tendré que sacarme otro- rechista mi Dulcinea-
-No, come de esta, muérdeme.
A ver hasta donde llegamos pequeña dulcinea, muéstrame esa fiera que puedo ver en ti.

Ella se acerca a mi boca y es bastante hábil pues es capaz de morder el trozo que queda sin rozar mis labios.

-Sigo teniendo hambre.

No puedo evitarlo esa palabra saliendo de su boca saca la fiera que hay en mí y como veo que no hay nadie a nuestro alrededor y sé que ella no me va a rechazar la empujo contra la máquina expendedora y la beso, hago que beba de mí, que me saboree y sacie todo su apetito.
Cuando nos separamos estoy sin respiración, pero… ¿Qué coño? Yo nunca pierdo así el control, las cosas me las tomo con más calma, me parece que esta dulcinea me afecta más de lo que creía, será mejor que me aleje de ella.
Me doy la vuelta para marcharme dejándola con la respiración acelerada y apoyada sobre la máquina, me estoy comportando como un capullo pero alguien que me haga perder así el control no puede derivar en nada bueno.

-Si…sigo teniendo hambre, hambre de ti…

Vaya con la dulcinea, sí que sabe estimular mis deseos más profundos, así vestida con esa dulce voz y hambrienta de mí… el depredador que hay en mí no puedo negarse y vuelvo hacia ella, la agarro del pelo y le muerdo el labio.

-No te convengo dulcinea.
-Creo que eso lo decidiré yo…
-Dulcinea…
-No me llamo así.
-Te llamarás como yo quiera que te llamas ¿Lo vas pillando?
-No, no comprendo, ese no es mi nombre.
-Que inocente eres…

En ese instante se lanza a mi boca y me besa, engancha sus piernas a mi cintura y murmura sobre mi boca, por ti perdería mi inocencia.

-No sabes lo que dices – digo bajándola de mi regazo y separándome de ella, definitivamente me gusta demasiado como para corromperla-
-Quiero que me liberes de la inocencia, enséñame, libérame.
-¿Estas segura?
-Sí, muéstrame el camino.
Recoge tus libros voy a llevarte a un lugar, aunque antes pasaremos por mi casa.
-¿Estás de acuerdo?
-Sí, completamente.

Salimos de la biblioteca y mi piso se encuentra a tres calles siempre suelo ir caminando y esta vez aunque esté con ella no va a ser menos, así podré conocerla un poco más por el camino.

-No me has dicho tu nombre- afirma con curiosidad-
-Marcos me llamo Marcos pero me dicen M.
-Pues yo te llamaré Marcos.
-No pequeña Dulcinea tú me llamaras Amo.

Se queda blanca, pálida, su rostro incluso podría describirse como cadavérico y no puedo evitar reírme, la verdad es que lo he dicho para ver su reacción y me ha encantado que no tenga ni idea de lo que le hablo, me encanta iniciar a jovencitas inocentes y liberarlas de los tabús, entregarlas a los brazos de la lujuria es lo que me motiva  y lo que deseo.

Llegamos a mi apartamento, vivo en un segundo, subimos las escaleras y la invito a entrar.
El espacio está rodeado de libros algo que sé le gustaría, no suelo traer a las chicas aquí pero mi dulcinea me ha cautiva y soy presa de su inocencia lo cual me tiene un poco inquieto.

La voy a llevar a un club de BDSM quiero ver que tal reacciona ante lo que va a ver, no pretendo hacer nada con ella en dicho local solo comprobar su reacción y medir así los posibles daños que pueda causar a posteriori en su alma cándida.

Evidentemente necesito una ducha y ella no debería ir así vestida así que opto por llamar a una amiga que sé que llevará las mismas tallas que ella y me preste algo de ropa, mi amiga encantada ya que le gusta jugar a vestir muñecas en su tiempo libre, en veinte minutos está en casa, las dejo solas y voy a la ducha.

Cuando salgo la imagen que tengo ante mis ojos me fascina, es imposible que este bombón sexual sea mi dulcinea, con un traje ajustado marcando todas y cada una de sus formas, negro, mi color favorito, y sus pechos vaya par de gemelas que tiene, increíble y como se las realza ese vestido, fascinante.
Su boca me invita a que la saboree, pintada tan solo con un brillo le da esa sensación de labios mojados que parece que quieren decir bebe de mí, tómame y yo ya me estoy imaginando esos labios rodeando mi dura polla, no puedo evitarlo y se me pone dura al instante.

-Salgamos ahora porque como sigas mirándome así no respondo de mí.

Ella comienza a reír y su risa es la mejor melodía que he podido escuchar en mucho tiempo, de nuevo pasa por mi mente la palabra fascinación y le sonrío.

Salimos a la calle y cogemos el coche que tengo estacionado frente a mi calle, primero llevamos a Sonia a su casa y luego nos dirigimos hacia el local mientras escuchamos la voz de Loreena McKennitt y una de mis canciones preferidas Dante´s  Prayer.

-Es preciosa.
-Sabía que te gustaría Dulcinea.
-Ya casi llegamos ¿Estás preparada?
-Sí, lo estoy.

Entramos en el local, yo lo he visto muchas veces pero ella está asombrada ante lo que ve, es oscuro, huele a látex y está decorado con cuerdas, fustas, y toda clase de artilugios que se utilizan en las prácticas del BDSM, artilugios con los que me encuentro de sobra familiarizado.

Nos sentamos en la barra y observamos a algunas parejas que se dirigen hacia reservados, otras se quedan ante nuestra mirada, dulcinea permanece sin habla y yo la dejo procesar la información, ante nosotros una pareja está disfrutando en un banco de azotes.

El spankin es una de mis especialidades a ver la reacción de mi inocentona ante esto, parece que no le desagrada, lo mira y no aparta la mirada, creo que tengo alguna posibilidad con ella.
Más allá otra pareja en este caso un Ama y un sumiso están disfrutando de la humillación, el Ama le ha ordenado que le chupe los zapatos ante la atenta mirada de su público.
Mi chica no deja de mirar a la sumisa que está siendo azotada ante nosotros y entonces tengo una idea.

-¿Serias capaz de probarlo?
-No lo sé, puede ser.
-¿Sí o no? Las suposiciones no me van señorita.
-Sí, lo probaría.

Voy hacia el banco y le pido al desconocido de manera amistosa que si me lo cede por un momento, le explico la situación y la pareja se retira a un reservado.
Una vez situada sobre el banco le digo que se suba el vestido y mi polla tiembla ante la increíble visión de su trasero desnudo, suave, delicado e inocente.
Comienzo acariciándoselo y ella suspira, le doy el primer azote y se queja, luego continúo hasta que ella me suplica más.

-¿Estás húmeda preciosa?
-Sí, no imaginas cuánto.

Acaricio su nalga y paso mis dedos por su rajita, luego retiro un poco su tanga y meto un dedo en su interior para comprobar cuán húmeda está.

-Si ya lo creo que lo estas.
-¿Quieres parar?
-Me están mirando.
-¿No te gusta?
-Me encanta.

Un nuevo azote por pervertida, y gime de placer, su culo empieza a coger color, ese color granate que tanto me gusta y la forma de mi mano comienza a grabarse sobre su piel, marcándola como mía.

-Levántate y vamos, no quiero que seas mía por primera vez ante la atenta mirada de toda esta gente.
-De acuerdo.

Salimos del local a sabiendas de que no será la única vez que lo visitemos juntos.
Nos subimos al coche y vuelve a sonar la canción  que estábamos escuchando, mi dulcinea se encuentra desatada y se sienta sobre mi regazo restregándose contra mi erección, no creo que pueda resistirme y no follármela en el coche.

La beso y me devuelve el beso, nuestras salivas se entremezclan, uniéndonos en la lujuriosa noche, entregándome a la pasión me desabrocho el pantalón y retirando con un dedo su tanga la penetro, se la clavo bien adentro, llenándola y asiéndola gemir sobre mi cuello, me muerde y la dejo que lo haga, me gusta que lo haga.

Comienza a moverse sobre mí, cabalgándome como una potra salvaje, con su pelo suelto y ondulando cayendo sobre su espalda, se lo agarro y tiro de él, gime y se queja pero sigue moviéndose conmigo dentro.
Estoy a punto de alcanzar el orgasmo pero me contengo quiero que ella grite mi nombre al correrse.

-Grita mi nombre cuando te corras.
-Oh si... si...Marcos.
-Así es nena, lléname la polla de ti, córrete para mí.

Le doy unos azotes más, en ambas nalgas y se corre y yo la sigo, espero que esta dulcinea sepa lo que es la píldora porque acabo de llenarla con mi leche, ella cae rendida en mi hombre y le acaricio el pelo.

Decido que no quiero dejarla sola y le ofrezco venirse a casa, quizás dentro de un rato pueda enseñarle otro de mis trucos, quizás uno con una vela, como vamos poco a poco no quiero presionarla, ahora solo quiero cuidar de ella.


Llegamos a casa y la meto en la ducha, entro con ella y nos enjabonamos mutuamente, salimos desnudos, la seco y me seca, la cojo en brazo y la acuesto sobre mi cama dejando que se entregue a los brazos de la noche y deseando que al despertar quiera seguir explorando mi mundo junto a mí.






HAZME TUYA PARA SIEMPRE


HAZME TUYA PARA SIEMPRE

La pérdida, el vacío, es algo que conozco, sentimientos con los que convivo desde los dieciséis años.
Ahora a mis veintitrés soy una mujer fuerte y capaz pero dichos sentimientos no me han abandonado nunca.

Soy bailarina, pero no una cualquiera, bailo ballet clásico pero también por las noches me transformo y dejo de ser esa muñequita delicada de porcelana con mallas y zapatillas de punta.
La música es lo único que consigue que evada mi realidad, por eso a menudo me pierdo en las diferentes melodías dejándome arrastrar a otro mundo de ensoñación.

Bueno la música era lo único…hasta que le conocí.

Hace un año que comencé mis clases en una prestigiosa academia de ballet en Milán, me cuesta mucho costeármela para ello trabajo de bailarina de barra americana por las noches en un local de moda, no me gusta demasiado mi trabajo aunque lo mejor es poder bailar con libertad y ganar dinero mucho dinero por tan solo un número de baile, no llego a mostrar todo lo que soy pero insinúo bastante y con ello no me encuentro demasiado cómoda.

Hoy tengo una jornada agotadora, primero clases en el centro y luego trabajo en el local, debo sustituir a una de las camareras así que hoy aparte de bailar me tocará servir y teniendo en cuenta lo torpe que soy con una bandeja en la mano tenemos un problema.

Me levanto de la cama y voy al servicio para asearme y vestirme, en una hora tengo mi primera clase con Fabio, el profesor más entregado y más apetitoso que nunca he conocido, es fantástico.
Su voz me nubla los sentidos y verle bailar es como tener un orgasmo continuo, es maravilloso tanto física como personalmente, una delicia.

Hoy no se me apetece coger ningún transporte público así que camino con mi Ipod atravesando las calles y esquivando a la gente hasta llegar a la academia, la voz de Gabrielle Aplin me traslada a otro lugar, uno lejano, “The power of love “es una de mis canciones favoritas pues ante todo nunca pierdo la fé en el poder del amor para curar mi alma solitaria y vacía.

Llego al centro y entro en mi clase, Fabio está estirando y esperando a que lleguen el resto de los alumnos, me siento en el suelo y comienzo a calzarme mis zapatillas de punta, me incorporo y comienzo a estirar con la barra cuando se acerca y pone sus manos en mi cintura, me agarra y me dice al oído, siempre alegras mis mañanas, en ese momento miro hacia el suelo para ver si se me han caído las bragas pero no parece que siguen en su sitio.

La clase transcurre con normalidad, esos comentario son típicos en él aunque yo nunca me acostumbro a oírlo y tampoco creo que sea la única a la que se los dice.
El resto de la mañana pasa rápidamente, cuando un corazón se siente como el mío vacío y solitario pocas cosas pueden llenarlo e iluminar su camino, por lo que para mí excepto la clase con Fabio el resto es sombra, oscuridad así que procuro que pase lo más rápido posible.
Vuelvo a casa y me recuesto un poco en el sofá, dejándome llevar por el sueño más profundo.

Estoy en una sala grande, rodeada de espejos, hay poca luz, sombras y oscuridad, una silueta de un hombre que me observa y dos cuerdas que cuelgan del techo, las sostengo cada una con una mano y comienzo a bailar bajo la atenta mirada de ese desconocido, no puedo soltarme de las cuerdas pues miro al suelo y solo hay profundidad, vacío, el hombre que me observa da un paso hacia delante y dice “nunca permitiría que cayeses” “nunca”…



Me despierto bañada en sudor, se perfectamente a quien pertenece esa voz, aunque no he visto su rostro, le reconozco…es él, ahora también en mis sueños.

Es hora de prepararse para ir a trabajar, me doy una ducha rápida y me pongo uno de mis sexys trapitos, mostrando un poco de carne pero nada excesivo.
Llego al local quince minutos antes de mi hora, mi adorado jefe y sí digo adorado aunque suene raro está esperándome, es muy generoso con mi sueldo y me trata estupendamente bien quitándome a babosos y pesados de encima.

A las once y media abrimos las puertas a nuestra audiencia, ya hay cola para entrar, casi todos hombres mayores de treinta, algún grupo de chicos jóvenes y alguna chica a la que le pica la curiosidad.
La primera en hacer su número es Yanela mientras yo voy sirviendo por las mesas contoneándome de la mejor manera que sé para qué me dejen buenas propinas,  faltan cinco minutos para mi número, comienzo a prepararme con mi pelo suelo casi por las nalgas, es muy útil para cubrir mis pechos cuando llega el momento de desprenderme de la parte superior,  la inferior nunca, nunca me la quito.

Comienza mi número y me agarro a la barra, la acaricio de arriba hacia abajo y me agacho para quedar de cuclillas ante la mirada del público, doy una vuelta y comienzo a bailar con ella, es mi pareja cada noche, mi compañera, la seduzco, me deslizo por ella, me subo y una vez que mis piernas están enganchadas me lanzo hacia atrás quedando boca abajo, suelto mis manos y me quito el sujetador, por un momento mis pechos quedan al descubierto, vuelvo a incorporarme y ahora mi pelo cae sobre ellos, los cubre y les invita a pensar en lo que han visto con anterioridad.

Sigo con mi baile y me paro en seco ante una de las miradas, decepción y a la vez deseo, odio pero a la vez anhelo, es lo que veo  en sus ojos… Fabio está en medio del local observándome y su pose y todo él no saben si matarme o follarme en uno de los camerinos.
Levanta un billete de cien euros en una de sus manos ¿pero de qué va? ¿se cree que me vendo por cien euros? Gilipollas, la lleva clara.

Sigo bailando, gateo por el suelo hasta llegar a uno de nuestros clientes me siento y abro las piernas ante él, se le hace la boca agua y cuando intenta tocarme ahí las cierro, intentó escabullirme pero le he provocado demasiado así que me agarra del tobillo impidiendo mi marcha.
Todo pasa demasiado rápido, veo la cara de ese hombre ensangrentada y a Fabio tirando de mí para sacarme del local mientras mi jefe grita ¡Despedida!

Estoy en la calle, casi desnuda y con la feroz mirada de Fabio taladrándome pero sobre todo es un caballero y al ver que me encojo de frío y vergüenza abre la puerta de su coche aparcado frente al local y me invita a entrar, una vez dentro me da una pequeña manta que tiene en su asiento trasero, me cubro y agacho la cabeza avergonzada.

-¿De verdad necesitas hacer eso?- me pregunta-
-Sí, necesito el dinero- respondo sin mirarle a la cara-
-¿Por qué no me lo has pedido?
-¿Cómo? Eres mi profesor…
-¿Y? También soy yo, al que llevas aquí- me clava su dedo índice en el corazón-
-¿Cómo?
-¿Crees que no me he dado cuenta de cómo me miras? Y bueno… ¿Acaso no te has dado cuenta de cómo te trato?...hoy te he seguido, quería, necesitaba decírtelo, llevo seis meses conteniéndolo y  no puedo más, sé que ambos sentimos lo mismo y al verte así, desnuda ante las lujuriosas miradas me has defraudado.
-Lo siento Fabio, lo siento mucho.
-Eres una gran bailarina y ahí estas desperdiciando tu talento, podrías bailar en cualquier otro lugar, hacer lo que te gusta, aquello con lo que disfrutas.
-Con esto también disfruto, me gusta que me miren.
-¿Ah sí? Eres de esas entonces…
-No sé a qué te refieres pero llévame a casa seguro que sabes mi dirección- le acuso-
-No, te voy a llevar a otro sitio, un lugar que te va a encantar según lo que acabas de confesarme.
Opto por callarme y que me lleve donde le venga en gana, no quiero discutir con él, solo quiero que pasen las horas y llegar a casa.
-¿Cuánto hace que no hechas un buen polvo?- me pregunta directamente-
-A ti que te importa.
-Seguro que mucho, si es que has tenido un bueno alguna vez, no te preocupes eso va a cambiar esta noche.
Será creído…
-No voy a acostarme contigo.
-Veremos.
-No hay nada que ver, no lo haré.
-¿Seguro? Al final de la noche me suplicarás que te folle.
-Sigue soñando.
-Vaya carácter, antes parecías mucho más entregada, no será que.. ¿Tengo que sacar de nuevo el billete?
-GILIPOLLAS

Él se carcajea en el coche y me siento idiota porque me contagia su risa, acaba de preguntarme claramente si lo que necesito es dinero para acostarme con él y yo me río, esto no puede ser normal.
Llegamos a un callejón oscuro, una puerta de metal se encuentra justo en su mitad, me bajo del coche con la manta y lo miro pidiéndole una explicación que no llega.
Saca una llave de su bolsillo trasero y abre la puerta, es una sala enorme llena de espejos, como la de mi sueño, oscura y tenebrosa pero a la vez sensual.
Entramos y enciende unos focos dando un poco más de luz.

-Bailemos, quítate la manta.
-No.
-Dame tu mano, déjate llevar, ¿sabes volar?
-No.
-Yo te enseñaré a volar.
Pero que tonterías más grandes está diciendo, ha perdido la cabeza, aun así le doy la mano y dejo la manta caer, mi pelo cubre mis pechos pero de nada sirve igualmente me siento indefensa.
-Bailemos.

Acepto y empezamos a bailar, cuerpo contra cuerpo pero no piel con piel, baja su boca hacia la mía y me besa, le dejo que lo haga, sus labios son dulces nada salvajes y eso me gusta, no solo me siento deseada si no también querida.
Llevo mis manos a su camisa y comienzo a desabrochar los botones, mira mis manos y como lo hago tan despacio se la arranca haciendo que salten todos los botones a nuestro alrededor, ahora bajo hacia su cinturón, se lo quito y una vez lo tengo en mis manos lo coge y me dice:

-Pon las manos en la espalda.

Lo hago aunque no entiendo bien porque, entonces me da la vuelta y me amarra las manos con su cinturón impidiéndome moverlas, impidiéndome acariciarle.

-No vas a tocarme, has dicho que no querías acostarte conmigo ¿verdad?
¡Mierda!
-Si lo he dicho.
-Suplicarás, recuérdalo.
-Me has dicho que  te gusta que te miren y a ti ¿te gusta mirar?
-No sé a qué te refieres.
De repente uno de los cristales se vuelve traslúcido y tras él se ve a dos parejas, una de mujeres y otra de un hombre y una mujer….¿sometiéndose?.. Oh oh, esto a mí no me va… no me gusta el dolor.
-No me gusta el dolor.
-Pero te gusta mirar y que te miren, además no estoy de acuerdo con respecto a lo del dolor, eso es solo una variable solo hay que saber lo que estas dispuesta a soportar.
-No me gusta el dolor.
-Veremos
-Sí que te gusta esa palabrita ¿eh?
-Cállate y mira, obedecer se te da muy bien.

¡GILIPOLLAS! Evidentemente no se lo digo pero no dejo de pensarlo, es gilipollas.
La verdad es que me está excitando mirarles, ver las cosas que hacen, como se comparten y el hombre parece muy experimentado, aunque una de las mujeres también.
Fabio me observa mientras miro y se quita el pantalón, deseo tocarle y empieza a molestarme el dichoso cinturón.

-Recuérdalo, suplicarás.

Me siento como en un cine gigante viendo una película porno de BDSM, nunca pensé que me interesaría esto y mucho menos que me agradaría mirarlo.

-Te gusta, lo sé.
-Sí, no me desagrada.
-¿Quieres palomitas?
-¿Ahora también me lees la mente?
-No, solo que me he preocupado por conocerte lo suficiente y sé cómo piensas.
-Si sabes como pienso, sabrás que nunca suplicaré.
-Como sé cómo piensas, sé que lo harás.

Mil veces ¡GILIPOLLAS! Pero será creído.
Se acerca a mí y vuelve a besarme, no puedo impedírselo porque mis manos siguen atadas pero intento morderte y es él quien agarra mi labio duramente.

-No vuelvas a hacerlo o perderás- me dice sobre mi boca-

Una de sus manos se encuentra sobre uno de mis pechos y me pellizca los pezones y no puedo evitar girar la cabeza para observar a la otra sale, soy una voyeur y me muero de deseo por este gilipollas.
Me baja la braguitas negras y me deja completamente desnuda solo me quedan los zapatos de tacón.
Y mientras observo de nuevo, él sigue acariciándome los pechos y quiero tocarme pero sigo atada, seguro que ese era el plan.
Frustrada y cachonda así me siento y empiezo a dudar de mí, creo que acabaré suplicando.

-Lo harás.
-¿Cómo?
-Suplicarás.
-Pero….
-Solo lo sé.

Vuelve a besarme y ahora baja su otra mano hacia mi entrepierna, empieza a tocarme metiendo un dedo, luego dos y finalmente tres.
Me pellizca los pezones mientras me folla con la otra mano y ambos miramos al cuarto de al lado.

-Esta sala la diseñé yo, la sala de los espejos es mía, me gusta mirar, por eso hice que se creasen otras salas tras ellos, a veces invito a gente de mi circulo a jugar y ellos saben que quizás yo les esté observando, eso les da morbo.
-Ya veo… pero…
-No, ellos nunca saben cuándo yo estoy aquí.
-Hazme tuya.
-Suplica
-Te lo suplico, hazme tuya.
-Sabía que lo deseabas, pero no te quiero solo para esta noche, quiero que seas mía para siempre, te he esperado mucho tiempo.
-Lo seré, hace tiempo que mi corazón te pertenece, hoy te entrego mi cuerpo.
Comenzamos a besarnos y él acaricia mi pelo con la mano que antes tenía sobre mi pecho, la otra sigue en el mismo lugar, escondida en mi profundidad y cuando siento sus dedos penetrándome creo que en cualquier instante voy  a dejarme llevar y cierro los ojos.
-Para, no lo hagas, quiero que sientas esto dentro de ti –se agarra su duro pene-
-Yo deseo sentirlo, mételo en mi interior Fabio.
-Será para siempre.
-Así deseo que sea.

Ambos nos perdemos en la pasión, no es duro pero tampoco suave, se nota que hay cariño, un sentimiento y creo que él no quiere asustarme, aún no estoy preparada para adentrarme de todo en su mundo y lo sabe, por esta noche pase, pero sé que vendrán muchas más, noches en las que me entregaré a él y seré suya, en las que me someterá y me exhibirá.

Y esas noches las compartiré con vosotros así que estad atentos que aquí no acaba esta historia.